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Piden justicia para Celene, asesinada en tienda de Reforma 222

A diez meses del asesinato y a pesar de la serie de pruebas que la familia ha presentado en contra de su agresor, el feminicidio de Celene no ha sido castigado

víctima de feminicidio en Reforma 222
Fotografía: Especial
Metrópoli 15/01/2019 16:33 Tanya Guerrero/ El Gráfico Ciudad de México Actualizada 17:00
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Lunes, plena luz del día, segundo piso del centro comercial Reforma 222. Óscar "N", de 35 años, ingresa a la tienda Nine West y dispara en cuatro ocasiones a Yéssica Celene Hernández Mujica, madre de un niño de tres años, hijo de su agresor.

La quinta bala que salió de la pistola nueve milímetros fue con la que el hombre intentó suicidarse —sin éxito—, en esa misma boutique donde Celene trabajaba desde tres años atrás.

A diez meses del asesinato y a pesar de la serie de pruebas que la familia ha presentado en contra de éste hombre, el feminicidio de Celene no ha sido castigado.

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Ese 19 de marzo de 2018, reporteros, elementos de la SSP y paramédicos no tardaron más de 15 minutos en llegar al centro comercial donde sucedieron los hechos.

Alrededor de las tres y media de la tarde, a unos metros del cuerpo en agonía de Celene, se encontró el de Alejandro. Entre su ropa, una nota escrita a mano que decía: “No vas tu a destruir mi vida y después como si nada. Por puta te paso esto” (sic).

Cuatro horas después, la joven de 28 años murió en el quirófano a causa de dos balazos mortales que recibió en tórax y abdomen. La bala que Óscar Alejandro reservó para sí mismo, entró por la barbilla y salió por arriba del ojo.

De inmediato fue llevado al hospital Rubén Leñero e inducido al coma para lograr que su cerebro se desinflamara. El jueves de esa semana fue dado de alta y trasladado al Reclusorio Norte para comenzar con un proceso legal que avanza lento.
 

El próximo 22 de enero, en el Juzgado 8 del Reclusorio Norte se realizará una audiencia para desahogar uno de los distintos amparos que Óscar Alejandro ha solicitado.

A pesar de que existe la “carta póstuma” y el antecedente del intento de suicidio, en su momento el imputado pidió una revisión de pruebas argumentando que ninguna lo incrimina directamente. Este amparo no procedió, así que el siguiente martes se determina si el hombre puede ingresar pruebas que lo muestran como alguien “inestable” emocionalmente justificando con esto lo que hizo, a partir de supuesta información que él encontró en el teléfono de Celene. Si esto procede, se abriría de nuevo la investigación.

El imputado cuenta con antecedentes penales y tres ingresos al Reclusorio en 2002, 2004 y 2012 por robo, robo en pandilla y robo de auto. En todas las ocasiones salió libre.

Hace cuatro años, Óscar Alejandro y Celene se conocieron en una parada de Metrobús, tuvieron una relación pero nunca se casaron, ni vivieron juntos. De hecho, ese fue el pleito que acompañó a la pareja mucho tiempo.

La mañana del feminicidio, Óscar Alejandro fue a casa de Celene para recoger a su hijo, a quien veía sólo los fines de semana; pero ese día, aunque era inhábil, Celene tenía que trabajar, por eso el hombre estaría con el niño.

Ahí fue cuando comenzó una discusión en la que Óscar Alejandro amenazó a Celene con quitarle al pequeño. La insultó, la golpeó y la encerró en el baño. Ella le envió un mensaje su tía, quien le marcó a un vecino para que ayudara a la joven. Cuando Óscar Alejandro vio que el vecino llegó, se marchó.

La custodia del niño, según familiares, era el pretexto para reñir porque el hombre lo que en realidad quería, era que Celene hiciera una vida con él. Antes de mediodía, Yéssica Celene llevó a su hijo con su tía para que se lo cuidara mientras ella iba a trabajar. Entraba a las 11 de la mañana y no podía faltar, pese a la insistencia de su familia para que en ese momento iniciara una denuncia.

Celene tenía pensado pedir permiso en su trabajo para salir antes de su hora y dejar antecedentes de la agresión de Óscar Alejandro. Incluso, habló con su mamá para que recogiera a su hijo.

Esa tarde, la hija única, la chica alegre de enorme sonrisa, la divertida, la que salía con sus sobrinos y su hijo a jugar, la entrañable de la abuela Zelisa, la favorita entre los 25 nietos, fue asesinada por el mismo hombre que durante tres años no la dejó vivir tranquila.
 

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