Bruselas.— Una de las narrativas más divulgadas por la propaganda rusa dice de manera reiterada que las sanciones de castigo por invadir no están funcionando y no han podido doblegar la nacional.

Si bien es difícil conocer con exactitud el estado de salud de la economía rusa por la falta de transparencia y el manejo de cifras maquilladas, lo cierto es que, a pesar de las más de 25 mil sanciones individuales implementadas por los distintos aliados de Ucrania, la Federación Rusa ha sido capaz de continuar la mayor guerra presenciada por los europeos desde la Segunda Guerra Mundial.

La maquinaria de guerra sigue aceitada. Por ejemplo, en febrero golpeó las infraestructuras de transporte y energía con un número récord de misiles balísticos, informó en su momento el presidente ucraniano Volodimir Zelensky.

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Desde el inicio de la invasión de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, la economía rusa ha experimentado un crecimiento vertiginoso y, para muchos, inesperado. Luego de sufrir una caída del PIB de 1.4% en 2022, siguieron dos años de sólido crecimiento, 4.1% en 2023 y 4.3% en 2024. El rublo también ha tenido una evolución para muchos sorpresiva. El año pasado se convirtió en una de las divisas de mayor rendimiento en el mundo, pasando de 102 rublos por dólar en enero a 75 rublos en febrero de 2026, de acuerdo con el Banco de Rusia (BoR).

Marek Dabrowski, investigador del Bruegel, think tank con sede en Bruselas especializado en asuntos económicos, identifica cinco factores que explican por qué la economía rusa ha mostrado enorme capacidad de resistencia frente a los costes de la guerra y las amplias sanciones económicas y financieras impuestas por la coalición de países occidentales.

La economía rusa logró rápidamente adaptarse a las nuevas condiciones comerciales y financieras, conservando suficiente flexibilidad macroeconómica; Moscú preparó su economía para una confrontación geopolítica con Estados Unidos y la UE al menos desde la anexión de Crimea, en 2014, y las sanciones no han tenido el impacto esperado debido a limitaciones geográficas —sólo cubren alrededor de la mitad del PIB mundial—. Otro factor es que tanto el gobierno federal como el BoR han demostrado una gran capacidad de gestión de crisis en el ámbito económico y financiero, al tiempo que la represión política y el monopolio de la información han ayudado al régimen, al menos temporalmente, a neutralizar la posible oposición a la guerra y las medidas de austeridad asociadas.

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Cuatro años después de haber iniciado la guerra, Dabrowski considera que los costes fiscales y asociados están poniendo en peligro la estabilidad macroeconómica y financiera; la inflación supera con creces el objetivo del Banco de Rusia, y la economía se desaceleró en 2025 debido a la bajada de los precios del petróleo, las limitaciones de capacidad y el sobrecalentamiento macroeconómico.

Pero considera que son situaciones que el gobierno ruso puede por ahora manejar debido a que cuenta con reservas fiscales, puede aumentar el endeudamiento interno y subir aún más los impuestos no relacionados con los hidrocarburos. “Sin embargo, todas estas medidas de ajuste fiscal tienen sus límites. Incluso en el entorno político interno altamente represivo.

“A largo plazo, las perspectivas para la economía rusa parecen bastante sombrías. Aparte del impacto negativo de las tendencias demográficas y la disminución prevista de la demanda mundial de recursos hidrocarburos, la guerra en Ucrania, las sanciones internacionales asociadas y las contramedidas rusas, así como una política exterior ampliamente antioccidental, limitarán el potencial de crecimiento de Rusia.

Clientes, en un supermercado del centro comercial Aviapark de Moscú, el 11 de febrero pasado. Foto: Hector Retamal / AFP
Clientes, en un supermercado del centro comercial Aviapark de Moscú, el 11 de febrero pasado. Foto: Hector Retamal / AFP

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“El deterioro del clima empresarial y de inversión, un efecto secundario de la lógica de la economía de guerra y del creciente autoritarismo político, tendrá un impacto negativo adicional. Sin embargo, el presidente ruso Vladimir Putin y su entorno parecen ignorar estas preocupaciones de desarrollo a largo plazo, dando prioridad a la movilización de recursos para continuar con la guerra”.

