Celebran Navidad de "El Niño Florero" en Chiapas

El infante "nació" anoche en un pesebre de de flores de “Niluyarilu", que son consideradas sagradas, misma que durante siete días peregrinos buscaron, recolectaron y transportaron en sus espaldas de las montañas de los Altos de Chiapas

Nicho del "Niño Florero
Foto: especial
Estados 25/12/2018 17:01 Óscar Gutiérrez / Corresponsal Actualizada 17:51

Chiapa de Corzo, Chiapas.- Al ritmo sonoro del tambor y el pito, católicos celebran la Navidad con la devoción a "El Niño Florero" en el convento de Santo Domingo, una tradición sincrética indígena y cristiana que se remonta antes de la fundación de esta ciudad en 1528.

El "Niño Florero" nació anoche en un pesebre de flores de “Niluyarilu” (La flor sagrada) que durante siete días peregrinos buscaron, recolectaron y transportaron en sus espaldas de las montañas de los Altos de Chiapas.

La antigua sacristía del convento de Santo Domingo, ubicado a la orilla del río Grijalva, alberga la imagen de la Sagrada Familia y el "Niño Florero" en el centro de la adoración.

La gente acude desde anoche, cuando se produjo el alumbramiento. Rinde culto con música de tambor y pito. Sones y zapateados no dejan de escucharse, se combinan a todas horas con  la ejecución de artistas locales de la cabecera municipal y de las comunidades.
img-20181225-wa0094.jpgFoto: Especial

La víspera de la natividad del "Niño Florero", un grupo de jóvenes devotos alentados por la fe cumplieron la manda del “Niluyarilu”, que consiste en un viaje a pie de consagración de siete días a las montañas de Mitzitón, en San Cristóbal de las Casas, donde recogieron y trasladaron el tubérculo para construir y decorar el altar-pesebre.

El "Niño Florero" y “La flor sagrada” es una mezcla de creencias cristianas y cosmovisión de pueblos originarios. La tradición oral tzotzil recrea que un día llegó a la laguna de Navenchauc, en el municipio de Zinacantán, una pareja con un recién nacido.

Dejaron al niño sobre un árbol, previó acuerdo de que el hombre se convertiría en el sol para darle calor al pequeño, y ella en la luna  para resguardarlo en las noches. Se introdujeron al agua, mientras el menor los despedía agitando sus manos y se transformaba en el “Niluyarilu”; por ello la flor parece una mano pequeña, cuentan.
img-20181225-wa0100.jpgFoto: Especial

Don Tomás Nigenda Sánchez, patrono de los floreros, hace 25 años, con su devoción de medio siglo al "Niño Florero", relata que la devoción es sacrificio, pero también alegría porque el "Niluyarilu”, con sus colores rojos intensos, manifiesta la alegría, el renuevo de la vida.

El "Niño Florero" es una tradición y aportación que nos une en la convivencia, el respeto y la tolerancia, por ello sus peregrinos están convencidos y acuden preparados para soportar el cansancio, el hambre, la sed y el frío intenso de las montañas para cumplir la manda, afirma el creyente.

Con los bultos de “Niluyarilu”, en los hombros, después de recorrer 60 kilómetros bajo las inclemencias del clima, los floreros volvieron el viernes a Chiapa de Corzo. De inmediato, con la ayuda de la iglesia, iniciaron la construcción del pesebre.

Don Tomás, de 69 años, albañil retirado, viajó en búsqueda de “La flor sagrada” por más de 40 años, hasta que hace cinco una enfermedad de las rodillas le restó movilidad.

El fervor de sus creencia no cesó, ahora su labor en la celebración es supervisar de primera mano, la elaboración y el decorado del nicho del "Niño Florero", que la noche de este 25 de diciembre tendrá su segundo nacimiento en su vivienda del barrio San Francisco.

mpb

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