Así se vive en un pueblo de Oaxaca blindado ante el Covid-19

Habitantes de San Dionisio del Mar buscan evitar que llegue el Covid-19, por lo que han tomado sus precauciones

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Estas artesanas ya sufren las consecuencias económicas, al ver suspendidas las ventas con sus principales clientes en otros estados. Foto: ROSELIA CHACA. EL UNIVERSAL
Estados 03/05/2020 01:12 Roselia Chaca / Corresponsal Actualizada 05:24
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San Dionisio del Mar, Oax.- Marcos y María son un joven matrimonio que hace una semana no pudo evadir el filtro sanitario instalado en la entrada de San Dionisio del Mar como una forma de contener la pandemia que, lentamente, se expande en territorio oaxaqueño.

Ambos volvían de Monterrey, Nuevo León, luego de perder sus trabajos a consecuencia de la contingencia sanitaria. Al llegar, una enfermera los recibió en el retén a ellos y a una docena más, pues la pareja  forma parte de las 50 personas que han llegado a la comunidad y están aisladas en sus casas bajo vigilancia del consejo de salud de este municipio indígena.  

Con 5 mil 951 habitantes, San Dionisio del Mar es la segunda comunidad ikoots (huave) más grande del Istmo de Tehuantepec.

Aun así, es pequeña y muy difícil de controlar política y socialmente, por eso  algunos jornaleros que retornaron por la pandemia hace algunas semanas, de ciudades como Monterrey, Cancún y Ciudad de México, lograron escabullirse entre veredas y por las noches para evitar la revisión sanitaria que está instalada en la entrada de la población.

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A pesar de ello, la comunidad sigue sin registrar ningún caso de ese virus que vino de lejos. San Dionisio fue el primer municipio de la región que instaló un retén sanitario para controlar el flujo de visitantes, pues se colocó desde el 1 de abril.

Desde ese punto se impide la entrada de personas que buscan acceder a las playas, se detecta  a los jornaleros y obreros que están regresando del norte del país,  a quienes se  les invita a pasar con el consejo de salud para valorar su estado y aislarlos por 15 días; también, desde ahí se decomisa la cerveza que entra de contrabando, pues en el pueblo se impuso la ley seca.

Aunque Marcos y María no presentan ningún síntoma, este matrimonio respeta las indicaciones de la autoridad: no salen de sus casas y esperan pacientes a que la crisis pase, sobre todo porque los ahorros que tienen no les van a alcanzar para mucho.

Ella atendía una farmacia y él era obrero en una construcción. Un mes después de perder sus trabajos, como  pudieron, salieron con un grupo de paisanos de regreso a este pueblo del mar.

“Este domingo se nos levantará el aislamiento, estaremos limpios. Aunque no teníamos síntomas de nada, respetamos, porque esa fue la condición para entrar al pueblo. Aquí estaremos hasta que todo pase, porque el trabajo lo tenemos allá, por eso nos fuimos hace dos años, a probar suerte en el norte”, explica Marcos.

 Nidardo López Castellanos, consejero de Salud de San Dionisio, reconoce que ha sido muy difícil controlar la entrada de los jornaleros, porque algunos han burlado el filtro y por las noches entran por caminos alternos, pero que ya se tienen identificados  y se les ha invitado a visitar el Centro de Salud para una revisión de rutina y respetar el aislamiento. 

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“Afortunadamente, no tenemos ni un caso sospechoso en San Dionisio, se está poniendo atención a los que regresan al pueblo desde el filtro y se aíslan. En este módulo no se  impide el paso a nadie de la comunidad, ni a los de Santa María del Mar, sólo a los visitantes que buscan llegar a las playas”.

El autobús comunitario circula todos los días porque nuestra gente se abastece en Juchitán o trabajan allá, hay paso para los comerciantes que surten de productos”, explicó la presidenta del Consejo Ciudadano, Teresita de Jesús Luis Ojeda, pues en este momento no hay presidente municipal.

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Debido al cierre de caminos, muchos han optado por ingresar a las comunidades de noche y por el monte, para evitar la revisión sanitaria que está en la entrada de la población. Foto: Cortesía
 

Datos de la Secretaría de Gobernación (Segob) indican que en Oaxaca, al igual que en San Dionisio del Mar, 147 municipios —de los 570 que existen en el estado— han instalados filtros sanitarios e incluso limitado los accesos a sus comunidades, como una forma de mantenerse aislados ante la emergencia sanitaria.

Aunque el gobierno federal señala que estos filtros podrían violar derechos humanos, como el de libre tránsito, e incluso podrían exponer a los vigilantes al contagio, el propio gobernador Alejandro Murat dijo en entrevista con EL UNIVERSAL que una de las estrategias que ha facilitado que Oaxaca se mantenga con los casos controlados es que las comunidades han instalado filtros exitosos para evitar que los contagios lleguen a su territorio.

“Los cercos sanitarios que han realizado los municipios han sido exitosos, muchos por nuestras costumbres de asamblea [Usos y Costumbres]. La estrategia hasta hoy ha permitido que Oaxaca se encuentre en un rango bajo a nivel nacional y el objetivo es mantenerlo así en la etapa crítica de las próximas tres semanas”, señaló. 

Los otros daños del Covid-19

Pero aunque el virus no está atacando físicamente a los habitantes y los filtros sanitarios han impedido su entrada a San Dionisio, sí ha dañado la economía a un buen grupo de mujeres artesanas que viven de las cintas que elaboran con palma real que se utiliza para hacer sombreros en Puebla. 

Aura Muriel Velásquez y su madre, Luciana Velásquez Pérez, viven de la palma, pero desde hace 15 días la acaparadora de las cintas que elaboran les dijo que no les iba a comprar por un tiempo, al menos hasta que la contingencia sanitaria pase, pues el comprador, una empresa de Tehuacán, Puebla, cerró sus operaciones y suspendió sus adquisiciones  en Juchitán, Unión Hidalgo, Chicapa de Castro y San Dionisio del Mar. 

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Para estas dos mujeres ikoots, el golpe que les está dando el coronavirus ha sido duro, porque con los 10 rollos de cintas de palma de 12 metros que elabora Luciana en una semana podían adquirir, a través del intercambio en una tiendita, productos básicos como maíz, aceite, frijol, arroz, azúcar.

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En los filtros sanitarios instalados en San Dionisio del Mar se realiza una pequeña entrevista y se lleva un registro de las personas en aislamiento. Foto: Cortesía
 

Aunque por el momento ya no hay nada de eso: “Las 10 cintas tienen un costo de 65 pesos más o menos, que después yo cambio por productos para una semana, pero desde hace 15 días ya no tenemos ni eso, así que las cintas se están acumulando, pero ¿y si no llega pronto el comprador? Somos muchas mujeres en el pueblo que vivimos de la palma”, comenta Aura con preocupación.

 Pese a ello, estas mujeres ven una ventaja en todas estas restricciones de acceso: como no saldrán de San Dionisio, pues no hay necesidad y todo lo encuentran aquí, por lo que   no temen ser contagiadas por el virus que amenaza al mundo.

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