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En punto de las 18:00 horas, la Plaza Garibaldi lucía inusualmente tranquila. Con escaso público y algunos mariachis a la espera, el lugar se preparaba para el homenaje por el centenario del natalicio de José Alfredo Jiménez, uno de los máximos exponentes de la música ranchera.
Dicho evento, celebrado en medio de esta plaza, comenzó con media hora de retraso, sin que los anfitriones ofrecieran alguna explicación. Desde el arranque, los problemas de sonido se hicieron evidentes y marcaron el desarrollo de la velada.
Ángel Jiménez, nieto de “El Rey”, tomó la palabra para rendir homenaje a su abuelo, a quien reconoció como una figura fundamental de la música y la cultura mexicana. Durante su discurso recordó la historia del llamado “Patrono de las cantinas”, quien llegó en 1936 al entonces Distrito Federal en busca de oportunidades laborales y que, a la par de que trabajaba como mesero, empezó a escribir las canciones que más tarde se volverían inmortales.

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Ángel destacó que la obra de José Alfredo sigue viva en el imaginario colectivo y forma parte esencial de la identidad cultural del país.
“Y si la vida no vale nada, cantada por José Alfredo vale para siempre. Podrán quitarnos todo, menos sus canciones, porque ahí sigue siendo El Rey”, expresó.
Errores se hacen presentes en Garibaldi
Para iniciar el homenaje se presentaron Los Gavilanes de José Alfredo, quienes intentaron interpretar su repertorio, a pesar de que las deficiencias en las bocinas impidieron que guitarras y trompetas se escucharan con claridad.
Después subió al escenario Percy, acompañado por una docena de mariachis, para interpretar temas como “Cucurrucucú paloma” y “Cuando el destino”, aunque nuevamente el sonido limitó la conexión con el público, algunos optando por irse.

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Uno de los momentos más emotivos llegó con la participación de Gabriel Solís, hijo del legendario Javier Solís, quien se presentó en la plaza donde alguna vez José Alfredo Jiménez cantó ante el pueblo. Al ritmo de “En el último trago”, “Te solté la rienda” y “Renunciación”, Solís logró levantar el ánimo de los asistentes, visiblemente apáticos debido a las constantes fallas técnicas y al ambiente poco festivo de un lunes por la tarde.
El cierre del homenaje estuvo a cargo de María Elena Leal Beltrán, quien interpretó “Deja que salga la luna” y “La media vuelta”. Sin embargo, los problemas técnicos persistieron y opacaron su presentación ante un público que esperaba una celebración más acorde con la figura homenajeada.
Con un legado de más de 300 canciones, la fiesta continuó fuera del escenario en lugares emblemáticos como el Salón Tenampa y el Guadalajara de Noche, donde seguidores, turistas y extranjeros prolongaron la velada para honrar la memoria de José Alfredo Jiménez, quien este 19 de enero habría cumplido 100 años.

dft
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