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Apatzingán.— María Aurora tiene 23 años y ya perdió todo: el rancho de su familia, la huerta y, principalmente, a su padre, quien falleció en un ataque con explosivos perpetrado por el Cártel Michoacán Nueva Generación en la localidad de Las Anonas. Su madre está desaparecida.
Hasta esa zona, donde convergen los municipios de Apatzingán y Aguililla, no habían podido acceder por tierra las autoridades.
Además del control social que tiene en la zona ese bloque criminal —integrado por el Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Viagras y Blancos de Troya—, los campos están sembrados con explosivos.
La joven, jornalera en las huertas de limón de su familia, dice a EL UNIVERSAL que su vida cambió por ese ataque. “Yo estaba en la huerta. Había ido a pagarle a los cortadores cuando escuché los zumbidos de las balas y los bombazos. Miré a los cortadores que corrían, todos nos metimos a un tejadito y esperamos hasta que se dejaron de escuchar los disparos”, relata.
Cuando María Aurora buscó llegar a su casa, otros pobladores le dijeron que su padre había muerto, que los criminales habían tomado el rancho y habían invadido las casas; tuvo que huir sin encontrar a su madre.
La joven y el resto de pobladores fueron auxiliados por personal militar y de la GN, quienes cuando intentaron ingresar hallaron un campo lleno de explosivos.
Dentro del Plan Michoacán, las fuerzas federales tienen tres equipos para detectar y desactivar explosivos, lo que ha permitido avances en operativos.
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