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Nueva York.— El Chapo conoció ayer a El Chapo. Alejandro Edda llegó temprano a la sala donde se celebra el juicio contra Joaquín Guzmán Loera, en Nueva York. Nervioso, sólo pudo mantener su anonimato unos minutos, hasta que alguien le identificó. Edda es el actor que da vida al capo sinaloense en la serie Narcos, de Netflix.
“Estoy un poco nervioso”, confesó el actor ya en la sala, sentado en la segunda fila de los asientos reservados al público. Cuando El Chapo entró, vestido de traje azul oscuro, todas las miradas se concentraban en el intercambio entre ambos hombres. “Es surreal”, suspiró el actor, casi temblando, las manos no le pararon de sudar.
Edda viajó desde las costas de Jalisco para ver al capo en directo y para poder empaparse de su “gestualidad”. Cuando Guzmán se sentó en la silla reservada para él, con los alguaciles detrás vigilándolo, uno de sus abogados se le acercó y le comentó que el joven de pelo rizado y chaqueta azul era un actor que le interpretaba en una serie de éxito. La sonrisa de El Chapo fue instantánea, incapaz de ocultar la alegría y sorpresa.
Edda se levantó, para que el capo le viera, como si buscara aprobación. El Chapo levantó la mano a modo de saludo, en un gesto que bien podría ser una bendición. Edda asintió con la cabeza, entre temeroso y respetuoso. “Me ha dicho que esperaba que fuera más alto”, dijo, entre bromas, William Purpura, uno de los abogados de Guzmán. En los pasillos, el actor pudo saludar a Emma Coronel, la esposa del capo.
Edda estuvo atentísimo a lo que ocurría en la sala, sorprendido por la concentración del capo durante los interrogatorios y el proceso judicial. “Vengo a empaparme y a aprender”, dijo el actor, quien a ratos apuntaba en un papel, e incluso pidió prestados unos prismáticos para no perderse nada del hombre que interpreta.
“Me fijo en sus maneras, en su mirada, en cómo se toca la cara, sus facciones”, apuntó. Añadió: “Me ha aportado mucho la experiencia”.
Originario de Puebla, el actor mexicano tiene sentimientos encontrados sobre el narcotraficante: “Es una espada de dos filos”, dijo debatiéndose entre las “cosas malas” que ha hecho y la ayuda que dio a comunidades.
“Hay muchas, muchas cosas horribles que hizo”, dijo a la hora del almuerzo, en una rueda de prensa improvisada, cuando su fama era ya inevitable —e incluso le dejó sin comer durante todo el día, urgido por no perder ni un minuto de su estancia en la corte para ver cómo se mueve e interactúa El Chapo.
A pesar de eso, también considera que Guzmán es sólo “la cara” de un problema que sobrepasa el “personaje” de El Chapo. Señaló que es necesario poner el énfasis en todos los factores de la lacra del narcotráfico. Empezando, por ejemplo, en los consumidores, especialmente en EU, o “los criminales con trajes de 3 mil dólares” que siguen libres.
El sueño de Guzmán siempre fue hacer una película de su vida, incluso siendo él el director. Ayer, entre bromas, los abogados comentaban qué actores podían interpretarles. Eduardo Balarezo, un ecuatoriano fortachón, pidió a George Clooney; William Purpura, el más clásico y elegante del equipo defensor, se quedó con Al Pacino; Jeffrey Lichtman dijo que Danny DeVito, y despertó las carcajadas de los que le escucharon.
“Estamos viendo historia”, dijo Edda, sin contener su emoción. Una de las artistas que hace los dibujos en la corte incluso le regaló un retrato, para ilustrar el día en el que El Chapo de Netflix conoció a El Chapo de Sinaloa.
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