A Margarita Gralia todavía la sigue Paulina Serracín. O quizá es al revés: Paulina, la irreverente de Mirada de mujer, que no dudaba en hablar de libertad y sin pedir disculpas, terminó absorbiendo algo del carácter de la actriz que la interpretó.

Pero Margarita Gralia tiene nombre propio, una carrera sostenida y una autoridad que no necesita colgarse de la ficción.

A los 71 años, la nacida en Argentina no se presenta como ejemplo perfecto para guiar a las mujeres ni como emblema de rebeldía. De hecho, aclara que no nació para romper reglas, sino para no ser conformista.

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“Si no me gusta lo que me dan, entonces reclamo. El decir que rompo reglas parece como que siempre vas a estar en contra de; lo que soy es una gente exigente, que no busca lo mejor sino la excelencia”, aclara en los camerinos del Teatro Wilberto Cantón.

Ahí comparte escena con Azela Robinson, Anette Michel, Aleida Núñez y Nicole Vale en Dios mío, hazme viuda por favor, obra en la que interpreta a una mujer conservadora que termina por romper sus prejuicios heredados.

Gralia ha hecho lo propio. Tiene pareja desde hace más de cinco décadas, salud, trabajo y una sólida carrera que, asegura, le permite poner sus condiciones.

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¿Cómo se definiría en este momento de su vida?

Plena y feliz. Estoy con salud, que es lo más importante; con una pareja, Ariel Bianco, de 52 años juntos, que me ama y que también está con salud y entero. Juntos estamos disfrutando de la vida. La familia, gracias a Dios, está bien. A estas alturas de la vida, te das cuenta de que estas cosas son las importantes.

Luego, el reconocimiento a mi carrera, que es parte importantísima de mi vida. Estoy disfrutando un balance entre viajes, trabajo, familia y amigos. Realmente es un momento de plenitud que espero se prolongue muchos años más.

¿Margarita Gralia está peleada con el título de primera actriz?

No estoy peleada con ese título. Al contrario, creo que es algo que se va dando naturalmente. En el teatro se manejan mucho las jerarquías, ese respeto a quienes llevamos más años en esto, más trayectoria y más edad, por supuesto.

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Lo que no me gusta es que hay gente que no lo valora o no lo reconoce, como quien dice, los igualados. A mí no me ha tocado, no sé si es por lo que proyecto o por lo que yo exijo. No me ha tocado decirle a alguien: “Oye, respétame”, porque la verdad mis compañeros de todas las edades se dirigen a mí con deferencia.

¿Usted nació para romper reglas?

No, nací para no ser conformista… Tampoco busco la perfección, porque ésta no existe. Además, sería un cuento de nunca acabar, pero sí entregar profesionalismo, exigencia y hacer lo mejor. Una palabra que detesto es la mediocridad. No me gusta quedarme a medias en nada, sino hacer las cosas como deben ser.

Usted ha realizado personajes fuertes, ¿sintió la responsabilidad de dar voz a las mujeres?

Hubo mujeres que, después de que terminaran estas novelas, me dijeron: “¿Quién me va a seguir guiando? ¿Quién me va a seguir diciendo qué hacer?”. Sentían como que mis personajes les hablaban a ellas.

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Por Mirada de mujer me entregaron un premio en Israel, y en aquel momento haberme encontrado con gente del público, mujeres de otra cultura y otra religión, que se sentían tan identificadas, fue muy fuerte.

¿Es feminista?

Soy femenina y por los derechos de la mujer. Mi frase es: “Si no te dan tu lugar, tú te lo tomas”. Esa es mi forma de ser. En mi infancia y en mi adolescencia no viví en una familia machista. No lo fue mi padre, no lo fueron mis abuelos ni mis tíos o mi hermano. Entonces no he tenido de cerca una necesidad de rebelarme. Pero ya siendo más grande, sabiendo las diferencias, las injusticias, por supuesto que me uno a esas causas.

¿Cómo se ha sentido en esta obra?

Estoy interpretando un personaje muy diferente. Empieza siendo una mujer muy conservadora, muy de golpe de pecho, muy cerrada de mente. Pero yo me he caracterizado por hacer a mujeres de mentes muy abiertas y esta mujer está detenida en el tiempo. Pero veremos cómo consigue romper esos prejuicios.

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¿Qué ha pasado con la televisión?

Para telenovelas no me han llamado. En Azteca no se están haciendo; en Televisa me han llamado para entrevistas y le he entrado sin problemas, pero no para telenovelas.

En series hice Serpientes y escaleras porque me llamó Manolo Caro. Me dijo: “Margarita, te quiero para este personaje”, y me mandó los libretos. Eso es lo que yo quiero. A esta altura de mi carrera si quieren, que me conozcan. No estoy haciendo castings por celular para ver si me aceptan en un proyecto. Si me quieren, bien, y si no, también. En mi casa me quieren y mucho.

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cdm

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