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Narcoseries y la lucha por el rating

Salvador García Soto

En la crisis de audiencias de la televisión abierta en México, la competencia entre las tres cadenas televisivas nacionales ha encontrado un nuevo nicho para recuperar la atención del público y subir sus ratings en horario nocturno: las narcoseries o historias basadas en la apología de personajes del mundo del narcotráfico, que hoy son el nuevo fenómeno de audiencia en la televisión mexicana.

Las tres cadenas transmiten en este momento series sobre el mundo del narcotráfico a las 9 de la noche, un horario que por ser “familiar”, estaba vetado para esos contenidos, tanto por la Ley Federal de Radio y Televisión, como por la Secretaría de Gobernación, cuyas disposiciones establecían que debían transmitirse a partir de las 12 de la noche. TV Azteca pasa Rosario Tijeras por el canal 13, Grupo Imagen tiene Perseguidos —cuyo título original era El Capo— y Televisa transmite La Reina del Sur por Canal 5. La programación de esas historias del mundo delincuencial se han vuelto el ancla para que las tres televisoras crezcan su horario nocturno, de 9 a 11 pm, considerado Triple “A” para comercialización en la tv abierta.

Pero, ¿cómo se desató esta feroz competencia de narcoseries que violentan los horarios autorizados y mete a la televisión mexicana en el fenómeno de la apología del narcotráfico surgido en la televisión restringida de otros países y en plataformas de tv por demanda como Netflix?

La competencia fuera de la ley la inició Grupo Imagen. Antes de salir al aire, la empresa de Olegario Vázquez Raña presentó su programación a la Subsecretaría de Medios, que encabeza Andrés Chao, y en ella programaba a las 9 pm la serie El Capo, adaptación de una serie colombiana que narra al ascenso de un joven en el mundo de drogas y violencia. Gobernación objetó el horario para esa “narcoserie” y canceló su estreno el 17 de octubre, día que salió al aire la nueva cadena. Ante la negativa de las autoridades y la amenaza de turnar el asunto al Ifetel, que aplicaría sanciones coercitivas, Imagen aceptó editar su producción y cambiarle el nombre de El Capo por Perseguidos, con cuyo título finalmente de estrenó el 7 de noviembre pasado.

Pero mientras Segob discutía con Imagen, TV Azteca, de Benjamín Salinas, se adelantó y en un madruguete televisivo programó Rosario Tijeras, otra exitosa narcoserie colombiana adaptada y, anticipándose al lanzamiento de Imagen, comenzó sus trasmisión a las 9 de la noche del 30 de octubre, convirtiéndose rápidamente en un fenómeno de audiencia que posicionó a la televisora del Ajusco en primer lugar de rating de ese horario e impactó también el horario de las 10 de la noche de los noticieros estelares en tv abierta.

Televisa, que hasta ese momento había acatado las órdenes de programar las narcoseries a las 12 de la noche, protestó. La afectación en su horario nocturno llevó a la televisora de Emilio Azcárraga a quejarse porque las otras dos cadenas violentaban una disposición que databa del sexenio de Felipe Calderón, cuando expresamente el entonces presidente y su secretario de la Defensa, Guillermo Galván Galván, convocaron a los dueños y directivos de las televisoras a Los Pinos para pedirles expresamente no programar series sobre narcotráfico “para no difundir la cultura de violencia criminal”, porque según el presidente y el titular de la Defensa, generarían más violencia a futuro en el país.

Pero algo extraño pasó. La posición del gobierno se suavizó y la prohibición se relajó hasta diluirse: el subsecretario Chao pidió a TV Azteca una edición de Rosario Tijeras, para autorizar su transmisión, igual que ocurrió con Perseguidos de Imagen. Televisa, que es la televisora mexicana que más derechos tiene sobre series de narcotráfico (43 tiene en su haber, colombianas y de otros países), decidió entonces subirse a la nueva pelea por el rating y cambió la popular Reina del Sur, de las 12 de la noche a las 9 por Canal 5, lo que convirtió a esa cadena en la de mayores ratings para todo el grupo de San Angel, incluso superando al Canal 2.

Hoy el gobierno federal y el Ifetel doblaron las manos, y las narcoseries en horarios familiares son un fenómeno de audiencia. Las voces que protestaron en el Congreso se fueron apagando y organizaciones de empresarios como “A Favor de lo Mejor” nada han hecho contra contenidos que cuestionaban. Gobernación voltea la vista a otro lado, mientras millones de mexicanos, que aún son audiencias cautivas de TV abierta —niños y adolescentes incluidos— ven fascinados cada noche como un joven sale de la pobreza y se vuelve un poderoso y temido capo o como dos mujeres luchan por convertirse en “reinas de belleza y de las drogas”; mientras, el país sigue llenándose todos los días de cadáveres por asesinatos violentos, desaparecidos y fosas clandestinas que ya no sorprenden a nadie, porque todo eso se ve más bonito en la tele.

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