México siempre ha tenido una relación compleja con Estados Unidos, pero pocas veces tan tensa como ahora. Por momentos, la liga que nos une como vecinos parece estar a punto de reventarse. De cuando en cuando —tanto que ya no nos toma por sorpresa— llega un misil desde Washington: señalamientos sobre narcogobernadores, acusaciones de que México está controlado por el crimen organizado, amenazas de incursiones militares y ultimátums disfrazados de exigencias diplomáticas. Dichos que, aunque llegan con gran peso mediático, son minimizados uno tras otro desde el púlpito de Palacio Nacional. “Cabeza fría” es la respuesta de manual que termina por sepultarlos. Y ahí queda el asunto.
¿Por qué será que las declaraciones de Donald Trump no inmutan a la presidenta Claudia Sheinbaum? ¿Es acaso que la verborrea del republicano —la cual me recuerda a la de aquel que ahora vive en “Muy Muy Lejano”— es un recurso al no poder plantear sus quejas personalmente?
Sucede que, en medio de esa tormenta política, sigue pendiente la fotografía oficial más importante de esta relación bilateral: la de Sheinbaum junto a Trump. Si bien en diciembre platicaron brevemente junto con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, durante el sorteo del Mundial, todavía no se concreta una plática en la Oficina Oval, como es la costumbre.
Desde el Porfiriato hasta nuestros días, prácticamente todos los presidentes mexicanos han terminado reuniéndose con sus homólogos estadounidenses. Porfirio Díaz con William Howard Taft; Manuel Ávila Camacho con Franklin D. Roosevelt; Miguel Alemán Valdés con Harry S. Truman; Adolfo Ruiz Cortines con Dwight D. Eisenhower; Adolfo López Mateos con John F. Kennedy; y así sucesivamente hasta Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Hubo tropiezos, desde luego. Peña Nieto se reunió con Trump cuando este aún era candidato en 2016, en una visita ampliamente criticada. Ya con Trump en la Casa Blanca, la relación se tensó por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y los mandatarios no volvieron a encontrarse cara a cara. Pero incluso entonces existía interlocución política.
Hoy el contraste es llamativo. Desde su regreso a la presidencia en enero de 2025, Trump se ha reunido con decenas de líderes mundiales: el presidente de China, Xi Jinping; el de Ucrania, Volodímir Zelenski; el de Francia, Emmanuel Macron; el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu; el de Reino Unido, Keir Starmer; el de India, Narendra Modi, entre muchos otros.
También ha recibido a numerosos líderes de América Latina: de Argentina, Javier Milei; de El Salvador, Nayib Bukele; de Ecuador, Daniel Noboa; de Costa Rica, Rodrigo Chaves Robles; de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Colombia, Gustavo Petro; y de Paraguay, Santiago Peña, además de otros convocados a reuniones hemisféricas.
Si Trump ha encontrado tiempo para recibir a los jefes de Estado de prácticamente todos los continentes —independientemente de la ideología—, ¿por qué no vemos todavía un encuentro con México?
¿Por qué no Mr. Trump?
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