El concierto impulsado por Banco Plata se convirtió en el recital de música clásica más grande en la historia de la Ciudad de México, con una noche que mezcló géneros como la ópera y la cumbia, y momentos inolvidables.

El ambiente en el primer cuadro de la ciudad el sábado 18 de abril de 2026 era de noche grande desde horas antes del inicio del show, aunque con una dinámica distinta a la de otros eventos masivos.

Sin empujones y con una calma poco habitual, miles de personas —muchas de ellas con la gorra naranja entregada en los accesos— aguardaban pacientes en un Zócalo que, bajo la organización de Banco Plata, se transformó en el escenario del concierto de música clásica más grande en la historia del país, marcando el inicio de una nueva apuesta por llevar experiencias de gran escala al corazón de la capital.

Entre la gran lista de artistas que se han presentado en la Plaza de la Constitución hay algunos elegidos que se disputan el récord de asistencia y en ese podio se posiciona el italiano.

Según los datos proporcionados por el organizador, Banco Plata, más de 300 mil almas se dieron cita para apreciar una de las voces privilegiadas del mundo, rivalizando directamente con Los Fabulosos Cadillacs por la medalla de plata hablando de asistencia en el Zócalo.

La noche de cálida primavera capitalina fue el marco idóneo para que esas miles de personas se congregaran y hacer todos juntos una velada inolvidable, y no sólo bajo acordes operísticos.

Minutos después de las 19:00 horas, lo que solo se puede describir como una experiencia más allá de un simple concierto inició con el tenor y un vasto repertorio de sus grandes éxitos.

Los invitados como Larisa Martínez, el barítono Juan Carlos Heredia y la violinista Rusanda Panfili transportaban a los más de 300 mil asistentes por un viaje que recorrió paisajes de países como Italia y China.

Fiesta chilanga

Entre la ópera y la sofisticación de la noche algo faltaba, un toque picante, como en cualquier buen platillo mexicano, mismo que fue puesto por el grupo Los Ángeles Azules y Ximena Sariñana.

Sin aviso “Mis sentimientos” se coló entre “Carmina Burana” o “Libertango”. Fuegos artificiales inundaron el cielo de la Ciudad de México, haciendo con esto una verdadera fiesta chilanga.

Minutos después, otra sorpresa: Andrea Bocelli se volvió uno más de la banda para acompañar una versión cumbia de “What a wonderful world” con una flauta transversal.

Lo inimaginable llegó cuando Ximena bajó del escenario pero los de Iztapalapa consiguieron ponerle sazón mexa a “Vivo por ella”, que bien podría volverse una recurrente en las calles del país.

A las 21:00 horas, Andrea Bocelli despidió la noche con “Time to say goodbye” y “Nessun dorma”, acompañado de una última ronda de pirotecnia. Tras el cierre, miles de asistentes comenzaron a desalojar el Zócalo hacia calles como Madero, poniendo fin a una velada histórica en el corazón de la capital, impulsada por Banco Plata.

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