Bruselas.— El uso de menores para delinquir, un fenómeno que en el pasado se consideró característico de la estructura criminal de las bandas activas en América Latina, paulatinamente se propaga por Europa.
Las redes mafiosas europeas están empleando menores de múltiples formas, entre otras, para recolectar cocaína en los puertos, como halcones para alertar sobre la presencia policíaca en los barrios o para resguardar drogas en sus hogares sin que se enteren sus familiares.
Uno de los casos más usados para ilustrar este fenómeno en expansión es el puerto de Rotterdam. En 2024 fueron detenidas 266 personas intentando sustraer de manera clandestina drogas de contenedores localizados en la zona portuaria; de ellos, 59 eran menores, equivalente a 22%; el más joven tenía 14 años.
De acuerdo con las autoridades de Países Bajos, el motivo para aceptar este tipo de trabajos suele ser el dinero, aunque el estatus también juega un importante factor. A menudo son chicos vulnerables que tienen deudas, viven en la pobreza o que encuentran inspiración en las redes sociales y las series que glorifican a mafiosos.
Son reclutados de diversas formas. En los barrios ocurre a través de terceros o amigos con “ofertas de dinero fácil”, mientras que en línea, la operación se desarrolla en Snapchat y Telegram. El reclutamiento digital es la táctica más recurrente debido a que reduce el riesgo de una eventual identificación del “cliente”.
El precio a pagar por los jóvenes suele ser alto. A cambio de unos euros en el bolsillo, corren el riesgo de tener antecedentes penales o incluso ir a la cárcel. Tribunales holandeses han emitido castigos de hasta dos años para los que no son primerizos. En los puertos corren un peligro adicional: se sabe de casos de personas que caen desde las alturas sufriendo lesiones graves.
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“No podemos generalizar, pero ciertamente estamos presenciando un fenómeno de reclutamiento de jóvenes. Todavía no son muchos, pero hay reclutamiento. Muchos jóvenes son migrantes aislados, los más vulnerables”, dice a EL UNIVERSAL Alexis Goosdeel, quien dejó el cargo como director de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas, el 31 de diciembre pasado.
“En ocasiones, son utilizados para una actividad ilícita del otro lado de la frontera, aprovechando que somos muchos países en la Unión Europea. Está el caso de Bélgica: de cualquier lugar de partida, en unas dos horas estás en otro país. Esa situación la están explotando”.
De acuerdo con la Policía Federal de Bélgica, en los primeros seis meses de 2025 fueron detenidos en el puerto de Amberes 168 uithalers, de los cuales 37 fueron menores, 22 de ellos procedentes de Holanda, todos reclutados deliberadamente para llevar a cabo trabajos de “alto riesgo”.
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“Estamos viendo movimientos [en las redes delictivas europeas], una tendencia, algo que no existía antes. Hoy lo estamos viendo más, hay más casos y más visibles. Vimos casos en Marsella que atrajeron la atención, aunque insisto, en Europa todavía no es algo generalizado, son todavía una minoría”, advierte Goosdeel.
“Por eso debemos estar preparados. Es importante ver qué es lo que podemos hacer, hay que entender qué es lo que pasa por su mente y cuáles son las alternativas que tenemos o podemos ofrecer. Es un fenómeno nuevo. El desafío es qué es lo que podemos o tenemos que hacer para evitar una generalización”.
Entre los esfuerzos en curso destinados a proteger a los jóvenes de los peligros de la delincuencia relacionada con las drogas está Zwijgrecht, un proyecto educativo diseñado en Holanda en colaboración con el prestigioso Instituto Trimbos. El punto de partida es una película proyectada en colegios y clubes deportivos. Tras la exhibición, profesionales en el ámbito de la salud y la juventud reflexionan sobre escenas de la película.
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Pero más que una charla informativa, los expertos tienen la encomienda de descubrir talentos entre los presentes para facilitar su desarrollo, crear experiencias positivas y expectativas de futuro.
En Irlanda, la Universidad de Limerick implementa el programa Futuros Seguros. Con un presupuesto de 140 mil euros, un grupo de estudiosos trabaja para identificar enfoques prometedores, oportunidades y obstáculos para la realización de intervenciones destinadas a prevenir el reclutamiento y la participación de los jóvenes en los mercados europeos de drogas. Los resultados deberán estar listos a finales de 2026.
En Francia también hay esfuerzos por atender el desafío que supone la participación de menores en el tráfico de drogas.
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La situación ha ido escalando en los últimos años: en 2024, 61% de los condenados por delitos relacionados con las drogas en Francia tenían entre 15 y 25 años.
De acuerdo con Misión Interministerial de Lucha contra las Drogas y las Conductas Adictivas (MILDECA), los sistemas criminales que operan en las ciudades más desfavorecidas y vulnerables, como París, Marsella y Nantes, están basados en el reclutamiento y explotación de jóvenes vulnerables.
La edad media de los “pequeños ayudantes” ronda entre los 15 y 16 años, aunque a veces hay de 10 años. Son atraídos por el crimen organizado para realizar tareas pequeñas del narcotráfico, como vigilar, alertar a cómplices, gestionar la venta ilegal en las calles y la entrega de drogas.
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La mayoría son hombres, acumulan vulnerabilidades como pobreza, dificultades familiares y sociales, abandono escolar prematuro; provienen de familias disfuncionales, con padres solteros, principalmente madres, o son criados por los servicios sociales.
Por lo regular, crecen en los vecindarios más pobres de las urbes y regularmente experimentan un sentimiento de exclusión y discriminación.
MILDECA afirma que es ese sentimiento de falta de reconocimiento y de fracaso lo que lleva a algunos a buscar una membresía en un clan delictivo, es ahí en donde piensan encontrar el camino a ser parte de algo y ser alguien.
Al final —sostiene— los jóvenes terminan siendo “esclavos” y atrapados en una espiral de endeudamiento de la que no pueden salir.
Como respuesta, MILDECA implementa desde 2020 un programa dirigido a ofrecer alternativas a los chicos en aprietos. Conocido como Limits (Limitar la implicación de los menores en el tráfico de estupefacientes), tiene como punto de partida el desmantelamiento de la red delictiva con la intervención policiaca y la eliminación de los puntos de venta en las calles. Con la movilización de todos los actores locales, la autoridad busca combatir los estereotipos asociados a la delincuencia, acabar con el sentimiento de impunidad, generar alternativas para eliminar el sentimiento de aburrimiento, discriminación y frustración, y crear situaciones en las que se les haga ver que hay formas de salida del círculo criminal y es posible tener una vida pacífica.
Entre 2024 y 2025, el programa fue ampliado a 30 zonas metropolitanas y tres prefecturas. Ahí se aplica a partir de un documento de referencia, una herramienta pragmática en la que se mencionan las buenas prácticas, pero también los riesgos y dificultades de implementación.
En Suecia se ha vuelto también una prioridad el combate al reclutamiento de menores. El enfoque es una política de colaboración entre la policía, la justicia, las escuelas, los servicios penitenciarios, el ayuntamiento y los numerosos actores sociales con presencia en las calles.
La estrategia conocida como Intervención contra la Violencia Grupal (GVI) persigue, entre otros, facilitar la salida de los jóvenes del control de las redes. El programa arrancó en 2018 en el municipio de Malmö, epicentro de violencia callejera, y desde 2021 se ha extendido a varias localidades.
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