El pasado de la calzada Zaragoza

Mochilazo en el tiempo

Hasta el siglo XIX, el espacio por donde atraviesa la Calzada Ignacio Zaragoza fue el lago de Texcoco, tras su desecación comenzó la historia de esta importante vía. En la actualidad no es extraño que las fuertes lluvias provoquen severas inundaciones en esta zona

Texto: Susana Colin Moya
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

Cada una de las calles que atraviesan la Ciudad de México cuenta una historia, sea por su antigüedad, los lugares que conecta, por su nombre o por las personas que la transitan, aun si no es monumental o bonita. Hoy en Mochilazo en el tiempo nos remontaremos a los orígenes de una de las vialidades más importantes para el funcionamiento de la Zona Metropolitana del Valle de México, la Calzada Ignacio Zaragoza.

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Desde la Cárcel de Mujeres de Santa Marta hasta la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO), esta vialidad recibe a los diarios viajeros que desde los municipios y alcaldías del oriente se transportan al centro y sur de la urbe. Foto: Archivo de El Universal.     

Si pensamos en transportarnos desde la Ciudad de México hacia los municipios orientales del Estado de México como Los Reyes, Nezahualcóyotl, Chalco o Ixtapaluca, elegiríamos sin dudar la calzada Zaragoza por ser camino directo. Sin embargo, durante muchos años, para llegar a aquellos lugares era necesario rodear los lagos que circundaban la urbe ya que el espacio por donde hoy corre la Zaragoza fue, hasta el siglo XIX, parte del lago de Texcoco.

Antes, se debía recorrer el camino que en algún momento siguió Hernán Cortés: Iztapalapa, Santa María Aztahuacán, Santa Marta, Los Reyes o salir de la ciudad por el norte: La Villa, Totolcingo, Chiconautla y Teotihuacán.

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Mapa que ilustra dos rutas para llegar a Veracruz desde la Ciudad de México a principios del siglo XIX. La línea de color morado es la traza que seguiría la ahora calzada Zaragoza. Fuente: Real Academia de la Historia. “Mapa de varios partidos de los estados de Puebla, Hidalgo, Tlaxcala y Veracruz”, cortesía de Texcoco en el tiempo.

Con el paso del tiempo y la desecación de los lagos, se pudo trazar el camino que en el futuro sería la Zaragoza. Juan Carlos Briones, miembro de La Ciudad de México en el Tiempo, afirma que el primer indicio de la existencia de esta vialidad es el mapa que el Conde de Revillagigedo mandó a levantar en 1793. En él se aprecia que después de la Garita de San Lázaro, al extremo oriente de la capital, comienza una calle.

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Mapa levantado por el Coronel Don Diego García Conde en 1793, impreso en 1830. Disponible en: https://www.raremaps.com/gallery/detail/49556ba/plano-general-de-la-ciud.... En el extremo izquierdo, a continuación de la Garita de San Lázaro comienza la que sería calzada Ignacio Zaragoza.  

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La Ciudad de México, tomada en globo por el Noroeste, litografía realizada por Casimiro Castro en 1869. El círculo morado señala la Garita de San Lázaro, desde donde parte la ahora calzada Zaragoza. Mapa obtenido de: https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47e2-1690-a3d9-e040-e00a18...

En sus primeros años, esta vía era llamada “camino al Peñón”, “camino a Veracruz” o “a Puebla”. Su recorrido (San Lázaro – Peñón del Marqués – Los Reyes)  era por lugares desiertos, deshabitados y peligrosos, por lo tanto fue poco transitado, hasta la llegada del ferrocarril.

En entrevista para este diario, la estudiosa en el patrimonio ferroviario Vianney Jiménez afirma que en 1865, Maximiliano de Habsburgo expidió un decreto para uso de rutas de ferrocarril tirado por mulas, entre ellas la que iría de México a Chalco, utilizando el camino en cuestión. Uno de los involucrados en la obra, que en su primera versión llegó hasta el pueblo de Los Reyes, fue el nieto del Benemérito de las Américas: Delfín Sánchez Juárez.

