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Los usos prohibidos del chocolate

En la época novohispana el chocolate llegó hasta la boca del Papa en Roma. Hubo monjas que juraron no beberlo, mujeres excomulgadas por consumirlo en misa y denuncias a la Inquisición por usos indebidos. Advertencia: la lectura de este texto puede provocar antojo de chocolate caliente
Mujeres bebiendo chocolate
12/01/2019
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Texto y fotografía: Nayeli Reyes
Fotos antiguas: Archivo EL UNIVERSAL
Diseño Web: Miguel Ángel Garnica
 

“Gracias a Dios que ya no
he de moler chocolate,
ni me ha de moler a mí
quien viniere a visitarme”
Sor Juana Inés de la Cruz

Hace unos años Liliana y Daniel hurtaron una caja de tablillas de chocolate de la cocina de su abuelita para comerlas a escondidas, dejaron un rastro de envolturas delatoras detrás de la casa. A sus cinco y seis años de edad vieron algo en esa redondez azucarada de cacao que les hizo imaginarlas como un verdadero fruto prohibido. No lo sabían, pero esa idea restrictiva del cacao se originó hace cerca de cinco siglos. 

Salvador Novo decía que el pan es incompatible con el atole, pero indispensable con el chocolate, en 1925 escribió: “Por eso a las personas inarmónicas se les llama ‘pan con atole’”. Así, recorremos el calendario de los tragones con una taza chocolatera acompañada de rosca de Reyes, pan de muerto, torrejas, capirotada…

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El amor por el binomio pan-chocolate llevó al Marqués de Mancera (decimoquinto virrey del Perú) a diseñar las mancerinas, un plato amplio con una abrazadera que permite sostener la jícara del chocolate.

En la época Novohispana los religiosos tenían fama de glotones, la gente llamaba “pozuelón frailero” al pocillo grande de bebida de cacao. “Los tazones de chocolate, en efecto, menudeaban entre los sacerdotes, con sus correspondientes bizcochos y soletas. La gente de menor calidad los tomaba, a falta de bizcochos, con cuartillas de pan enmantecado por lo menos”, dijo en 1927 el Archivero de la Redacción en EL UNIVERSAL ILUSTRADO.

Estas delicias no estaban exentas de culpa, la historiadora Sonia Corcuera señala que en el siglo XVII la bebida fue un tema de discusión, llegó a considerarse casi sinónimo de un placer sensual.

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Platillos de la Colonia. EL UNIVERSAL ILUSTRADO. 7 de abril de 1927. Ilustración de Audiffred.

Las bebidas del cacao fueron desvirtuadas cuando los españoles llegaron a este territorio, la investigadora María Águeda Méndez detalla que adquirió “tintes sesgados y visos de sexualidad”. Uno de los responsables fue el cronista Bernal Díaz del Castillo, quien describió las copas de oro con una bebida de cacao presentadas a Moctezuma “que decían era para tener acceso con mujeres”.

“Monjas chocolateras”

“Yo la Hna. María Josefa Beatriz de San Juan Bautista hago mi profesión y prometo obediencia, castidad, pobreza y perpetuo encerramiento a Dios…asimismo hago voto de no beber chocolate, ni ser causa de que otra lo beba”. De 1616 a 1949 estos fueron los votos de las monjas de la Orden de la Virgen María del Monte Carmelo.

Una carmelita descalza me recibe en la sala de un claustro reciente en la alcaldía Álvaro Obregón, lejos de su primera sede en la Ciudad de México del siglo XVI: el Convento de Santa Teresa la Antigua, actualmente es el centro cultural Ex Teresa Arte Actual.

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Las carmelitas vivieron seis exclaustraciones de Santa Teresa la Antigua, una de ellas se retrasó unos años gracias a la influencia de la esposa de Benito Juárez, ella iba a rezar a ese templo, cuenta la carmelita cronista. Foto: Colección Villasana-Torres (1930).

No salen a menos que sea necesario. Tras la clausura de una reja forjada con un símbolo representativo de soledad y silencio para la oración, ella también escribe la historia de las carmelitas y prefiere anonimato en la publicación de sus libros, como es tradición entre sus hermanas.

