Bruselas.— La Organización de las Naciones Unidas (ONU), el organismo diseñado para velar por el interés colectivo, arrastra una crisis de liquidez que resulta insostenible y pone en grave peligro su capacidad para servir al mundo.
La situación se ha deteriorado a tal nivel que Catherine Pollard, secretaria general adjunta de Estrategias, Políticas y Conformidad de la Gestión en la ONU, reportó el mes pasado ante el Quinto Comité de la Asamblea General que se enfrentan a un colapso financiero inminente en agosto si los Estados parte siguen sin pagar sus cuotas.
“El saldo de caja actual sólo es suficiente para cumplir con las obligaciones legales hasta mediados de agosto”, aseguró en la sesión del 7 de mayo.

Pollard afirma que los pagos no llegan o lo hacen con demora. La recaudación del primer trimestre fue de 52% en 2024, descendió a 40% en 2025 y volvió a aumentar a 46% en 2026. Para el segundo trimestre, la recaudación fue de 76% y de 52% en 2024 y 2025. Los años fiscales cerraron juntando 102.9% y el 76.7%, respectivamente.
La recaudación en 2025 fue la más baja de los últimos siete años y condujo a la ONU a terminar con un nuevo récord de facturas vencidas, equivalente a mil 570 millones de dólares. Abril del año en curso cerró sumando 51.4% de las cuotas. Si bien representa una ligera mejora frente a 50.5% del año precedente, Pollard estima que la recaudación para todo el año será sólo de 91.1%.
“Como hemos señalado en varias ocasiones en los últimos años, la previsibilidad en cuanto al calendario y el importe de los ingresos es fundamental para gestionar las salidas de efectivo de la organización y planificar el gasto de forma adecuada y segura, sin riesgo de impago.
“Por ello, instamos a los Estados miembros a que se comprometan a pagar antes y a que comuniquen sus planes de pago lo antes posible. Cuanta más seguridad tengamos respecto a los cobros, mayor será nuestra capacidad para comprometer fondos cuando los necesitemos para la ejecución de los programas”, apuntó.
Hasta el 29 de mayo, 111 Estados miembros habían abonado íntegramente sus cuotas al presupuesto ordinario, desde los 31 mil dólares aportados por Cabo Verde y Bután, hasta los 182 millones y 125 millones de Alemania y el Reino Unido. El problema radica en que entre los deudores figuran los dos mayores contribuyentes a las arcas de la organización, EU y China, que conjuntamente cubren 42% del presupuesto anual. Al 30 de abril, EU adeudaba 2 mil 37 millones de dólares (incluyendo atrasos), mientras que Beijing, 429 millones. Otros contribuyentes importantes que aparecen en la lista de morosos son Japón, con 152 millones de dólares; Arabia Saudita, con 35 millones, y México, con 33 millones. En total, los pagos pendientes de 79 países ascienden a 2.8 millones de dólares. “La aplicación plena y eficaz de nuestro programa de trabajo depende del apoyo financiero de los Estados miembros, mediante la aprobación de presupuestos realistas y el pago puntual de las contribuciones, a fin de garantizar una situación financiera estable y previsible”, insiste Pollard.
La crisis del dinero de la ONU no es algo abstracto, tiene consecuencias directas en millones de personas en todo el mundo. Entre los más afectados por la situación financiera se encuentran las misiones de paz y los tribunales internacionales. Los aparatos diseñados para impartir justicia y acabar con la impunidad registran un hueco financiero por 91 millones de dólares. Las deudas incluso se remontan a las épocas de los tribunales para la ex-Yugoslavia y Ruanda, que cerraron en 2017 y 2015. La situación es igualmente crítica en el rubro de las operaciones de mantenimiento de paz, que acumulan una deuda de 2 mil 800 millones de dólares. La ONU reporta que es muy probable que los cascos azules cierren el ejercicio fiscal en una situación financiera mucho peor que la del año pasado.
La misión establecida en 2014 para estabilizar la República de África Central (MINUSCA) y la desplegada en Sudán del Sur (UNMISS) desde 2011 acumulan los mayores rezagos financieros, 706 millones y 610, respectivamente.
Los mecanismos de derechos humanos también están padeciendo los impactos de la crisis de liquidez y los recortes presupuestarios relacionados con la iniciativa bautizada como UN80. Los distintos servicios internacionales de derechos humanos han reducido a la mitad las visitas a los países y más de un tercio las sesiones de trabajo en el ámbito de las desapariciones forzadas, la discriminación contra la mujer, los derechos de los campesinos y la actividad de los mercenarios. También se han visto afectados los mecanismos de investigación, incluyendo los diseñados para Siria, Birmania y Afganistán. Por ejemplo, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado no ha podido cumplir con su mandato de informar sobre la transferencia y venta de armas, municiones, piezas, componentes y productos de doble uso a Israel. Para la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, la austeridad en el presupuesto se traducirá este año en la aniquilación de 117 puestos.
“Las decisiones económicas tomadas por los Estados, ya sea actuando solos o como miembros de instituciones financieras internacionales, deben cumplir con sus obligaciones internacionales de derechos humanos, incluso en épocas de crisis económica”.
“Los Estados están obligados a gestionar sus asuntos fiscales y a adoptar políticas económicas a fin de garantizar el respeto, la protección y el cumplimiento de todos los derechos humanos”, reza un comunicado de la principal entidad de la ONU en el ámbito de las garantías individuales.
La administración del presidente Donald Trump ha dicho que cumplirá con sus obligaciones en virtud de los tratados internacionales, pero impone condiciones antes de saldar los adeudos.
De acuerdo con notas diplomáticas, la Casa Blanca exige reformas exprés y a la carta. Entre otros, demanda reformar el sistema de pensiones, reducir puestos de alto nivel y la supresión de los viajes en clase business para algunos funcionarios. También demanda una reducción de 10 % en las misiones de mantenimiento de la paz, las cuales no son de la simpatía de Trump, que prefiere lo que describe como “soluciones rápidas”.
“Aunque la ONU ya se ha enfrentado a dificultades financieras en el pasado, las circunstancias actuales son totalmente diferentes”, afirma el secretario general António Guterres. “Esta distinción es importante porque la crisis no es simplemente un problema temporal de liquidez, sino un colapso estructural del compromiso de la comunidad internacional con la financiación del sistema multilateral”, señala el think tank International United Nations Watch.
La instancia sostiene que la solución a los problemas financieros de la ONU requiere de voluntad política que, al menos por ahora, parece no existir, concretamente por parte del gobierno de EU. “China no ha amenazado abiertamente con retener fondos destinados a la ONU, pero sigue teniendo atrasos en el pago de sus cuotas a la organización. Los esfuerzos del gobierno estadounidense por reducir el poder financiero de China implican que la resolución de la crisis tendría que tener en cuenta problemas más amplios en las relaciones entre EU y China en el contexto de la ONU”, dice el reporte.
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