La presión del gobierno de Donald Trump sobre México para que “haga más” en contra del tráfico de drogas no para de crecer, junto con la amenaza de lanzar acciones unilaterales contra el narco en suelo mexicano.
Diego Marroquín Bitar, miembro del Programa para las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) advierte, en entrevista con EL UNIVERSAL, que habrá “mucha más presión para que haya operaciones conjuntas” en territorio mexicano. También crece el reclamo para que México “muestre materialmente que está tratando de desmantelar estas estructuras híbridas entre gobierno y narcotráfico. Es decir, que vaya tras políticos o funcionarios públicos que tienen vínculos o que forman parte de esas organizaciones. Es algo muy delicado, pero creo que es la siguiente frontera”.
Con tantos frentes abiertos con Estados Unidos, y en un año de revisión del T-MEC, con un gobierno de EU para el que seguridad y comercio van de la mano, Marroquín advierte que “el apoyo al régimen cubano es tener un flanco abierto que no le retribuye nada a México” y un “gesto ideológico que nos puede salir muy caro”.
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Latinoamérica vive momentos convulsos, agravados por el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. ¿Cómo leer la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la alianza forjada entre Trump y el chavismo?
—Estados Unidos ha retomado esta Doctrina Monroe, donde se declaran esferas de influencia, en donde Estados Unidos prioriza su propio hemisferio y deja a otras potencias hacer lo que quieran en sus propias esferas de influencia.
La primera evidencia que vimos fue el actuar de la administración en el Caribe, con todos los ataques a los submarinos y a otras embarcaciones que supuestamente llevaban drogas a Estados Unidos, sabiendo que la mayoría de las drogas que llegan a Estados Unidos no vienen de Venezuela, sino de Colombia, Perú, México, dependiendo del tipo de droga.
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¿Cuáles son las lecciones para América Latina de aquí en adelante? Primero, que las instituciones multilaterales y el derecho internacional van en segundo plano para esta administración. Lo que les interesa es dejar claro que las Américas es su zona de influencia y que ellos van a mover la aguja [económica, política y de seguridad] hacia donde crean conveniente. En el caso de Venezuela queda claro que no necesariamente van a favorecer resultados donde haya democracia o equilibrio de poderes.
Para países como México o Colombia, la lección es 1) que la cooperación en seguridad puede deteriorarse muy rápidamente si EU actúa de manera unilateral y 2) que la agenda de seguridad de EU con otros países en el hemisferio ya no opera de manera independiente respecto de otras agendas.
Con México, la agenda comercial opera al mismo tiempo y en el mismo espacio que la agenda de seguridad. Si no hay avances en la agenda de seguridad, no va a haber avances en las conversaciones comerciales, en las negociaciones sobre aranceles, sobre la extensión del tratado comercial con México y Canadá (T-MEC).
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¿Cuál es el mensaje para Cuba?
—Para Cuba, para China y para Rusia, es que EU ya no va a aceptar la influencia de esos tres gobiernos en cualquier otro país en América Latina. La señal que manda a Cuba es que ellos son los siguientes. Sin el apoyo económico de Venezuela, y con el posible fin de los envíos de petróleo de México, el régimen cubano se enfrentará a serios problemas. Descabezar al régimen de Venezuela se hizo pensando también en debilitar al régimen cubano.
El gobierno de México defiende el envío de ayuda por temas de ayuda humanitaria
—El gobierno del presidente Trump no va a comprarse ese argumento humanitario. Las bases electorales del presidente Donald Trump, sobre todo en Florida, llevan esperando un cambio desde hace mucho tiempo y desde el punto de vista de México, creo que estos envíos se van a acabar, si no es que ya vimos los últimos. México tiene una lista, identificada por el propio gobierno de EU, de irritantes comerciales y no comerciales bastante larga. El gobierno mexicano ha ido trabajando desde hace meses de manera exitosa para reducirlos.
El apoyo al régimen cubano es tener un flanco abierto que no le retribuye nada a México en materia de seguridad, en materia económica, geopolítica. Es un gesto ideológico que nos puede salir muy caro.
¿La intervención en Venezuela acerca más a nuestro país a acciones de Estados Unidos contra el narco en territorio mexicano?
—La posibilidad de un ataque kinético no creo que cambió mucho antes y después del 3 de enero. Sí envalentona a la administración a usar esto como amenaza, porque ya lo hicieron y la operación fue exitosa al lograr los objetivos que querían y sin bajas estadounidenses.