De algún lugar salen cantos mezclados con aroma a frijolitos. “Dicen que tenemos, y de hecho es verdad, unas reglas más austeras… ahorita se escuchan esas voces y esas carcajadas porque estamos en la fiesta de la Navidad, pero habitualmente es la lectura espiritual y otras órdenes creo que no, ellas hablan mientras comen”, comenta.

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Después de su exclaustración definitiva las carmelitas tuvieron varias sedes, hasta que compraron una casa de una ex hacienda en la colonia Tlacopac. Su tradición tampoco les permite ser retratadas. Sólo el templo está abierto al público en general, ahí se exhibe su Cristo del siglo XVII, el cual sacaron a escondidas de Santa Teresa la Antigua.

La primera orden carmelita de la Ciudad de México la fundaron Inés y Mariana, dos hermanas de la Inmaculada Concepción. La idea no agradó a algunos y sonaron comentarios: “¿cómo esas monjas chocolateras van a fundar el Carmelo, que es una de las órdenes más austeras?”.

En aquella época el chocolate se acostumbraba en conventos, incluido el de las concepcionistas, “un chocolatito…era de agua, pero de todos modos a media mañana les caía muy bien”, cuenta la carmelita.

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Votos de puño y letra de las hermanas en 1824, forman parte del II libro de profesiones de las Carmelitas Descalzas de San José.  Manuel Ramos señala que el voto de no beber chocolate ni incitar a otras religiosas a hacerlo era el quinto voto, único entre los monasterios novohispanos.

Para demostrar la seriedad de sus intenciones las fundadoras dejaron atrás esa práctica y prometieron no consumirlo como signo de su austeridad: “nuestras madres quisieron ser muy radicales”, explica con una voz bajita y musical acostumbrada a los rezos, “la austeridad es privarse por amor a Dios…para asemejarnos a él que abrazó una vida de pobreza”.

Las monjas de esa orden sólo desayunaban un bolillo con un té, más tarde alimentos como nopales, garbanzos, pan de trigo, pescado y carne únicamente para enfermas y ancianas, “también tenían nuestras madres, eso lo he visto en los libros de cuentas, un vinito para curarse las gripas”, afirma. 

Debido a la dureza de los hábitos alimenticios muchas religiosas se enfermaban y salían, como es el caso de la poeta Sor Juana Inés de la Cruz, quien antes de ser monja jerónima fue carmelita de esa congregación.

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Después de que las monjas fueron desalojadas, el Ex Teresa fue saqueado. Una de las posesiones robadas fue el libro de profesiones donde Sor Juana Inés de la Cruz firmó al entrar a la orden. Hace poco ellas se enteraron que estaba siendo subastado en casi un millón de pesos. Crédito: Ilustración del Museo del Chocolate (Mucho). 

En los 80 hubo más cambios, se implementaron algunos consejos para la vida religiosa del Concilio Vaticano II, decretado desde los 60: dejaron de ser vegetarianas, quitaron los velos, ampliaron la reja de su claustro para ver a familiares y también a amigos.

Por su parte, la doctora Lourdes Aguilar Salas explica que la restricción del chocolate en el Carmelo se debía a su asociación con algunas sensaciones del cuerpo, incluso afrodisiacas, se le relacionaba con la fiesta, el alboroto y la emoción: “el chocolate los lleva a una serie de cosas que impiden la meditación, la contemplación, los rezos y el estado que debe tener una persona en vida religiosa”.

Además, también era costoso, su consumo estaba limitado a la gente de alta sociedad virreinal, “las monjas lo tenían permitido muy diluido en lo que nosotros ahora podemos conocer como atole o champurrado, pero las monjas sí hurtaban de la cocina en lingotes…podían un poco raspar y entre ellas mismas se convidaban el chocolate”, explica Aguilar.

Este voto se retiró en 1949, cuando el Padre General Fray Silverio de Santa Teresa visitó a esa comunidad del Carmelo: “no, aquí ya vamos a quitar eso del chocolate y ya tomarán eso cuando Dios se los dé”.  

La carmelita anónima ya no vivió esta restricción, en el convento acostumbran esta bebida los domingos. A ella su salud ya no le permite consumir leche, pero cuando podía decía: “dos, en honor a nuestras madres”.

