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"Los Fridos" y la pulcata "La Rosita"

A pesar de que la pintora Frida Kahlo falleció hace 65 años, su legado sigue más vivo que nunca. Uno de ellos fue la herencia que dejó en varios de sus alumnos que trabajaron en su propia casa. Aquí algunas anécdotas
Pulquería la Rosita
13/07/2019
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Hoy se cumplen 65 años de la muerte de la pintora Frida Kahlo, uno de los íconos de la cultura mexicana dentro y fuera de nuestro país. Nacida en la Ciudad de México, la vida de Kahlo estuvo marcada por la tragedia, el talento, el romance y su imparable voluntad por seguir adelante, siéndose leal a ella misma.

Frida aceptó ser maestra de la escuela  La Esmeralda en 1942. Según el libro Frida de Hayden Herrera, el salario de Kahlo era de 252 pesos por doce horas, trabajando tres días por semana. Se dice que la llegada de Frida a esta institución de enseñanza causó gran impresión ya que era una mujer con una personalidad y un porte que algunos alumnos admiraban y de la que otros desconfiaban; cabe recalcar que La Esmeralda en ese entonces era una escuela con instalaciones un tanto austeras, cuya matrícula de estudiantes a lo mucho rebasaba las 25 personas.

De acuerdo con testimonios de los alumnos de Kahlo que Herrera obtuvo para su libro, Frida era una maestra poco ortodoxa, respetaba los procesos creativos de sus alumnos y procuraba que sus personalidades se vieran reflejadas en los cuadros que realizaban. No gustaba de estar en el aula de clases, por lo que los sacaba a las calles y les pedía pintar la vida callejera, el color de los mercados, capturar la esencia de los barrios a través de sus personajes o los llevaba de paseo a estados cercanos a la Ciudad de México, como Puebla o las Pirámides de Teotihuacán: “Frida trató de despertar en ellos cierta estética de la vida cotidiana”, escribe Herrera.

Debido a que su estado de salud, Frida ya no podía trasladarse con facilidad de su casa a La Esmeralda, por lo que propuso a sus alumnos que fueran a tomar clases a la ahora mundialmente conocida “Casa Azul”; algunos de ellos -cuyas edades oscilaban entre los 14 y los 19 años- aceptaron la propuesta y se daban cita en la casa en la que habitaba el matrimonio Kahlo-Rivera.

Al interior de la casa tampoco había clases de manera literal, Frida los exhortaba a pintar todo aquello que les llamara la atención en los jardines o de la casa, mientras que ella estaba en su estudio. Según Hayden Herrera, Frida bajaba muy esporádicamente a revisar el trabajo de sus alumnos y, muy de vez en cuando, Diego Rivera también se aparecía por los jardines y les daba retroalimentación acerca de sus piezas. Esta cercanía marcó de por vida -artística y personalmente- a los alumnos que con el tiempo fueron conocidos como “Los Fridos”.


Los murales de las pulquerías

Nos acercamos a la investigadora Nelly Rodríguez, del Colectivo El Tinacal, para que nos explicara cuál fue la importancia de que Frida Kahlo llevara a sus alumnos a pintar: “la práctica de pintar en las pulquerías es de finales del siglo XIX; la estética era interesante porque siempre tenían que ver con el nombre del establecimiento y normalmente eran pintados por rotulistas o gente de la zona, no por artistas o estudiantes de artes plásticas; se les consideraba como parte del arte popular y eran sumamente característicos de las pulquerías”.

Las temáticas principales en los murales de pulquerías solían ser haciendas pulqueras, imágenes que evocaran el proceso de obtención del pulque, magueyes o paisajes rurales.

Nelly cuenta para EL UNIVERSAL que a principios del siglo XX, el gobierno estableció una norma que prohibía que las pulquerías tuvieran murales en sus fachadas ya que eran muy “llamativos” y las autoridades buscaban que se redujera el consumo de esta bebida; dicha medida se reforzó en la época posrevolucionaria, por lo que la práctica de pintar las pulquerías quedó abandonada.

Frida, en su afán de recuperar todo lo “mexicano” y, aprovechando el auge que tenía el muralismo, consiguió un permiso del gobierno para que sus alumnos pudieran pintar la fachada exterior de una pulquería que estaba a unas cuadras de su casa, “La Rosita”. El matrimonio Kahlo - Rivera habló con el dueño del establecimiento y le comentaron que todos los gastos serían pagados por ellos y que nadie le cobraría ni un centavo.

Una vez concluido el proceso de bocetaje y restauración del muro para que pudiera ser intervenido, los pintores pusieron a disposición de sus alumnos todo el material que requirieron y, aunque ambos acudían a observar el avance del trabajo y a dar consejos, ninguno de los dos se entrometió en lo que estaban realizando.

Los nombres de “Los Fridos” que participaron en la intervención de la pulquería fueron: Erasmo Vázquez Lendechy, Arturo Estrada Hernández, Guillermo Monroy, Fanny Rabel, Lidia Briones, María de los Ángeles Ramos, Tomás Cabrera y Ramón Victoria. Las temáticas de los murales -que fueron pintados al óleo- eran muy variadas, había un muro con una comida campestre, otro con un niño que le daba una rosa a su mamá, un jaripeo, otro con el desarrollo de los medios de transporte, resaltando la modernidad que estaba viviendo México.

