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Washington.— Esta semana se cumplían ocho años del día en el que Barack Obama, exasperado por la incapacidad del Congreso de dar respuesta a las decenas de miles de jóvenes dreamers, impulsaba con una orden ejecutiva el programa DACA, un parche al caótico e ineficiente sistema migratorio de Estados Unidos, para proteger a aquellos jóvenes indocumentados llegados en la infancia.
La de los soñadores es una batalla larga, incesante. Desde hace dos décadas ha habido varios intentos de congresistas que han impulsado propuestas legislativas para regularizar su situación, sin éxito. Y eso que la causa de los dreamers es totalmente bipartidista y genera un inusual consenso casi unánime en todo el país.
Según una encuesta de Político de hace un par de días, 78% de los estadounidenses están a favor de, al menos, darles protección estable y residencia permanente, incluidos 68% de votantes republicanos y 69% que dijeron haber votado por Trump en 2016. La gran mayoría de éstos incluso apuestan porque haya un camino viable que pueda llevar a los dreamers a conseguir la ciudadanía.
Unas cifras parecidas a las del sondeo de Pew Research, que resolvía que 74% de los estadounidenses quiere que el Congreso genere una ley que les dé estatus legal.
Pero los esfuerzos han sido en vano. Es más: los dreamers se habían convertido en peones políticos usados por los partidos para su beneficio. Trump vio en ellos una moneda de cambio que además impulsaba sus deseos antiinmigrantes. Intentó meterlos en un paquete de negociación para conseguir fondos para su muro prometido en la frontera con México, sin llegar nunca a buen puerto. Desde septiembre de 2017, cuando el presidente cumplió su promesa de empezar a desvalijar el DACA, los casi 650 mil jóvenes con DACA empezaron a vivir en angustia permanente.
Mientras, la Casa Blanca seguía intentando ganar puntos políticos con su situación, trabajando tras las bambalinas (con el yerno presidencial Jared Kushner al frente) en un paquete de reforma migratoria que usaba —como es habitual— la situación de los soñadores como pieza de cambio para otros intereses más importantes para los republicanos.
La resolución del Supremo es un alivio, si bien parcial y temporal. El gobierno de Trump podría volver a intentar fulminar el DACA en cualquier momento, aunque hay dudas sobre si tendría tiempo de hacer algo y que le diera rédito electoral, a cuatro meses de las elecciones.
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