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A 106 años de la muerte de José Guadalupe Posada

A pesar de haber sido sepultado en una fosa común, el nombre de Posada es uno de los más famosos del país.
Grabado de Leopoldo Méndez donde se ve a José Guadalupe Posada al interior del periódico “El Hijo del Ahuizote”, al fondo de sobresale el retrato de Ricardo Flores Magón; la obra se creó en 1953. Imagen tomada de la página digital del Art Institute Chicago.
16/01/2019
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Fotografía actual: Alejandra Arriaga/ Cortesía
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

 

El 20 de enero de hace 106 años falleció un personaje cuya creatividad e imaginación ha representado a México a nivel mundial a lo largo de varias décadas: José Guadalupe Posada. A pesar de que ahora su nombre nos resulta sumamente conocido, el grabador falleció alejado de toda fama. 

Posada nació el 2 de febrero de 1852 en el estado de Aguascalientes; era un apasionado del dibujo y gustaba de caricaturizar todo tipo de acontecimiento social, desde las fiestas populares hasta los encuentros o presentaciones políticas y aristocráticas.

En los inicios de su carrera solía copiar imágenes religiosas o fotografías para poder dar una sensación de paisaje en sus grabados. Fungía como ayudante de un taller de cerámica; ya para 1866 empezó a trabajar como aprendiz de litografía y grabado en el taller del maestro Trinidad Pedroza, quien lo inició en el oficio. Durante esos tiempos empezó a colaborar con revistas de la época donde publicaba ilustraciones satíricas de los temas de vanguardia.

Para 1872 se mudó a la ciudad de León, en Guanajuato y de acuerdo a la investigación que realizó la Colección Blaisten -una de las colecciones de arte moderno mexicano más importante del país-, fue ahí donde “realizó litografías y grabados en madera que ilustraban cajetillas de cerillos, documentos y libros”.

Quince años después llegó a la capital del país, instalando su primer taller en la calle de Santa Teresa y tiempo después lo trasladó a Santa Inés. Su talento y habilidad le permitieron integrarse como dibujante editorial en el taller de Antonio Vanegas Arroyo, para quien se presume realizó miles de ilustraciones; aunque también realizaba diseño tipográfico, es decir, las diversas formas visuales en las que se presentan las letras al interior de los textos.

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Portada de cancionero dedicado a Díaz, editado por el taller de Antonio Vanegas Arroyo. Colección Villasana - Torres. 

No hubo un tema que escapara de su mesa de trabajo: desde corridos populares, historias criminales, retratos caricaturizados, cuentos, chismes.

Asimismo, trabajó para publicaciones que estaban en contra del régimen porfirista como "Argos", "La Patria", "El Ahuizote" y "El hijo del Ahuizote" editado por Ricardo Flores Magón y sus hermanos. En sus trabajos solían aparecer animales ponzoñosos -como culebras y serpientes-, esqueletos o ángeles, que combinados con frases sarcásticas o irónicas, señalaban las problemáticas que dominaban el interés nacional.

Cuando estalló la Revolución, Posada se dedicó a ilustrar los acontecimientos para los diarios o panfletos que llegaban a las clases trabajadoras: a través de la gráfica daba a conocer los robos, las batallas y también todos los problemas que trajo consigo: la pobreza y la muerte.

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En el libro “Posada and mexican engraving” (Posada y el grabado mexicano) se encuentra esta página donde se ve que Posada realizó un grabado por la existencia de una fotografía, en este caso se capturó el fusilamiento de un grupo de zapatistas. Colección Villasana - Torres.

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Grabado que ilustra el desplazamiento de un grupo de personas durante la Revolución. Colección Villasana - Torres.   

Se dice que él definió el imaginario que se tiene del Día de Muertos, ya que a pesar de no ser el primero en hacerlo, su trabajo de ilustrar las famosas “calaveritas” fue el más conocido, hoy en día se pueden ver cientos de escenas donde esqueletos están haciendo “cosas” de gente viva: yendo por el pan, cometiendo delitos, estar con la pareja, bailando, bebiendo o, irónicamente, disfrutando la vida.

