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Pocas veces, un productor de teatro comparte aquellos secretos que suceden bajo el escenario, pero Morris Gilbert, impulsor de proyectos como Mentiras, el musical o Perfectos desconocidos, impartió una master class donde compartió su experiencia con los participantes.
Aunque su carrera comenzó como actor hace 45 años, tuvo que involucrarse en parte de la producción desde el primer montaje que participó (Los hijos de Kennedy, 1975). Entrar al mundo del teatro no fue sencillo, según Morris, porque muchas veces le hiceron pagar “derecho de piso”.
“Se necesita arrojo, el dinero lo consigues de una u otra manera; pero es una carrera muy incierta la de productor teatral. Labré, de acuerdo a lo que mi sentido común decía, porque no existía en ese entonces escuela alguna para ser productor de teatro”.
Para Gilbert, no hay una fórmula para elegir un texto, pero la obra tiene que decirle algo primero a él, después ver si tiene una vena comercial que permita atraer a la gente al teatro y pagar la nómina y, por último, mucha fe de que va a funcionar.
“Muchas veces uno piensa que tiene la obra en el momento exacto, pero resulta que no viene a verla nadie, pero a veces dices, ‘esta obra es por mi propio gusto’ y resulta que es el gran éxito. Esta es una profesión en las que nos volvemos apostadores, porque nadie sabe qué pasará”.
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