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La Paz.— Martina Aguilar Liera vive en la comunidad de El Dátil, en el municipio de Mulegé, donde para llegar desde La Paz hay que manejar siete horas en vehículo de doble tracción, porque al menos tres de ellas serán sobre tierra.
En El Estero (como también le conocen por ser un campo pesquero) no hay electrificación ni agua potable, y en medio de las carencias añejas, enfrentan al Covid-19 como pueden y con auxilio de poblaciones vecinas.
Allí la vida es compleja y cansada. No tienen electrificación y deben ir a comprar agua a comunidades vecinas, porque no tienen sistema. Tampoco cuentan con consultorio, ni farmacia, ni un médico de planta.
Martina trabajó 26 años auxiliando a las caravanas de salud y a los habitantes con curaciones, toma de signos vitales, incluso, en su domicilio.
En entrevista, platica que a El Dátil, como a varias más rancherías y campos pesqueros, la información llega tarde, y no se diga la atención médica.
El servicio de telefonía e internet es deficiente, y pueden pasar horas sin comunicación. Por eso es que cree que mucha gente incluso sigue pensando que el Covid “no existe” y que es una gripe más fuerte.
“Necesitamos que algún personal médico o alguna autoridad esté aquí mientras pasa todo esto. Alguien que les diga y les explique a los que no creen del Covid. Alguien que ponga orden. Muchos me preguntan qué hacer o me dicen que les ayude, pero no puedo yo, tiene que ser una persona capacitada que vea por los enfermos y oriente a la gente”, finalizó.
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