Tras la oración, la imagen se limpia con algodones y aceites naturales, en medio de cantos ancestrales proclamados por cuatro mayordomos y el párroco de la iglesia de Oxolotán.
Durante la purificación del Cristo, las mujeres y los niños no pueden mirar su cuerpo ni manipularlo. Son los hombres más longevos quienes se ocupan de envolverlo y dar comienzo al Viacrucis.
Finalmente, el Santo Sepulcro vuelve a ser colocado en su ataúd. A los fieles se les reparten los algodones que estuvieron en contacto con el Cristo, y son guardados como promesa de pronta sanación.

sin interrupciones.
sin límites.