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El secretario de guerra que impulsó el polo en el ejército mexicano

El terreno de Campo Marte fue adquirido por el gobierno federal en 1904. En 1910 fue Club Hípico y veinte años después Joaquín Amaro Domínguez, secretario de Guerra y Marina, promovió y organizó concursos de tiro al blanco y de polo “su deporte favorito”. Fue en 1937 que se le llamó “Campo Deportivo Marte” y fue parte de la Secretaría de Guerra y Marina
Campo Marte
16/02/2019
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Texto: Perla Miranda
Fotos actuales: Carlos Mejía
Diseño web: Miguel Ángel Garnica


Es 12 de abril de 1937. Las tribunas de Campo Marte están atiborradas por la inauguración del Campeonato de Polo. Destaca la presencia del subsecretario de Guerra y presidente de la Federación mexicana de Polo, Manuel Ávila Camacho, quien estuvo acompañado por jefes y oficiales del ejército como Joaquín Amaro, quien fomentó la práctica de este deporte en las Fuerzas Armadas.

En los palcos, buen número de familias de la aristocracia mexicana (porque el polo no es un deporte barato), apoyaban a ambos equipos: “Marte” y “Policía”, además, los vecinos de colonias extranjeras se sentían honrados con la asistencia de Douglas McArthur, general del ejército americano.

El encuentro fue cerrado. El mayor Zavalgoitia, los capitanes Rojas y Ramos Sesma, así como el teniente Villalobos, del equipo Marte, obtuvieron una ventaja de dos metas frente a los contrincantes del Policía integrado por el capitán Fonseca, sargento Gracida y los mayores Nava y Ruanova. El marcador final fue de siete metas contra cinco a favor del Marte.

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Plana del 12 de abril de 1937 cuyas imágenes corresponden al encuentro de polo entre los equipos de Marte y Policía y con el cual se inauguraba el campeonato de este deporte.

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Equipo Marte, ganador de primer juego del campeonato de polo aquel abril de 1937

Más de ocho décadas han pasado de aquel partido reseñado en las páginas de EL UNIVERSAL, en su andar diario por Paseo de la Reforma, pocos capitalinos se detienen frente al predio conocido como Campo Marte y tampoco se preguntan quién es aquel hombre gallardo que yace sobre un caballo y fue inmortalizado en la entrada del predio en una estatua. Se trata de Joaquín Amaro Domínguez, la placa de la efigie lo nombra “organizador del moderno ejército mexicano”.

Para quienes practican el polo y para el ejército, este nombre cobra relevancia. Como éste era un deporte jugado únicamente por los ricos, Amaro Domínguez, quien llegó a ser secretario de Guerra y Marina lo introdujo y lo hizo obligatorio entre los jefes y oficiales de las fuerzas armadas.

Se convirtió en su deporte favorito y aprovechó el gusto de Manuel Ávila Camacho por los caballos para darle más empuje al ejercicio de dominar con destreza los dos instrumentos del juego: el caballo y el mazo.

Por su extenso terreno de más de 155 mil 400 metros cuadrados, el Campo Marte era el escenario ideal para adoptar a los polistas del país.

De acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), este predio fue adquirido por el gobierno federal el 31 de diciembre de 1904, a través de una compra – venta a la “Mexicana National Exposition and Land Co”.

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Plana del 5 de abril de 1937 que da cuenta de un encuentro de polo en lo que hoy conocemos como Campo Marte.

Un decreto por el presidente Porfirio Díaz el 16 de febrero de 1910 lo destinó como club hípico militar. Veinte años después, bajo la dirección de Joaquín Amaro Domínguez como secretario de Guerra y Marina se promovió la construcción del “Casino Militar”.

A partir del primero de abril de 1937 por decreto presidencial fue designado como “Campo Deportivo Marte” y pasó a formar parte del servicio de la Secretaría de Guerra y Marina.
 

De “Marte” a “Anáhuac”

Ya abanderado como presidente de la República mexicana, el 26 de agosto de 1941, Manuel Ávila Camacho dispuso que el campo deportivo dejaría el nombre del planeta rojo y lo rebautizó como “Parque Nacional Anáhuac”.

La Federación Mexicana de Polo relata que aunque se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial y el polo no es un deporte de “tiempos austeros” en México su práctica era cada vez más común. “El presidente Ávila Camacho, que mucho disfrutaba de un buen encuentro de polo, encabezó mejoras al Campo Marte, que brevemente fue conocido como Parque Anáhuac”, incluso existió una copa que llevaba el apellido del presidente como estandarte.