Para 1878, reemplazando la ruta anterior, comenzó operaciones el ferrocarril de vía angosta, ya sin tracción animal, que conectó a la terminal de San Lázaro con la ciudad de Cuautla. Posteriormente, según la investigadora, esta ruta fue comprada por el Ferrocarril Interoceánico, el proyecto ferroviario que intentó unir al puerto de Veracruz con el puerto de Acapulco.

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Fragmento de un mapa de 1885, donde aparece la calzada, señalada de color morado, como el paso del ferrocarril de Morelos. Apenas se había retirado el agua de ese espacio. Cortesía: Juan Carlos Briones.

Si bien el tren dejó de funcionar en esta ruta a finales de los años 60, la memoria de su transitar permanece en algunos relatos, como el de Salvador García, cuya madre, Ceferina Lima, le platicaba cómo era viajar de San Lázaro a su pueblo en el Estado de México: Tepetlixpa.

“Me decía que era un trenecito muy pequeñito y sí, era un tren de vía angosta, que tenía sus asientos de madera, y que los carros de segunda no tenían los asientos así como los vemos en las películas, que van encontrados, sino que eran bancas corridas en el perímetro del vagón. Eran grandes bancas laterales que a ella le gustaba mucho porque iban viendo el cambio de paisaje, la vista de los volcanes, con los bosques en su plenitud, siempre se refería a ello con mucha nostalgia” cuenta en entrevista para EL UNIVERSAL.

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Las vías del tren permanecen en algunos tramos de la calzada como recuerdo del camino ferroviario que fue. Foto: Susana Colin.

Esta vía se convirtió en la carretera a Puebla, en la salida al oriente de la ciudad. Todo a su paso era baldío: una zona poco poblada, con llanos que en época de lluvia se anegaban y en temporada de secas provocaba polvaredas que llegaban hasta la ciudad. Poco a poco se fue urbanizando; sin embargo, en la década de los 50 este crecimiento demográfico en la zona fue exponencial, afirma el doctor en urbanismo Héctor Quiroz.
 

La expansión de la ciudad

El 5 de mayo de 1962, con motivo del centenario de la victoria del ejército mexicano frente al francés, en Puebla, el entonces presidente Adolfo López Mateos y el Regente de la Ciudad, Ernesto P. Uruchurtu, honraron al general Ignacio Zaragoza llamando con su nombre a la hasta ese momento “carretera a Puebla”.

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"Con actitud optimista, el Presidente López Mateos y el Regente de la ciudad, licenciado Ernesto P. Uruchurtu, leen la placa de la nueva calzada construida por el Departamento del D.F., que desde ayer lleva el nombre del aguerrido general Ignacio Zaragoza" decía el pie de foto de esta imagen impresa el 6 de mayo de 1962. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

En una ceremonia realizada en la calzada Zaragoza, presentaron a la ciudadanía las obras de mejoramiento en que habían comenzado en octubre de 1961 y que costaron 24 millones de pesos.

Complemento de tal homenaje fue la escultura del héroe nacional colocada en la glorieta que se encontraba en el cruce de Churubusco y Zaragoza. “La estatua es una soberbia figura ecuestre de 4.5 metros de altura, ejecutada en fundición de bronce y debida a la mano maestra del escultor Ignacio Asúnsolo. La plataforma y pedestal fueron proyectados y realizados por la Oficina de Edificios y Monumentos de la Dirección de Obras Públicas” describió el reportero de esta casa editorial José Luis Parra.

Este importante nombramiento fue el inicio de la identidad de esta calzada, íntimamente relacionada con la ciudad de Puebla, en el nombre (Zaragoza) y en el propio trayecto.

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Como parte de la conmemoración del centenario de la Batalla del 5 de mayo se inauguró la estatua del general Ignacio Zaragoza en la vialidad que a partir de ese día llevó su nombre. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

Benita Ortiz era una niña de 9 años cuando llegó a vivir a la colonia Puebla (a la altura del metro Zaragoza), durante los primeros años de la década de los 60. En su memoria prevalecen las pocas casas de la zona, los llanos en la colonia Jardín Balbuena, las calles sin pavimentar y el camellón de la calzada Zaragoza: amplio, lleno de pasto, donde jugaba con otros niños.