Una de las frases más célebres que se le atribuye es que “la muerte era democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acabaría siendo calavera.

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“¡Ni aquí te olvidaré!....” Imagen del Fondo Francisco Díaz de León.

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“La calavera oaxaqueña”, Imagen Colección Blaisten.

De acuerdo al texto elaborado por la Colección Blaisten, el trazo de Posada “era según el mensaje que quería transmitir; puede ser difuminado, suave y armonioso, sobre todo en escenas cotidianas y anuncios, o duro y grueso usando líneas encontradas, que transmiten la tensión del asunto violento y de la denuncia. Los personajes, apoyándose de los textos chuscos y venenosos de las noticias, se muestran entonces mezquinos, cobardes, dignos o cómicos, según sea el caso. Es una experiencia adentrarse a las obras de Posada, ya que inevitablemente provocan la risa, la curiosidad, el horror y la indignación”.

El trabajo de Posada ha sido investigado por decenas de expertos,  Héctor Olea, en Supervivencia del litógrafo José Guadalupe Posada, consideró “un aproximado de 9 mil grabados elaborados en la Ciudad de México”. A Posada se le considera un ícono de la cultura mexicana ya que su trabajo sobresalió en una época donde ninguna expresión artística podía tocar libremente los temas populares. La generación de muralistas encabezada por Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros lo consideraron un precursor para que ellos pudieran pintar la realidad nacional -cada uno con su ideología y su estilo-.

El fin de semana visitamos el sitio donde solía estar su taller sobre la calle de Moneda, que sorpresivamente nos recibió libre de puestos ambulantes. Al exterior del inmueble donde se encuentra una placa que fue instalada por la UNAM en la que se le hace un homenaje luctuoso, abordamos a transeúntes y les preguntamos si conocían al famoso grabador.

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Placa conmemorativa que fue instalada por la UNAM en los 50 años de la muerte del grabador.

La mayoría nos dijo que el nombre les “sonaba” y casi de inmediato lo relacionaban con “La Catrina”: después de mostrarles una foto donde se ve al grabador al exterior de su taller y de comentarles que, además de haber realizado a la famosa “Catrina”, el artista también se dedicaba a elaborar diversas caricaturas los peatones nos sonreían y se despedían de nosotros diciendo “gracias por la información”.

Nos acercamos a una locataria que estaba justo a lado de la placa, quien nos dijo que su nombre era Laura; le mostramos la foto del grabador y nos dijo que no lo conocía y que nunca había leído la placa: “uno viene a trabajar, pero para que esté la placa quiere decir que fue alguien importante ¿no?”.
 
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Calle Moneda, 20.

Laura se quedó sorprendida cuando le contamos que José Guadalupe Posada murió en la pobreza y probablemente con una gran depresión, ya que su esposa e hijo habían fallecido antes que él. El cuerpo del artista fue enterrado a lado de otras decenas de personas en una fosa común en el Panteón de Dolores.

Al despedirnos de Laura volvimos a caminar sobre Moneda, imaginándonos cuántas veces Posada había visto ese escenario: una calle llena de comercio, con el bullicio que hasta hoy caracteriza al Centro Histórico y que quizá, en una libreta, estaría esbozando a algunos “danzantes” o vendedores, cuyos cuerpos serían únicamente representados por su esqueleto.

Nuestra imágen principal es un grabado de Leopoldo Méndez donde se ve a José Guadalupe Posada al interior del periódico “El Hijo del Ahuizote”. Al fondo sobresale el retrato de Ricardo Flores Magón; la obra se creó en 1953. Imagen tomada de la página digital del Art Institute Chicago.

Por otro lado, la fotografía comparativa antigua muestra a José Guadalupe Posada posando afuera de su taller en el Centro Histórico. Colección Villasana - Torres. La actual fue tomada por Alejandra Arriaga/ Cortesía.

Imágenes antiguas: Colección Villasana - Torres, Colección Blaisten, AGN.
Fuentes: Colección Blaisten, Archivo General de la Nación.

 

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