En su libro Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano, Martha Beatriz Loyo explica que al frente de la secretaría de Guerra y Marina, el general organizó concursos de tiro al blanco y de polo “su deporte favorito”, el cual requería de polainas para caballo y caballos. “Los caballos y el polo llegaron a ser las pasiones de Amaro. Constantemente compraba caballos para los regimientos, para equitación y para carreras y pedía fuertes cantidades de fondos para esto”.

En aquellos tiempos, inicios de los cuarenta, el apellido Gracida empezó a generar expectativa entre los polistas del país. Gabriel Gracida Jaramillo era jinete y entrenador de caballos de salto, trabajaba de manera directa con las monturas del presidente.

Pero no todo era miel sobre hojuelas, el ejército y el gobierno fueron criticados por invertir en equipamiento para practicar el deporte en lugar de ayudar a los más necesitados.

En 1942 un reportero de esta casa editorial relató un encuentro entre los jóvenes del Colegio Militar y los pupilos de Presidencia, lamentó que el partido se tachara de “vendido” y que los jóvenes militares le dieran oportunidad de ganar a los caballistas del Castillo.

En su nota afirmó que este tipo de encuentros eran el resultado de una práctica improvisada y recordó que el polo era un deporte “caro, muy caro en el que se deben tener muy buenas cuadras y eso cuesta mucho dinero”.

El redactor de El Gran Diario de México mencionó que ese dinero que se gastaba en los caballos y en las polainas debería ser invertido en gente pobre. “No sería mejor emplear ese dinero en las personas que desde temprano esperan que abran las sucursales del Nacional Monte de Piedad para pignorar algún objeto y poder dar de desayunar a sus hijos en lugar de fomentar un deporte inútil y de rancio abolengo, ¿no les remorderá la conciencia a los altos jefes del ejército gastarse el dinero en caballos mientras gran parte del pueblo casi muere de hambre’”, se preguntó´.

A pesar del malestar social, el polo siguió estando entre los deportes favoritos de las fuerzas armadas, en febrero de 1970 para celebrar la visita del príncipe Felipe de Edimburgo de Inglaterra se llevaron a cabo los encuentros por la copa Anáhuac entre los equipos Windsor Park y los Centauros.

En 1972 el Parque Nacional Anáhuac regresó a su antigua denominación: “Campo Deportivo Militar Marte”, hasta ahora se le conoce de esa manera, aunque todavía se realizan eventos deportivos ecuestres, el terreno se usa para ceremonias oficiales y recepciones de Jefes de Estado.
 

El Marte se vistió de luto

Los últimos destellos de sol iluminaban a la Ciudad de México aquel 4 de noviembre de 2008, el reloj marcaba cuarto para las siete cuando un jet se desplomó en Monte Pelvoux y Ferrocarril de Cuernavaca, en Lomas de Chapultepec. La zozobra crecía, no solo por el impacto, sino porque en el interior de la aeronave viajaba Juan Camilo Mouriño, entonces secretario de Gobernación en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.

César, quien en esos años era reportero de la fuente de Segob, comía con unos amigos en el Sanborns de La Fragua. Escuchó sobre el avionazo pero no se alarmó hasta que los celulares empezaron a sonar y recordó que momentos antes el secretario de Gobernación había hecho una videoconferencia desde San Luis Potosí, “él iba a viajar y por como describían el avión supe que algo no estaba bien”.

En efecto, antes de las ocho de la noche los canales de televisión interrumpieron sus programaciones, Marcelo Ebrard, entonces jefe de gobierno dio a conocer que Juan Camilo Mouriño iba a bordo del jet y había fallecido.

El secretario de Gobernación y siete funcionarios más que murieron en el avionazo, fueron homenajeados en Campo Marte dos días después del siniestro y luego de ser velados por familiares y amigos. En su discurso, Calderón Hinojosa se refirió a los fallecidos como “hombres y grandes mujeres cuya pérdida es irreparable”.

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Juan Camilo Mouriño, entonces secretario de Gobernación, durante la administración de Felipe Calderón, murió junto con otras personas en un accidente aéreo el 4 de noviembre de 2008. Se les rindió homenaje en el Campo Marte con presencia de sus familiares.