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La calzada Ignacio Zaragoza, a la altura de las colonias Puebla y Aviación Civil, en 1962. Al centro la estatua de Zaragoza, comúnmente llamada “El Caballito”. Foto: DDF.

Desde ese lugar podían ver los talleres del aeropuerto y se emocionaban al ver los aviones despegar. Sin embargo, cuenta Benita con los ojos conmovidos por la nostalgia “lo más bonito que recuerdo, lo que más me gustaba era la vía del ferrocarril, del tren, que en las mañanas pasaba. La gente se asomaba y ya nos decía adiós”. 

Por aquellos mismos años, Salvador García, un niño pequeño, acompañaba a su madre para visitar Tepetlixpa, su pueblo. El viaje ya no era en tren, sino en camiones foráneos. Como no existía la TAPO, que se creó hasta los 70, cada ruta tenía su propia terminal en los alrededores de la Garita de San Lázaro: era ahí donde comenzaba la calzada. Abordaban su camión en la estación “Cristóbal Colón”, cuyo destino era la ruta de los volcanes: Chalco, Amecameca, Tlalmanalco, Ozumba.

El primer trayecto era toda la calzada Zaragoza. La voz de Salvador se torna feliz al relatar por teléfono el recuerdo de un niño que tras la ventana mira la sucesión de espacios que era la calzada en la primera mitad de los años 60. Primero los patios de maniobras del ferrocarril en lo que ahora es el Congreso de la Unión, luego la estatua de Zaragoza, los balnearios que poblaban las afueras de la entonces ciudad, los grandes llanos, a veces usados como campos de futbol, los peluqueros de paisaje, el Peñón Viejo y el camellón lleno de pinos que había frente a él. Al final de la calzada, poco antes de llegar a la bifurcación de la carretera libre y de cuota a Puebla, la Cárcel de Mujeres.
 

El trayecto que hacía dos veces al mes durante toda su infancia, aparece como uno solo en su memoria, cuenta Salvador. Al igual que Benita, llamaba su atención las vías del tren que, sobre el camellón, acompañaban el camino.
 

Eje para el transporte del oriente

La Calzada Zaragoza no es una ruta prehispánica ni novohispana, pero responde a la importante conexión de la Ciudad del México con los poblados cercanos del oriente, como Texcoco y Chalco y con los más lejanos, como Puebla y el puerto de Veracruz. Cuando el lago de Texcoco cedió espacio, este camino apareció como una vía recta de conexión con aquellos lugares.

Y no sólo la calzada, como se mencionó antes, desde los años 50 los terrenos conocidos como el “Vaso de Texcoco” se poblaron rápidamente para conformar lo que ahora llamamos Ciudad Nezahualcóyotl.

En 1969, se inauguró la línea 1 del metro, la cual tuvo como terminal la estación Zaragoza, cuyo símbolo hace clara referencia a la estatua del general. Las estaciones Gómez Farías, Balbuena, Moctezuma y San Lázaro pasan por debajo de este camino y permitieron diversificar sus formas de transporte.

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Las obras para la construcción de la Línea 1 del Metro en la calzada Zaragoza, alrededor de 1968. La toma, a la altura del Retorno 7, cerca de la estación Balbuena. Foto: DDF.

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La multitud espera para abordar el Metro en la concurrida estación Zaragoza poco después de su apertura en 1969. Foto: Memoria del Metro de la CDMX.

Aun con la llegada de este moderno medio de transporte, permanecieron los típicos chimecos que trasladaban a los habitantes de Neza, Chimalhuacán y Texcoco al centro de la ciudad y viceversa. Siempre acompañados de un muchacho en la puerta gritando la ruta a seguir: “Perla por la 7”, “Palacio, Palacio, Palacio”, “Las maravillas”, “Virgenciiitas, Cárcel de Mujeeeres”. La razón de estos anuncios era el analfabetismo de muchos de los viajeros.

