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Esta semana Google tuvo que echar atrás su iniciativa en Maps que indicaba a los usuarios cuántas calorías podrían quemar al ir de un punto a otro caminando.
Lo que inicialmente parecía una buena campaña para invitar a los usuarios a caminar en lugar de usar el auto o transporte, resultó en una reacción negativa pues muchos la consideraron un peligro para quienes tienen o están cerca de padecer un desorden alimenticio.
El argumento es que Google no solo mostraba la calorías, sino que las relacionaba con mini cupcakes e incluso mostraba una imagen de los panquecitos.
Aunque la empresa afirmó que se trataba de una medida arbitraria, hubo quien la calificó de tener tintes machistas, pues el diseño del cupcake, cuyo color predominante era el rosa, hizo creer a algunos que dirigían el mensaje al público femenino.
Dado que las personas tienen un metabolismo diferente y que, en especial las mujeres, se encuentran bajo una presión social respecto a su peso, los usuarios consideraron que incluir esta herramienta podía provocar hábitos dañinos.
Pero este no ha sido el único caso en que se cuestiona el papel de la tecnología en el fomento de trastornos alimenticios. Investigadores han analizado el peligro de las redes sociales en especial cuando se permite el uso de etiquetas como 'bonespiration' ('inspiración ósea') que alababa las imágenes de personas a las que se les marcan los huesos en sus clavículas, costillas o caderas.
De acuerdo con los especialistas este tipo de fotografías idealizan los cuerpos extremadamente delgados y promueven estereotipos que pueden llevar a los usuarios, en especial a los jóvenes a caer en diversos trastornos alimentarios como bulimia y anorexia.
Ante este tipo de problemas los responsables de Instagram han prohibido etiquetas como 'proana' o 'thighgap' ('a favor de la anorexia' y 'espacio entre los muslos', respectivamente) desde hace cuatro años.
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