Tres años después, el escenario fue el mismo: Campo Marte, cuando Felipe Calderón tuvo que rendir otro homenaje luctuoso a un secretario de Gobernación.

El viernes 11 de noviembre, Carlos Rosas estaba en un canal de televisión en donde hacía prácticas profesionales. Antes de las dos de la tarde los rumores de que un helicóptero se desplomó en el municipio de Chalco, Estado de México cobraban fuerza.

José Francisco Blake Mora, secretario de Gobernación viajaba en la aeronave acompañado de siete personas, se dirigían a Cuernavaca cuando el helicóptero se estrelló y no hubo supervivientes.

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Tres años después otro accidente aéreo cobraría la vida de otro secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora junto con varias personas más. Nuevamente el Campo Marte fue escenario del homenaje fúnebre.

Hace ocho años, Carlos también trabajaba en una agencia de fotografía, su jefe lo mandó a la Segob y le pidió acreditarse para asistir al homenaje luctuoso que se llevó a cabo el sábado 12 de noviembre.

“Era como mediodía cuando mi compañera y yo llegamos a Campo Marte, creímos que era temprano porque habían citado a las cuatro, algo así, pero cuando los militares nos dejaron entrar vimos que ya había unos 30 fotógrafos formados, ahora ya sabemos que hay eventos a los que tienes que llegar desde un día antes”, cuenta entre risas.

El funeral de Estado fue encabezado por Felipe Calderón, su esposa Margarita Zavala y los miembros del gabinete. “Hoy despedimos a José Francisco Blake Mora, uno de mis más cercanos colaboradores y amigo entrañable. Con su inesperada partida, nuestro país pierde a un gran ser humano, a un servidor público ejemplar y a un político excepcional”.
 

Memorial de víctimas

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, frase del escritor Gabriel García Márquez que adorna una de las columnas del “Memorial a las víctimas de la violencia en México”.

A un costado de Campo Marte, en Chapultepec, permanecen 70 estelas de acero que tienen grabados los nombres de víctimas de la guerra contra el crimen organizado.

El 5 de abril de 2013, con un retraso de cuatro meses, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong abrió al público el memorial “que nunca debió existir” y se comprometió a impulsar la prevención del delito para “apostarle a la sociedad”.

A seis años de su creación, el memorial luce abandonado, no parece que en su edificación el gobierno federal haya desembolsado 39 millones de pesos. En algunas de las placas, los nombres de algunas víctimas de la guerra contra el narco han desaparecido, lo mismo ocurre con las frases de reconocidas personalidades que reflexionaban sobre la justicia y la pérdida de seres queridos.

Irma Trejo, mamá de Francisco Albavera Trejo, quien desapareció en la estación de metro Pantitlán en 2012, dice a EL UNIVERSAL que el día que Osorio Chong inauguró el memorial, ella se paró frente a las cámaras con la manta que la ha acompañado por años, “viene el nombre de mi hijo, el día que desapareció y que fue en la línea 1, para mí ese memorial no calmó mi dolor, todavía no concibo que a mi niño, un buen estudiante y amigo, se lo haya tragado la tierra”.

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Irma Trejo, mamá de Francisco Albavera Trejo, joven desaparecido en una estación del metro de la capital, se manifiesta con una manta en la cual solicita ayuda para encontrar a su hijo. Al fondo el Memorial de Víctimas de reciente creación en Campo Marte.

El pasto marchito y seco del Memorial de Víctimas contrasta con el verde reluciente del que adorna al Campo Marte, donde en diciembre pasado, un día después de haber asumido su cargo como presidente, Andrés Manuel López Obrador se reunió con las Fuerzas Armadas y anunció que trabajaría de su mano para “devolver la tranquilidad” al país, a través de la Guardia Nacional; mientras esto ocurre, los jardines del campo deportivo no dejan de ser regados en espera del próximo evento, que por su importancia, tenga como sede el lugar donde también los polistas mexicanos tuvieron sus mayores glorias.

Fuentes:

Fotografías Hemeroteca y Fototeca de EL UNIVERSAL, Gustavo Casasola. 6 Siglos de historia gráfica de México, El Universal Ilustrado, Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano de Martha Beatriz Loyo, Sedena: reseña histórica del campo deportivo militar marte, y Archivo Histórico de la Sedena: Joaquín Amaro y Federación Mexicana de Polo.
Entrevistas con Irma Trejo, Carlos Rosas, fotógrafo y César Reyes, reportero.

 

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