Los desafíos del nuevo gobierno de España

Los socialistas llegan al poder con múltiples obstáculos pero en un clima de regeneración tras los años de corrupción y degeneración institucional
01/06/2018
12:40
Jerónimo Andreu / Corresponsal
Madrid
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El socialista Pedro Sánchez tomará posesión de su puesto de presidente de España este sábado tras el terremoto político que supuso hoy la remoción del conservador Mariano Rajoy.

El Partido Socialista (PSOE) tiene sólo 84 diputados de los 350 posibles en el Congreso de los Diputados. Es por ello que su posición resulta muy débil. Para llegar al poder se ha apoyado en otros siete partidos de ideologías e interese muy diversos, unidos por el propósito de dejar atrás los años de corrupción, pero que intentarán presionar a Sánchez para lograr sus objetivos particulares.

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Entre estos apoyos, el más delicado es el de los dos partidos independentistas catalanes, Esquerra Republicana y el PDeCAT de Carles Puigdemont. Mañana sábado el gobierno de Cataluña toma posesión, y con eso debería levantarse el artículo 155 que permite a Madrid mantener el control de la autonomía. Sin embargo, eso no terminará el tira y afloja entre el gobierno central y el de Barcelona. Quedan pendientes puntos clave, como la devolución de la autonomía económica a Cataluña, o la presión que ejerce el gobierno en los fiscales para que pidan mantener en la cárcel a los políticos encausados por la intentona independentista del pasado octubre.

Los críticos con la moción de censura temen que los partidos catalanes intenten ahora presionar a Sánchez para que favorezca sus intereses.

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El PSOE, que quiere gobernar en solitario, deberá hacerlo con los presupuestos aprobados la semana pasada por el Partido Popular de Rajoy con el apoyo del Partido Nacionalista Vasco. Sánchez se lo prometió así a los vascos para lograr sus votos en la moción de censura.

Esto restará capacidad de iniciativa al PSOE y le impedirá ejecutar muchas de las medidas sociales que incluye su programa. Esa falta de implicación social le ocasionará problemas con Podemos, el otro gran partido de izquierdas de España, que presionará a los socialistas para diferenciarse y conseguir mejores políticas de ayuda a las clases medias y bajas.

Pero el problema no estará sólo en el lado de los socios. Los dos enemigos naturales del PSOE también se lo pondrán difícil. El PP se encuentra muy herido tras perder el poder, pero sigue siendo la formación con más diputados (137), tiene mayoría en el Senado y controla las mesas del Parlamento, encargadas de tramitar o retrasar la aplicación de las leyes. Se prevé que la oposición contra el PSOE sea férrea, como han adelantado ya sus primeras críticas al “gobierno Frankestein”, como denominan los populares a la unión de ocho partidos en la que se apoya Sánchez.

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Igualmente ocurrirá con Ciudadanos, el partido emergente en España. Los liberales de Albert Rivera quieren un adelanto electoral para sacar provecho de la ventaja que le dan las encuestas. El discurso de Rivera contra Sánchez fue de los más duros de la moción de censura, acusándolo de echarse en los brazos de los independentistas catalanes para cumplir sus sueños de poder.

En el entorno mediático, Sánchez no lo tendrá tampoco fácil. La prestigiosa analista política del diario El Mundo Lucía Méndez, recordaba hoy la falta de apoyos del socialista dentro de la prensa. “La unánime hostilidad con la que todos los periódicos de papel editados en Madrid reciben a Pedro Sánchez como presidente sólo tiene un antecedente: Adolfo Suárez”, dijo en Twitter, recordando la llegada al poder en 1976 del presidente de la Transición tras el franquismo. Tanto El País como El Mundo, ABC o La Razónhan sido tremendamente hostiles con la llegada de Sánchez al poder y piden unas nuevas elecciones que favorecerían a Ciudadanos.

Sánchez también sabe que tendrá que hacer un gran esfuerzo para calmar a sus socios europeos. Rajoy, pese a su falta de iniciativa, era apreciado por la Unión Europea y por la alemana Angela Merkel gracias a su carácter de socio fiable y disciplinado. Entre las escasas iniciativas que le permitirían a los socialistas los presupuestos ya cerrados, se esperan algunos aumentos de gastos sociales en los grupos ciudadanos más vulnerables (rentas bajas, mujeres y pensionistas) y en apartados como la investigación científica o las energías renovables que implicarían un mayor endeudamiento de España. Europa no aprecia estas salidas del guion de la austeridad. Así se espera que se lo hagan saber pronto desde Bruselas al nuevo presidente.

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A esto se añade que el sur de Europa es el foco ahora de la atención de los mercados. La inestabilidad en Grecia y, sobre todo, en Italia, ha alimentado el miedo a una nueva crisis del euro. Una de las prioridades del gobierno de Sánchez será evitar que España se contagie de esa inestabilidad y sea percibida como otro socio problemático.

A pesar de estos obstáculos, el gobierno de Sánchez ha generado una corriente de alivio en España. En los dos años de legislatura del PP sólo salieron cinco leyes adelante y la impresión de estancamiento político era total. Además, la corrupción había favorecido una gran desconfianza en las instituciones, y el intento de resolver la crisis catalana sólo mediante la vía judicial parecía haber encallado tras la negativa de Alemania de extraditar a Carles Puigdemont por un delito de rebelión.

Los socialistas han asegurado que su prioridad es cambiar esta dinámica: apostar por una política más dialogante con los nacionalistas, regenerar las instituciones para terminar con la impresión de podredumbre, y recuperar las políticas sociales como bandera.

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Se esperan pequeños detalles como primeras medidas. Por ejemplo, derogar la llamada “Ley Mordaza”, que restringe la libertad de expresión, relanzar la Ley de independencia (para la atención de ancianos y enfermos), un mayor acento en las políticas de igualdad (comenzando por un gobierno paritario de hombres y mujeres, y siguiendo por una política de igualación salarial para las trabajadoras).

Un claro símbolo de esta nueva etapa será el proyecto de modificar el sistema de nombramiento del director de la Radiotelevisión Española (RTVE). El presidente saliente, José Antonio Sánchez, ha causado enormes protestas entre los trabajadores de por la manipulación de los informativos a favor del PP. El máximo dirigente de RTVE también admitió estar dentro de los papeles que prueban los sobresueldos ilegales de miembros del PP. En México se lo recuerda por decir que la conquista de América fue “evangelizadora y civilizadora”, o que “lamentar la desaparición del Imperio azteca es como mostrar pesar por la derrota de los nazis en la II Guerra Mundial”. Por esas y otras razones, una mayoría ciudadana no lo considera apto para el cargo y ha expresado en numerosas ocasiones que sus formas pertenecen a una época que España debería dejar atrás.

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