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“Los Fridos” pintando los murales de “La Rosita”. Colección Villasana - Torres.

La inauguración de los murales de “La Rosita” fue un evento importante: la fiesta se anunció por medio de volantes con ilustraciones que rememoraban a los grabados de José Guadalupe Posada y fueron repartidos en plazas públicas, calles y mercados cercanos al centro de Coyoacán.

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Volante del “Gran Estreno” de las pinturas murales de “La Rosita”. Colección Villasana - Torres.

La noche del 19 de junio de 1943, las calles de Aguayo y Londres lucían adornadas con papel cortado y confeti y, al interior de “La Rosita” había barbacoa de Texcoco, pulques y curados, mariachis, cohetes, petardos y globos esperando a toda clase de personajes: los intelectuales del círculo cultural y artístico, amigos del matrimonio Kahlo - Rivera; amigos y familiares de los estudiantes y vecinos de la zona. Tal fue la verbena dentro de la inauguración que dos de “Los Fridos” escribieron corridos para la ocasión, he aquí el extracto del libro de Hayden Herrera:

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En la segunda sección de El Gran Diario de México del sábado 19 de junio de 1943, se informaba: “los más aventajados discípulos de Frida Kahlo, decoraron los muros de una pulquería de Coyoacán, bajo la dirección de la artista. En la fotografía aparecen Frida y una de sus alumnas, que da los últimos toques a uno de los cuadros. Otro de los murales representa una escena típica”.

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Plana de El Universal del sábado 19 de junio de 1943. Archivo Hemerográfico El Universal.

El 14 de julio de 1985, Arturo Estrada -uno de “Los Fridos”- platicó a El Gran Diario de México que ella como maestra siempre fue muy puntual, ataviada con sus hermosos trajes mexicanos. Llegaba acompañada de un ayudante, quien cargaba en un canasto los modelos que los alumnos pintarían durante la clase: “ponía una fruta sobre la mesa y nos daba algunas indicaciones para, momentos después, decirnos que la pintáramos como quisiéramos. Ella siempre decía que la pintura no se enseñaba, pero, a pesar de eso, nos guiaba pacientemente.”

“Los Fridos” fueron disminuyendo en número y hacia 1944, los únicos que seguían asistiendo con regularidad a las clases con la pintora eran Arturo García Bustos, Guillermo Monroy, Fanny Rabel y Arturo Estrada, quienes realizaron en los años subsecuentes otra serie de murales en espacios que Frida Kahlo o Diego Rivera conseguían.
 

Nuevos murales para “La Rosita”

En 1952, Frida convocó a “Los Fridos” a pintar nuevos murales para “La Rosita” para celebrar el santo de Diego y tenían que estar listos el 8 de diciembre. Estrada comentó que se organizaron y volvieron “a pintar la pulquería. Me acuerdo que fue un sábado. Empezamos desde muy temprano como a las 6 y a las 7 terminamos. En esa ocasión lo hicimos en la técnica del fresco”.

Los personajes que protagonizaron los murales en esa ocasión eran amigos del pintor. Estrada narró para El Gran Diario de México que: “en un primer plano aparecía el maestro Diego con sus amigos más entusiastas, estaba Salvador Novo, Pita Amor y todos tomando pulque.

“En otra de las paredes pintamos a Manuel, su ayudante, haciendo una tara de frescos. En otro puse a la maestra Frida con un amigo entrañable que lo querían mucho y que se llamaba Arcady Boytler. En otra pared estaba María Félix sentada sobre una nube y con una leyenda que decía “El mundo de cabeza por la belleza” y abajo había una serie de figuras caminando de manos.”

Después de que la artista fallecería y para el velorio, efectuado en Bellas Artes, acudieron personalidades de todos los estratos y círculos sociales. Por su parte, la cantina fue demolida entre los años sesenta y setenta y desde hace tiempo es un predio particular.

En cuanto al muralismo dentro de las cantinas, la norma fue suspendida muy cerca del nuevo siglo y en la actualidad pulquerías tradicionales y neopulquerías adornan sus paredes con pinturas que van de acuerdo a su personalidad y al barrio en el que están situadas. Los dueños de las mismas definen si son pintados por artistas que estudiaron bellas artes o si son artistas autodidactas.

A pesar de ello, el rostro de Frida Kahlo recorre la ciudad todos los días en camiones turísticos y en julio ciertas plazas públicas se visten con sus colores o su vestimenta para hacer un homenaje a una de las principales representantes de México ante el mundo.

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Instalación “Los Colores de Frida” en el Zócalo capitalino, en la que se instaló una Frida gigante. Fondo Mixto de Promoción Turística de la CDMX.

La fotografía principal ilustra la fachada de la pulquería “La Rosita”, 1943. La foto comparativa antigua retrata el mismo lugar algunos meses después de su intervención artística.

Fotografía antigua: Cortesía Piso 9. Archivo fotográfico y hemerográfico El Universal. Colección Villasana - Torres.
Fuentes: Nelly Rodríguez, Colectivo El Tinacal.
Frida: Una biografía de Frida Kahlo, de Hayden Herrera. 
Hemeroteca EL UNIVERSAL