Ciudad Juárez.— En una de las zonas más representativas del Centro Histórico de Cuidad Juárez, donde se juntan la calle Ignacio Mariscal y Ugarte, se encuentra un pequeño lugar creado por rarámuris, que lleva por nombre Las Tres Marías.

El espacio, donde se venden los tradicionales burritos y gorditas de maíz de diversos guisos, nació con la intención de darle empleo a personas de la comunidad rarámuri que en esta frontera eran víctimas de discriminación y no lograban conseguir trabajo.

Marisela Bautista, una de las encargadas del lugar, cuenta a EL UNIVERSAL que en el local llevan alrededor de ocho años; sin embargo, son más de 16 años los que tienen vendiendo alimentos, como una forma de emprendimiento.

“Al principio fue porque a mi papá le gustaba mucho ayudar a la gente y como vivíamos en una comunidad y era mucha la discriminación y no encontrábamos trabajo, —porque mucha gente desconfía de uno—, así se empezó un equipo de cuatro equipos que se rotaban por semana, una semana le tocaba a uno, otra al otro y así fue que comenzamos”, cuenta.

Marisela explica que su familia y ella habitan en la colonia Tarahumara de Ciudad Juárez, pero sus padres son originarios de la comunidad de Norogachi en el municipio de Guachochi, Chihuahua.

Ella nació hace 34 años en la capital del estado, donde en un inicio sus padres trabajaban en un rancho, y cuando ella tenía cinco años llegaron a esta localidad para buscar un mejor porvenir.

Aunque creció en Juárez, tanto ella como sus hijos y sus compañeras de trabajo continúan usando sus vestimentas típicas rarámuri en el local donde ofertan sus alimentos, pues asegura se siguen sintiendo orgullosos de lo que son y de dónde vienen.

“Uno se siente orgulloso de traer su vestimenta, de hablar el idioma, aunque desgraciadamente ahorita los muchachos ya están perdiendo el hablar el idioma, se está perdiendo poco a poco, porque muchos a la vez ya no quieren hablar y porque aquí es puro español”, dice en entrevista.

Al inicio, detalla que no había mucha venta, y como todo negocio, batallaron en lograr darse a conocer y que las personas acudieran a comprarles.

Ahora el espacio tiene sus propios clientes y los ubican por ser un lugar donde los rarámuris ofertan su comida y tradiciones.

“Al principio sí estaba un poquito mal, pero poco a poquito con la ayuda de que se da a conocer, poco a poquito la gente se ha ido enterando, porque muchos no sabían que existía este lugar”, afirma.

Para Marisela, el tener este espacio para ella y demás mujeres e integrantes de la comunidad rarámuri la hace sentir orgullosa, ya que gracias a su padre, —quien hace poco falleció—, que inició el negocio, ahora, con su esfuerzo, logra sacar adelante a sus tres hijos.

“Él fue quien inició con esto, pensando en dejar algo a la comunidad, aunque a muchos se les hace pesado el trabajo. Fue mi papá quien nos impulsó y seguimos en esto todavía”, agrega.

De sol a sol

En el pequeño espacio donde está ubicado Las Tres Marías, el trabajo inicia desde muy temprano y concluye ya muy tarde, y todo es realizado por las mismas mujeres que lo atienden.

A decir de Marisela, el local se abre a las 7 de la mañana, pero la comida se empieza a elaborar desde antes de las 5 de la mañana, ya que, además de que se encargan de comprar los alimentos, les toca picar y guisar cada uno de los platillos que ofrecen.

“Aunque estamos en la ciudad el sazón ya es más mezclado, se usa más carne porque allá [en la sierra] casi no se consume carne”.

El lugar abre de lunes a domingo de 7 de la mañana a 5 de la tarde, y son cuatro trabajadoras las que están atendiendo, más quienes cocinan, todas de origen rarámuri.

Al entrar, hay un espacio donde se ofertan hierbas tradicionales, aceites, ungüentos, ropa rarámuri, pulseras, huaraches y demás artículos típicos de las comunidades.

Más al fondo, está la cocina y el comedor, donde se ofrecen a los comensales gorditas de maíz y harina, así como burritos; la tortilla y la gordita es hecha por ellas mismas en el momento.

A este espacio llegan a comer habitantes de Juárez, pero también visitantes de El Paso, Texas y Las Cruces,

“Vengan a probar a conocer un poco de la cultura de nosotros. A veces vienen y nos piden que les enseñemos de rarámuri y les enseñamos el idioma y les ofrecemos lo que vendemos”, invita Marisela.

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