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Coatzacoalcos.— El centro de este puerto veracruzano despertó desde las ocho de la mañana con el trajín de comerciantes formales e informales que provocan el caos diario, como si nada hubiera perturbado la normalidad, como si 29 personas no hubieran sido asesinadas y como si decenas de familias no estuvieran por enterrarlas en unas horas.

Son las pláticas en cafés y taxis, así como las noticias en redes sociales y diarios locales las que explican por qué marinos patrullan las avenidas principales de la ciudad y dan dimensión a la tragedia: la masacre en el centro nocturno El Caballo Blanco es el peor ataque que han visto los habitantes de este puerto.

Sólo la colonia Benito Juárez Norte, de las más peligrosas de Coatzacoalcos, despertó con su rutina trastocada. Por la mañana de ayer, 12 cuadras, sobre la calle Román Marín, fueron acordonadas para que peritos de la Fiscalía General de la República (FGR) realizaran las diligencias en el interior del bar que ayuden a determinar qué pasó esa noche que El Caballo Blanco se convirtió en infierno.

Fue este protocolo el que alteró a los vecinos de la zona, quienes cambiaron su ruta durante más de ocho horas y prefirieron mantener abajo las cortinas de sus comercios.

El local mostraba los rastros del fuego. Desde la calle los fotógrafos lograban ver las partes ahumadas del interior. Según los primeros peritajes, la mayoría de las víctimas murieron por asfixia debido al denso humo que provocaron las llamas iniciadas por el grupo armado. Pocos lograron empujar la salida de emergencia y salvar la vida.

Mientras se analizaba la escena del crimen, en la colonia Guadalupe Victoria, unos 15 elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) blindaban las calles que rodean la delegación de la Fiscalía General de la República (FGR). En el interior, un mando aseguró que se hallaban dos sujetos detenidos en la colonia Jardines de California, presuntamente relacionados con el ataque. No dio más detalles, no estaba autorizado. Y tampoco nadie informó los resultados de los operativos implementados desde la masacre.

Sólo las autoridades municipales informaron que durante la madrugada se entregaron 26 de los 29 cuerpos de las víctimas a los familiares, tras peregrinar y aguantar la burocracia por más de 12 horas en la Unidad Integral de Procuración de Justicia del estado. Desde las ocho de la noche del miércoles y hasta la mañana de ayer, las familias recibieron los cuerpos en los servicios forenses de Cosoleacaque, a 40 minutos de esta ciudad portuaria, pues el Semefo de Coatzacoalcos no estaba en condiciones, sólo atendió cinco cuerpos.

Los tres cadáveres que no se entregaron son los de los dos marinos filipinos Brayan Varrón Garciano y Natanhiel Alidan Apolot, porque hay procesos a revisar con la embajada. Serán entregados a la agencia naviera Veitia.

Tampoco había sido entregado el cuerpo de Vanessa Cruz Hernández, la cajera del bar y madre de familia que murió en el Hospital de Especialidades en Veracruz, por tener quemaduras en 90% del cuerpo.

Diez carrozas. Pasadas las dos de la tarde, 10 carrozas fúnebres se arremolinaron en la entrada del Panteón Antiguo de este puerto. Enfilados, cada féretro esperó su turno para ingresar seguido de amigos y familiares, todos cargados de flores, música, oraciones y aplausos.

Cinco funerarias del puerto de Coatzacoalcos y Minatitlán se organizaron para donar cada una un ataúd a las víctimas más pobres, entre ellas Erick Hernández Enrique, y Xóchitl Irineo Gómez, trabajadores de El Caballo Blanco que murieron en el lugar: él, DJ, y ella, bailarina.

Del resto de víctimas, un cuerpo fue trasladado a Oaxaca, otro a Tabasco, un tercero a la localidad de Jesús Carranza y un cuarto a Las Choapas. Otros fueron sepultados en el panteón Jardín y también hubo cremaciones. El último de los féretros arribó con la noche encima, cerrando la jornada dolorosa para 29 familias que exigen justicia. EL UNIVERSAL Oaxaca

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