En 2009, el nombre de Eleonor Alejandra Marín apareció en los medios mexicanos después de que robara a una recién nacida del Hospital General de México para hacerla pasar como su hija.

La historia tenía todos los elementos para convertirse en nota roja: Marín Mendoza, trabajadora administrativa del hospital, fingió estar embarazada durante meses, aumentó de peso para sostener el engaño frente a su familia y, cuando llegó la fecha del supuesto parto, salió del lugar con una bebé de apenas un día de nacida.

Fue detenida horas después y la recién nacida fue recuperada en buen estado. Sin embargo, para Ana Celeste Montalvo, actriz que ahora interpreta una versión de aquella mujer en Un hijo propio, la cobertura se concentró en el delito sin preguntarse qué había ocurrido antes para que una persona llegara hasta ese punto.

El documental de la chilena Maite Alberdi combina los testimonios de quienes vivieron el caso con reconstrucciones dramatizadas. Foto: Netflix
El documental de la chilena Maite Alberdi combina los testimonios de quienes vivieron el caso con reconstrucciones dramatizadas. Foto: Netflix

“No sé si hoy se trataría de forma diferente. Lo que sí sé es que la manera en la que se abordó fue demasiado tajante, demasiado dura. Se fue a dar la nota para causar un revuelo y hacer literalmente un chisme de un tema que es mucho más profundo”, señala.

Diecisiete años después, la directora chilena Maite Alberdi retoma el caso en Un hijo propio, documental disponible en Netflix desde el 13 de agosto que combina testimonios de los involucrados reales con reconstrucciones protagonizadas por Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia.

La cinta sigue a Alejandra después de sufrir pérdidas gestacionales mientras enfrenta las expectativas de su familia alrededor de la maternidad. Incapaz de comunicar lo ocurrido, mantiene durante meses la mentira de que continúa embarazada hasta tomar una decisión extrema.

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Para Ana Celeste, el caso abre una conversación sobre la manera en que se juzgan distintas experiencias y decisiones reproductivas de las mujeres.

“Me parece que las dos son totalmente válidas. Es una decisión totalmente personal y tiene que ver con tus creencias, con tu contexto y es resultado de la situación que estés pasando en determinado momento. Al final me parece también humano y, como mujer, no puedo juzgar a ninguna de las dos, porque cada quien sabe qué realidad estaba viviendo en ese momento”, señala.

La actriz encuentra un problema común en la falta de espacios donde las mujeres puedan hablar sin ser inmediatamente juzgadas.

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“La razón por la que a veces nos perdemos en el camino es por no tener los acompañamientos correctos. No había alguien que supiera del tema, alguien que no juzgara y que tuviera muchísima más apertura; que no hubiera tal vez esa presión de una necesidad que tenían los demás y que la vuelves tuya”.

Maternidad bajo juicio

Para Ana Celeste, las redes también han creado nuevas presiones sobre cómo deberían comportarse las mujeres, formar una pareja o construir una familia. Como ejemplo menciona el auge de las llamadas trad wives, creadoras de contenido que reivindican roles tradicionales de esposa, ama de casa y madre.

“Se vino esta moda de las trad wives, de regresar a la época donde todas éramos esposas bonitas y sentadas en nuestras casas. Ahora otra vez en redes sociales hay una presión por cómo se deberían ver las cosas, cómo debería ser nuestra relación, cómo deberíamos casarnos y tener hijos”, dice.

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La actriz considera que esa exigencia cambia de forma, pero mantiene expectativas sobre lo que una mujer debería querer para su vida, algo que encuentra en la historia de Alejandra.

Armando Espitia, quien interpreta a su esposo, coincide en que parte de esa presión proviene de convertir la maternidad en una identidad que termina por definir a la mujer.

“Creo que la maternidad está muy romantizada. Hay algo en la sociedad y en el sistema de medios que hace que el concepto de ser madre te haga inherentemente buena persona y creo que romper esa barrera es necesario. Las mujeres son seres humanos, y tienen derecho a tener toda la complejidad”, afirma.

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Esa idea, asegura, también modificó la manera en que mira a su propia madre, al comenzar a pensar en ella fuera de esas expectativas.

“Encontré más amor en mi mamá pensándola como un ser humano y no viéndola como mi mamá. Creo que se le adjudica demasiado a la palabra ‘mamá’, demasiado; es como un checklist de cosas que hay que cumplir”.

Para Espitia, la película también puede llevar esa reflexión a los hombres y a la forma en que escuchan las necesidades de las mujeres.

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“Me gustaría que los hombres pudiéramos sentarnos a ver esta película y escuchar realmente, reflexionar sobre en qué ocasiones no hemos escuchado a las mujeres, con qué necesidades no hemos lidiado”.

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