
El amor en la vida real no es como en las películas o las telenovelas, donde todo termina con un “fueron felices para siempre”, y eso Esmeralda Pimentel y Osvaldo Benavides lo saben perfectamente.
No sólo porque han protagonizado esas historias frente a las cámaras, sino porque, lejos de la ficción, han atravesado los altibajos de una relación que los ha transformado.
Han crecido juntos, se han separado, se han reencontrado siendo exes. Y hoy, por tercera vez, apuestan el uno por el otro desde un lugar más consciente.

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Discretos con su relación y poco dados a hablar de su vida privada, acceden a compartir con EL UNIVERSAL una parte de ese proceso que han construido con los años.
“Esto es un camino de autoconocimiento y aprendizaje, de ir creciendo a veces juntos, a veces no tanto. A los dos nos gusta estar mejor, estudiar cómo funcionamos, entonces es grato ver cómo crecemos juntos”, dice Osvaldo.
Reconoce que, como toda pareja, hay desacuerdos. Pero lo entiende como parte de un proceso.
Su historia comenzó en 2018. Desde entonces han terminado en dos ocasiones, y en esta nueva etapa Esmeralda se permite imaginar un horizonte más largo, porque ella quiere envejecer a su lado.

“A mí me ha encantado vernos crecer, madurar y cambiar, por eso yo sí nos veo así, pero también sé que el amor se construye todos los días. El anhelo de ‘para toda la vida’ es un trabajo diario”, dice.
A simple vista, parecen opuestos. Esmeralda se describe como estructurada, alguien a quien le cuesta salirse del guion. Osvaldo, en cambio, es espontáneo, irreverente y desafía los límites. Justo en esa diferencia está su punto de encuentro.
Él la interrumpe educadamente para decirle que admira su pasión, su curiosidad, su capacidad de entregarse a lo que ama. Ella sonríe.
Cuando se les pregunta qué fue lo que los unió, se miran. Osvaldo responde, provocando la risa nerviosa de Esmeralda: “El sexo”.

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Ella responde apenada: “Ven, es un irreverente y atrevido”.
Entonces, Osvaldo matiza: lo suyo fue química pura, más allá de lo físico, una conexión que, con el tiempo, ha demostrado ser muy fuerte.
Ambos ven su amor en lo cotidiano: tardes de libros, paseos con mascotas, días en casa y convivencia con los hijos de Osvaldo.
“Somos muy celosos de nuestro espacio, disfrutamos mucho estar en casa”, enfatiza Esmeralda.
“Es muy bonito cuando descubres que te puedes reenamorar de la misma persona, pero a un nivel más profundo, más mágico, más bonito y más real, donde ya no existe toda esa fantasía de los primeros meses, sino una conexión más profunda”, añade.

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Amor a escena
El amor que comparten encontrará un eco en el escenario. A partir del 7 de marzo debutarán en el musical Siete veces adiós, en el Teatro Ramiro Jiménez, donde darán vida a una pareja que enfrenta una crisis tras varios años juntos.
En la puesta, Ella pide distancia. Él intenta recuperarla reviviendo los momentos que construyeron.
“Para mí es un privilegio actuar con Osvaldo, no sólo porque es mi pareja, sino porque lo admiro como actor”, dice ella. Él coincide. “Qué mejor que poner todo nuestro camino andado y lo aprendido juntos al servicio de la obra”, promete.
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