
Hoy Ana Martín llega a los 80 años pero si bien ha destacado como actriz, su actitud es puramente rockera: no está quieta ni sigue reglas, y siempre quiere descubrir lo nuevo.
“¡Me encanta Bad Bunny! ¡Maravilloso!”, dice cuando se le pregunta sobre sus gustos musicales.
“De mi generación yo vi a The Beatles, a Queen, a The Rolling Stones, después a Madonna... tengo 80, pero eso no me impide conocer”, acota la también representante de México en Miss Mundo en 1963.
Lo cierto es que nunca encajó siendo una popera de su época. Se empeñó en ser actriz desde la rebeldía, contrariando a su madre, la nicaragüense Dina Solórzano.
Fue independiente desde los 21 años y, aunque era vista como una de las mujeres más sexis de su generación, nunca siguió el guion tradicional: decidió no casarse ni tener hijos como muchas colegas.
“Fui joven y muy rebelde, no es que haya querido romper las reglas intencionalmente, es que así fui, no lo planeé”, reconoce.
“En realidad, no pensaba en si estaba rompiendo esquemas en el teatro o el cine, simplemente viví. Que he metido la pata, muchas veces; que he tenido aciertos, también”.
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Y como buena rockstar, nunca se ha limitado. Recuerda haberse comprado una Harley Davidson para recorrer Reforma o vestirse de hombre para la telenovela "Gabriel y Gabriela" (1982).
El lado B de una estrella
Aun así, reconoce que abajo de la moto, lejos de esa actitud desafiante y ante la mirada de todos, no era tan abierta como parecía. De hecho, era tímida.
“La etapa más difícil dentro de mi carrera fue ser símbolo sexual, porque en el fondo soy muy penosa”, confiesa.
“Cuando te veían, no lo hacían a la cara sino al cuerpo; les hablabas y nadie te pelaba. No estoy en contra de ser sexy, pero fue una etapa incómoda”, detalla.
Hoy recibe cientos de piropos de hombres de distintas edades en sus redes sociales.
Tan solo en Instagram la siguen 1.6 millones de personas; en Facebook, 2.5 millones, y en TikTok, 3.9 millones. Ahí, muchos siguen cautivados por su físico y esa actitud desafiante que conserva hasta hoy.

Con sus seguidores, a quienes llama gotitas de miel, mantiene interacción directa.
“Me enteré que el ochenta y tantos por ciento de mis seguidores están en un rango de 17 a 38 años de edad. Ellos son mi todo, me han dado vida, los leo y hasta les aprendo”, comenta orgullosa.
Irónicamente, dice que ella quiere ser recordada como una de sus ídolas en la pantalla, Sara García; su meta es que la nombren la “nueva abuelita” de las pantallas.
Más cerca del rey del pop
Con todo, y pese a esa actitud desafiante que durante años la hizo parecer una rockstar de la actuación, Ana Martín confiesa que el artista con quien más se identifica no es un rockero, sino el mismísimo Rey del pop, Michael Jackson.
Más allá de la música o la fama, dice que siempre le ha conmovido la historia del cantante, en especial su infancia complicada y la sensación de soledad con la que creció.

“No tuve una infancia padre. Yo estuve nueve años interna entre Los Ángeles y San Francisco, y me sentía muy sola; no me quiero victimizar ni mucho menos, pero eso te va dando fuerzas”, destaca.
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