Gasolinas que matan

Raúl Rodríguez Cortés

Los gobiernos federal y de la Ciudad de México escalan su confrontación por los problemas registrados en la verificación vehicular, conflicto éste del que se culpan mutuamente, pero del que ambos son responsables.

Desde que el primero de julio pasado entró en vigor la norma ambiental emergente, el titular de la Semarnat, Rafael Pacchiano Alamán, a través del procurador de Protección al Ambiente, Guillermo Haro Bélchez, ha clausurado 136 líneas de verificación mal calibradas en 32 Verificentros de los 447 que operan en la megalópolis.

El jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera ha rechazado la existencia de tantas anomalías y denunciado que se trata de ataques políticos contra la Ciudad de México.

Aquí le informamos desde el pasado 13 de mayo (http://goo.gl/XCZUJq), que las líneas de verificación o dinamómetros, no estaban calibradas como lo exigía la norma que estaba vigente desde el 26 de noviembre de 2014, porque la Semarnat no había creado los protocolos correspondientes, ni autorizado a los laboratorios que debían hacerlo, según confirmaron a esta columna el Centro Nacional de Metrología (Cenam) y la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA).

Esa grave anomalía pretendió salvarla la secretaria capitalina del Medio Ambiente, Tanya Müller con lo que llamó un “manualito” para la calibración. Pero la norma es la norma, y no puede ser sustituida por “manualitos”.

La Profepa, con la norma emergente hoy en vigor, fue autorizada a realizar las auditorías a los verificentros y lo que ha encontrado, como se advertía, son dinamómetros mal calibrados. La pregunta es: ¿ya elaboró la Semarnat los protocolos y autorizó a los laboratorios que deben hacer ese trabajo?

Por si algo faltara con este asunto que saca de quicio a los habitantes de la megalópolis, la nueva tecnología de medición, el OBD II, no ha funcionado con la eficiencia esperada. Incluso rechaza, por razones insuficientemente explicadas, a los automóviles nuevos. Pero peor aún: resulta que el OBD II no está hecho para medir las emisiones contaminantes, según documentaron a esta columna investigadores del Instituto de Física de la UNAM (http://goo.gl/OvFT1t).

El Hoy No Circula, se argumentaba en la entrega anterior, no ha bajado la contaminación en los 27 años que lleva aplicándose y tampoco impedido que se dispare. Acaso sirva para mitigar el ya desesperante, y cercano al colapso, caos vehicular. Pero el problema de fondo en cuanto a la contaminación ambiental está realmente en el tipo de gasolinas que usamos.

La norma oficial 086 se publicó en 2006 para que en un plazo de tres años Pemex produjera una gasolina más baja en azufre: de 30 PPM (es decir, una concentración de azufre de 30 partes por millón).

El uso de esa gasolina debería ser obligatorio desde 2009. Petróleos Mexicanos asegura que cumple con la norma. Pero hay un dato contenido en el Estudio de Evaluación Socioeconómica del Proyecto Integral de Calidad de Combustibles elaborado por el propio Pemex, el Instituto Nacional de Ecología y la Semarnat (http://goo.gl/oaBAJt), que lo desmiente: con gasolinas de 30 PPM de azufre, la contaminación del aire bajaría entre 30 y 40 por ciento. Si no ha bajado, es porque no se usa gasolina de esas características.

Hay otro dato: nuestro país ya importa 62 por ciento de las gasolinas que consume, la mayoría proveniente de Estados Unidos. De ese país nos llega gasolina de 300 PPM de azufre (Premium) y de 500 PPM de azufre (Magna). Someterlas al proceso de desulfuración requerido para bajarlas a los 30 PPM, es imposible por una sencilla y lamentable razón: no tenemos plantas capaces de desulfurar a esos niveles, asegura el doctor Héctor Riveros, del Instituto de Física de la UNAM.

De acuerdo con el referido estudio, el costo para la desulfuración de las gasolinas que usamos raya los siete mil millones de dólares, cantidad que es dos veces menor a lo que se estima se gastará en el período 2006-2030 en la atención a los problemas de salud generados por la contaminación del aire: 56 mil muertes prematuras, 166 mil casos de bronquitis crónica, 5.6 millones de días de trabajo perdidos y 78.4 millones de días de actividad restringida por enfermedades respiratorias.

El problema, entonces, son las gasolinas que matan.

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@RaulRodriguezC

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