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El tránsito en la Calzada Zaragoza a inicios de los años 70. Foto: Colección Villasana-Torres.

“Junto con la calzada Ermita-Iztapalapa, la Zaragoza es un eje estructurador del oriente, una autopista que quedó dentro de la ciudad” dice Héctor Quiroz, quien también considera que la llegada del tren férreo, el metro de la línea A, en 1991, “partió en dos” a la zona.

Esta ruta, inaugurada el 12 de agosto de 1991, representó una solución al “cuello de botella” en el que se había convertido la calzada Zaragoza. La línea consta de 17 kilómetros de longitud y 10 estaciones que corren, en su mayoría, por la Zaragoza. Fue respuesta a las peticiones de un servicio colectivo adecuado de vecinos de Iztapalapa, Ciudad Nezahualcóyotl, Chalco y Los Reyes.

Después de unos años, se ha visto que, como muchas otras vialidades y transportes públicos, la calzada Zaragoza está rebasada. Tráfico, inseguridad, fallas en la pavimentación e inundaciones en temporada de lluvias hacen que el viaje cotidiano de los habitantes de esta zona de la ciudad sea, además de una odisea, una acostumbrada tortura.

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Tráfico en la Zaragoza, diciembre del 2015. Foto: Archivo de El Universal.

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Las inundaciones en la Zaragoza son comunes todos los años en época de lluvias. Si se recuerda que éste lugar fue el lago de Texcoco, parece lógico que tal fenómeno suceda. Un interesante relato de la travesía en estos días es este texto de la Revista Baladí: http://revistabaladi.com/2017/07/17/de-lluvias-y-travesias-urbanas/ Foto: Archivo de El Universal.

A pesar de todo, la calzada Zaragoza continúa funcionando, igual que permanece aquel monumento que conmemora el centenario de la Batalla de Puebla, mejor conocido como “El caballito”. Sin confundirse con el famoso Carlos IV ubicado enfrente del Museo Nacional del Arte, en la calle de Tacuba, este caballito mira desde su pedestal el diario transitar de esta avenida.

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El Caballito en la actualidad. La silueta de este monumento inspiró la imagen de la estación Zaragoza del metro.  Foto: Susana Colin.

Con la llegada del metro de la línea 9, el monumento fue cambiado de lugar sobre la misma calzada, unas cuadras hacia el poniente. Los vecinos de la zona dicen en broma que Zaragoza cabalgó hasta el lugar que ahora ocupa. Sorprende que la estatua no cuente con una placa que cuente su origen, quién fue su creador y cuál es su relación con la calle que lleva su nombre. Solo ostenta una placa del 2017 donde sobresale el entonces delegado de Venustiano Carranza.

Al mirar el abandono del monumento podría creerse que “El Caballito” se encuentra en el olvido pero no: es referencia importante para quienes transitan por esta calzada. Incluso, sin saberlo, muchos de ellos le guardan una especie de cariño. Así son los lugares del oriente de esta ciudad, una mezcla de belleza escondida en el polvo y el esmog de la rutina.

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Símbolo identitario y de referencia para todo aquél habitante del oriente que usa la calzada para llegar al trabajo o a la escuela. Foto: Susana Colin.

Nuestra fotografía principal es la calzada Zaragoza en los años 70, durante la ampliación de carriles. Al fondo, a mano derecha, el Peñón Viejo. Por otro lado, las fotos comparativas son del diario tránsito automovilístico por este camino 1981-2015. Todas pertenecen al archivo de EL UNIVERSAL.

Fuentes:
Entrevistas a Vianney Jiménez, Benita Ortiz, Juan Carlos Briones, Héctor Quiroz y Salvador García.
Hemeroteca y Fototeca de EL UNIVERSAL.
Mapoteca Manuel Orozco y Berra https://mapoteca.siap.gob.mx/
Barry Lawrence Ruderman Antique Maps https://www.raremaps.com/
Texcoco en el tiempo https://www.facebook.com/TexcocoEnElTiempo/
Revista Baladí http://revistabaladi.com/

 

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