El gobierno de México hoy ha hecho bastante en términos de cooperación en seguridad, en comparación con la administración de Andrés Manuel López Obrador. Se comparte mucha más información de inteligencia. Se han entregado 92 miembros de estas organizaciones criminales para enfrentar la justicia en EU sin ni siquiera ser extraditados. Pero como estrategia de seguridad no sé qué tan sostenible sea el statu quo, a cuántos más se puede enviar.
A pesar de todo lo que se está haciendo, el gobierno de EU busca acciones concretas que vayan más allá del frágil equilibrio actual. Creo que va a haber mucha más presión para que haya operaciones conjuntas, si es que no se hace de manera unilateral, y eso es probablemente el siguiente paso: operaciones conjuntas en territorio mexicano.
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Trump está convencido de que hay, así lo dijo, una “alianza intolerable” entre organizaciones criminales y el gobierno de México. Creo que también hay mucha presión por parte del gobierno de EU para que el de México, el gobierno federal muestre materialmente que está tratando de desmantelar estas estructuras híbridas entre gobierno y narcotráfico. Es decir, que vaya tras políticos o funcionarios públicos que tienen vínculos o que forman parte de esas organizaciones. Es algo muy delicado, pero creo que es la siguiente frontera.
¿Cuál sería el límite para una cooperación de México con EU en materia de seguridad?
—El límite es la presencia militar estadounidense en suelo mexicano. Por razones históricas, ideológicas, eso contaminaría completamente los avances en seguridad y comercio. La Presidenta ha sido muy clara en ese sentido. Otra cosa que no sería aceptable es que EU actúe de manera unilateral, que lance un ataque kinético; es decir, drones, o que haya una operación en suelo mexicano para extraer o eliminar a un líder de una organización criminal.
¿Qué impacto pueden tener los acuerdos de capos de alto nivel con el gobierno de EU y sus posibles testimonios?
—Van a dejar al desnudo, a los ojos del gobierno, del público de EU, los vínculos entre estas organizaciones y el gobierno, en todos sus niveles, no hablo del gobierno federal. El riesgo es que terminen envalentonando al gobierno de EU para actuar contra estas organizaciones.
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¿A EU le conviene lanzar un ataque en suelo mexicano?
—Un ataque así dinamitaría la relación bilateral y nos regresaría a la época de vecinos distantes y de desconfianza. La administración de EU no opera como un monolito. Hay varias facciones. Particularmente creo que el secretario de Estado Marco Rubio entiende que una acción de este tipo va a generar muchísimos más costos que beneficios. Pero hay otras voces en la administración que están empujando a que estos escenarios se materialicen.
Todo depende de quién tenga más peso en estas conversaciones y de quién esté más cerca del presidente antes de que esté a punto de tomar una decisión. Hasta el momento han prevalecido las cabezas frías, pero la historia demuestra que eso no nos garantiza nada.
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Revisión, renegociación, un tratado diferente, tratados bilaterales, ¿cuál es el escenario que ves más factible en torno al T-MEC?
—Si no hay un cambio importante que contamine la conversación comercial, para México, EU y Canadá los escenarios son subóptimos, mas no desastrosos. El único escenario que mantenía la estabilidad era la extensión inmediata del tratado. Es el menos probable, ahora mismo.
Un escenario de tratados bilaterales quizás es más probable que el año pasado. EU no se ha cerrado a esa opción. De los tres más probables, es el número tres. El número dos es que nos vayamos a revisiones anuales y ese proceso se puede extender hasta 10 años. Eventualmente habría una solución negociada y siendo optimista se mantendría la mayoría del andamiaje comercial que tenemos.
El escenario más probable es una extensión dolorosa: se mantiene el tratado, pero tanto México como Canadá van a una negociación muy difícil con EU en capítulos importantes. Es muy probable que EU exija concesiones y cambios en el capítulo de las reglas de origen en el sector automotriz, de acero, de aluminio. Va a haber cambios importantes también en la relación de los miembros del tratado con economías de no mercado, como China.
Va a haber límites y herramientas para monitorear la inversión china en la región. Por eso es tan necesario que haya conversaciones entre todos los niveles de gobierno de México y Canadá, porque si no se coordinan esas posturas, EU puede explotar esos fallos para exigirle unas cosas a México y otras a Canadá.
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