Temascaltepec, Méx.— Un grupo de mujeres matlatzincas de San Francisco Oxtotilpan luchan por rescatar la vestimenta tradicional de esta etnia, que se elabora con telar de cintura.
Aseguran que este trabajo las distingue del resto de las comunidades indígenas del Estado de México, al señalar que es una de las alternativas que encontraron para que no desaparezca esta población que cuenta con mil habitantes.
María Martínez Molina, una de las integrantes del Colectivo Techiti, platica que son víctimas de discriminación, incluso dentro de su propia localidad; las juzgan, dicen, por ser mujeres independientes y trabajadoras y, además, dudan de la veracidad de la investigación que realizaron para retomar el tejido originario de las fajas, chincuetes, cinturones, pulseras y aretes.

Perteneciente al municipio de Temascaltepec, la joven de 25 años relata que surgió el interés de realizar este trabajo cuando distinguieron que cada vez son menos los pobladores que hablan el idioma y desconocen su cultura, los hábitos y las raíces de su comunidad.
Mientras teje un chincuete (una falda larga de lana de diversos colores) comenta que no ha sido fácil convencer a sus hijos de mantenerse en la lucha y continuar portando estas piezas, que en el caso de las mujeres van acompañadas por blusas bordadas: el quexquémetl y la faja, para sostener la falda, pues hay personas que se burlan.
Afirma que el principal reto fue aprender hacer la prendas y ahora ser aceptadas por el pueblo. “Muchos dicen que no son las originarias o que nuestros productos no son artesanales”. Narra que el chincuete tiene más de 90 años que desapareció de su comunidad y, para los hombres, tejen el gabán, la faja que casi siempre es roja, además de confeccionar el traje de manta
“Los Matlatzincas estamos en peligro de desaparecer, ya no existimos y con este trabajo hacemos presencia a través de la indumentaria y tratamos de mantener vigente nuestra lengua”, comenta.
Para lograr que sus productos destaquen, buscan apoyo en diversas instituciones gubernamentales. El proyecto inició con 40 personas, pero tras 10 años de trabajo sólo quedan unos cuantos.
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