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Los italianos se manifestaron ayer —a una semana de las elecciones— contra el racismo, la reactivación del fascismo, las reformas laborales, y otros temas candentes de debate, en algunos momentos chocando con la policía, mientras se agudiza el antagonismo entre activistas de extrema izquierda y de extrema derecha en una campaña electoral violenta.
En el último fin de semana para los mítines políticos previos a los comicios nacionales del 4 de marzo, miles de personas salieron a las calles en varias ciudades italianas.
En Roma, una manifestación antifacista congregó a unas 25 mil personas, estimaron los organizadores. La Asociación Nacional de Partisanos y otras 20 organizaciones se manifestaron con el lema “Nunca más fascismo, nunca más racismo”.
Entre los participantes estuvieron el primer ministro Paolo Gentiloni y su antecesor Matteo Renzi, ambos socialdemócratas. Al otro lado de la ciudad, otra marcha protestó contra los cambios laborales del gobierno que facilitaron el despido de los trabajadores. El ministro de Justicia Andrea Orlando advirtió que el fascismo “es un peligro en Italia y Europa... Y también es peligrosa la subestimación de este fenómeno”.
En Milán, el líder del partido ultraderechista La Liga (antes Liga Norte), Matteo Salvini, llenó la Piazza del Duomo con un acto.
Salvini, quien concurre junto a Silvio Berlusconi en una coalición de derechas que los sondeos dan por ganadora, pero sin mayoría, pronosticó que su partido será la fuerza de derecha más votada, y por ello escenificó su hipotética designación como primer ministro.
A pocos metros de distancia, ante el castillo Sforza, la formación neofascista CasaPound celebraba un acto electoral, y en una calle adyacente la extrema izquierda se concentraba para denunciar la presencia de esta ideología en la ciudad. Los activistas antifascistas fueron retenidos en la vía La Foppa, lo que derivó en tensión con los agentes y lanzamiento de gases lacrimógenos.
En Palermo se temían enfrentamientos entre manifestantes de derecha y de izquierda en torno a una marcha del movimiento de extrema derecha Forza Nuova, dado que el pasado martes fue atado de pies y manos y agredido el dirigente ultraderechista Massimiliano Ursino.
Los italianos votan un nuevo Parlamento el 4 de marzo, pero aún no está claro si alguna coalición o partido conseguirá una mayoría suficiente para gobernar. Según las últimas encuestas, la alianza de centro-derecha en torno al ex primer ministro Silvio Berlusconi y La Liga de Salvini suma 36% de la intención de voto. El partido más fuerte en solitario es por ahora el populista Movimiento Cinco Estrellas, con 28% de intención de voto. El Partido Democrático de Gentiloni podría lograr 23%.
Frente al repunte de la ultraderecha, la campaña tomó un giro violento el 3 de febrero, cuando un hombre italiano hirió a seis migrantes africanos en Macerata.
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