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Raymond Leo Burke, cardenal de 76 años, no sólo es reconocido por sus posturas ultraconservadoras y su abierto enfrentamiento con el fallecido pontífice Francisco, sino por su apoyo incondicional al presidente estadounidense, Donald Trump, quien a su vez ha manifestado que Burke es su "gallo" para sustituir al jerarca argentino.
Burke apoyó a Trump desde su campaña en 2016, señalando que el republlicano era un defensor de los valores de la Iglesia y estaba en contra del aborto. El respaldo se mantuvo intacto a pesar del negacionismo del mandatario frente a la pandemia de Covid-19 y después del asalto al Capitolio, en 2021, atizado por el mandatario.
En cambio, desde que Francisco asumió su papado, en 2013, Burke le declaró la guerra y encabezó la rebelión ultraconservadora contra el Pontífice.
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Ordenado en 1975, Burke, quien estudió Filosofía en Washington y Teología en Roma, no sólo se opone a la posibilidad de las uniones de parejas homosexuales, a los matrimonios de divorciados vueltos a casar, a dar más poder a las mujeres en la Iglesia o a cualquier reforma en la Iglesia. Incluso defiende la necesidad de regresar a la misa en latín, con el sacerdote de espaldas a los fieles, y busca borrar de tajo las reformas del Concilio Vaticano II.
Burke es la antítesis de Trump no sólo por sus ideas, sino también por su estilo. El originario de Wisconsin, nacido en 1948, es un defensor de los privilegios, amante de los lujos.
Arzobispo en St. Louis, fue prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica en el Vaticano y el papa Benedicto XVI lo nombró cardenal.
Con el apoyo no sólo de Trump, sino de figuras como Steve Bannon, Burke se enfrentó a Francisco y enfrentó las consecuencias.
Tras acusar de herejía a Francisco, éste lo acusó de "minar la unidad de la Iglesia" y le retiró los privilegios relacionados con su cargo como prefecto y como patrono de la Orden de Malta. Le redujo el salario, le aumentó el alquiler del departamento que ocupaba en la Via della Conciliazione y tuvo que abandonar la Congregación para los Obispos. En otras palabras, sufrió un destierro simbólico.
Sin embargo, Burke se mantuvo firme y usó redes ultraconservadoras, con el apoyo de Bannon, para seguir atacando al Pontífice. Aunque expertos ven muy poco probable que se convierta en el nuevo Papa, no sólo porque es una figura divisiva, sino por ser de Estados Unidos y tener el apoyo de Trump, lo que rompería el equilibrio de poder, Burke no cesa en su empeño de devolver a la Iglesia siglos atrás.
apr
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