¿Y Ucrania?

La ayuda extranjera ha sido esencial para que Ucrania pueda cumplir con sus desafíos macroeconómicos generados por la agresión rusa. Desde el año pasado, lo que parecía algo garantizado, la ayuda incondicional de Washington, dejó de serlo. Desde el cambio de mando en la Casa Blanca, Ucrania enfrenta el peligroso desafío que supone la disminución de la ayuda económica y militar recibida por Estados Unidos, que bajo el mandato del presidente Donald Trump, llega de manera condicionada. Esto plantea problemas para el ejército y la economía, además de que somete al gobierno ucraniano a dilemas muy dolorosos para su población. El país también sufre una importante escasez de mano de obra por la movilización armada. A finales de 2024, 74% de los empleadores reportaron déficit, especialmente en sectores que requieren una alta especialización y conocimientos de idiomas extranjeros.

La guerra ha causado inmensos daños a la infraestructura. La Kyiv School of Economics estimó a principios de 2025 el nivel de destrucción relacionada con la guerra en 170 mil millones de dólares, de los cuales 60 mil correspondían a vivienda, 38 mil 500 a transporte y 14 mil 900 a sistemas estratégicos. Las necesidades totales de reconstrucción de Ucrania hasta ese momento ascendían a 524 mil millones de dólares, reportó el Banco Mundial. A esto se suman los costos de la movilidad forzada provocada por el avance de las fuerzas rusas; 3.7 millones de desplazados internos y 6.9 millones de refugiados en el extranjero.

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Pese a circunstancias extraordinarias extremadamente difíciles, Ucrania ha logrado adaptarse, haciendo de la micro, pequeña y mediana empresa la columna vertebral de la economía. Según la plataforma de análisis VoxUkraine, representan 99.98% de todas las personas jurídicas y los empresarios individuales, generan aproximadamente 64% del valor añadido y proporcionan 74% de los puestos de trabajo en todo el país.

Esto ha sido posible gracias a una estrategia gubernamental que incluye préstamos y subvenciones, programas para la reubicación de empresas fuera de las zonas de combate, digitalización y promoción del desarrollo profesional. La educación emprendedora se ha convertido en una de las áreas más dinámicas del país. El gobierno prevé que para 2027 más de 1.7 millones de personas hayan completado cursos sobre emprendimiento, capacitación digital y comercio exterior.

De acuerdo con un análisis en el que participa Torbjörn Becker, director of the Stockholm Institute of Transition Economics, cuatro años después de la agresión externa, la economía de guerra ucraniana enfrenta retos fundamentales: limitada capacidad productiva y generación energética; enorme déficit fiscal; y una balanza comercial externa profundamente desequilibrada. Para superarlos, la ayuda exterior debe continuar. Ante el ambivalente comportamiento de la administración Trump, la responsabilidad recae en Europa.

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Según el análisis en el que participa Becker, Europa debe entender que los costes puramente económicos de una victoria rusa serán mucho mayores comparados con el nivel de apoyo que actualmente requiere Ucrania para evitar la capitulación.

“En resumen, el multiplicador de las inversiones destinadas a derrotar la agresión rusa puede llegar a ser de hasta 10. Es decir, cada euro invertido hoy en Ucrania supondrá un ahorro de 10 euros para la UE en el futuro. Un apoyo decisivo a Ucrania puede evitar un desastre geopolítico histórico en Europa y más allá, pero incluso en términos estrictamente económicos, es la mejor inversión que puede hacer la UE”, sostiene el estudio en el que además contribuye Barry Eichengreen, profesor de la Universidad de California, Berkeley.

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