Ayunos y desayunos

Los debates sobre las bebidas de cacao en la época Novohispana se sumergieron hasta la pregunta de si rompía el ayuno, explica Corcuera: “¿puede una bebida tan agradable, tan seductora como el chocolate ser considerado un alimento?” Tuvieron que meter su cuchara varios Papas: resolvieron que no lo hacía, pero los conservadores mantuvieron la prohibición porque calmaba el hambre.

Las carmelitas de la Ciudad de México estaban lejos de estos dilemas chocolateros, hasta la década de 1980 su ayuno consistía en medio bolillo con una hierba amarga llamada Santa María, acompañado de una infusión de cedrón o flor de naranja. Ahora en esos días comen pan de caja con té y al mediodía arroz cocido o frijoles.

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Lew Lawrence escribió sobre esos tiempos en 1924 en El Universal Ilustrado: “los eclesiásticos disputan acerca del chocolate porque quebranta el ayuno, como antaño argüían sobre el número de ángeles que podían bailar en la punta de una aguja”.  

En Chiapas algunas personas estaban convencidas de la capacidad revitalizadora del chocolate. En 1625 Thomas Gage escribió sobre mujeres que afirmaban su imposibilidad de soportar la misa entera sin beber una jícara durante la ceremonia por su “flaqueza de estómago”.

El obispo de la localidad, Bernardo de Salazar, decidió excomulgar a todos los que asumieran este hábito. Tras esta restricción la catedral se quedó vacía y sin limosnas, el religioso enfermó, cuentan que envenenaron su pocillo: “Tantos gestos hacía al chocolate en la iglesia, que el que tomó en su casa no le sentó bien”, escribió Gage.

En la época Novohispana el chocolate también se llegó a mezclar con yerbas, sangre de menstruación o agua con la que se lava el hocico a los perros para hacer menjunjes capaces de adivinar, calmar a los maridos o amantes, causar impotencia sexual, “amansar” a los agresivos, someter voluntades, enamorar o romper con todo lo anterior.

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“La salud y la gula”, cartón de Audiffred publicado el 27 de diciembre de 1928 en  El Universal Ilustrado.

La investigadora Águeda Méndez encontró documentos en el Archivo General de la Nación de México donde se denuncia ante la Inquisición la usanza heterodoxa del chocolate, uno de los casos revela su utilización para redactar quejas al Santo Oficio y llamar su atención. 

En los años 1600 un hombre llamado Mathías Ángel, acusado por herejía, estaba harto de ser ignorado y escribió sobre su inocencia con un popote entintado en el chocolate que le daban de beber en su encierro, usó unos calzones blancos y viejos. El documento aún es legible, lo cual, según Águeda, revela un posible significado del dicho “las cuentas claras y el chocolate espeso”.

En el libro Como agua para chocolate Tita también da forma a sus penas al moler el cacao tostado en el metate, las incorpora con azúcar hasta que deja de distinguirlas en la masa y hace tablillas redondas, alargadas, según el tamaño de la tristeza.

Laura Esquivel escribe: “Mientras Tita daba forma a las tablillas, añoró con tristeza los días de Reyes de su infancia, en los que no tenía problemas tan serios. Su mayor preocupación en esa época era que los Santos Reyes nunca le traían lo que ella pedía, sino lo que Mamá Elena pensaba que sería lo más adecuado para ella.”

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Dos posibles significados de la palabra chocolate: el primero proviene del náhuatl xococ (agrio) y atl (agua); el segundo señala que es una voz compuesta de la palabra onomatopéyica “choco” (el ruido que hace el líquido cuando el molinillo lo bate) y atl. En las imágenes varias personas disfrutan de la bebida en el Museo del Chocolate.

Fotos antiguas:
Archivo EL UNIVERSAL
Fuentes:
Hemeroteca EL UNIVERSAL
​​​​​​​Museo del Chocolate (Mucho)
Entrevistas: monja especialista de la Orden de la Virgen María del Monte Carmelo; María de Lourdes Aguilar Salas, investigadora del Colegio Madrid
Proyecto radiofónico Historia de la vida cotidiana en México (IMER-Colmex), entrevista con Sonia Corcuera.
Secretos del oficio de María Águeda Méndez (Colmex-UNAM, 2001)
Como agua para chocolate de Laura Esquivel (1989)
Imagen de santidad en un mundo profano: historia de una fundación de Manuel Ramos (1990)
Libro conmemorativo de los 400 años de la fundación de Carmelitas Descalzas  de San José de la CDMX

 

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