Los ostiones son un alimento para paladares exquisitos, no porque sean caros o porque se consideren un producto lujoso, sino porque tienen un sabor y una textura diferente al resto de moluscos que encontramos en el mar.
Estas “joyas marinas”, altamente nutritivas y versátiles dentro de la gastronomía, reflejan la diversidad del ecosistema donde se cultivan y recolectan.
De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de México, en su sabor influyen características como la salinidad, minerales, temperatura del agua y hasta las corrientes, lo que comúnmente se conoce como merroir -el equivalente a terroir en el vino-.

Pero hay mucho más por conocer sobre dicho producto.
En el mercado es posible encontrar diferentes tipos de ostiones; en México, principalmente se cultivan las especies japonés, americano, de mangle, de roca y de placer. Debido a esa riqueza, también son motivo de encuentros culinarios y turísticos.
Por ejemplo, el pasado 25 de abril se llevó a cabo la sexta edición del Festival Gastronómico del Ostión de Tehuamixtle, municipio de Cabo Corrientes, en Jalisco. Este evento reunió a productores locales, así como cocineras y cocineros, para impulsar la gastronomía del Pacífico mexicano y promover el aprovechamiento sustentable de los recursos marinos en la comunidad.
A esta zona costera del Pacífico se le reconoce por la calidad y tamaño de sus ostiones; según la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) pueden llegar a medir entre 7 y 10 centímetros de largo. Y de hecho, en festivales como el de Costalegre, se realizan subastas con las pescas más grandes.
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Los estados con mayor producción son Baja California, Veracruz, Sonora, Sinaloa y Tabasco, pero aquí ocurre un momento clave: la veda. Dichos periodos son fijados por Conapesca, con la opinión técnica del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables, para asegurar que los recursos del mar no se agoten y puedan seguir aprovechándose en el futuro.
La veda depende de la especie y región; por ejemplo, en el mes de abril arrancó la veda del ostión de roca en Tabasco, y esa prohibición se extenderá hasta el 31 de mayo de 2026.
Sin embargo, como guía general, el calendario de veda temporal fija establece que:
En términos de calidad, la veda tiene un impacto directo en lo que llega al plato. Durante ese lapso, el ostión puede reproducirse y seguir su ciclo natural sin presión de extracción, garantizando una mejor textura, un sabor más limpio y una frescura natural.
Para saber si un ostión es de calidad, lo primero que se debe de revisar es que las conchas estén cerradas y húmedas. De igual manera, en el exterior se debe apreciar una concha limpia y sin grietas.
Ya en la carne, elementos como el olor y la textura son claves. Los ostiones frescos expiden un aroma a mar ligeramente salino; por el contrario, los aromas penetrantes, como amoníaco o pescado podrido, suponen un producto descompuesto.
Al abrirlo, la carne debe lucir con un color vivo y textura viscosa, sustancia que es una parte natural de su anatomía y que puede ingerirse sin que represente un riesgo, salvo que presente una textura grumosa o un olor a podrido.
Cuando son productos de calidad, estos moluscos suelen comerse crudos o “rasurados”, acompañados de sal, jugo de limón y salsa. Aunque, tal como se vivió en la muestra de Tehuamixtle, otras opciones para disfrutarlos son rockefeller, zarandeados, a la parrilla, ponchados y ahumados.
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