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La educación, factor de cambio

Óscar Mario Beteta

Si autoridades educativas y mentores en rebeldía se olvidan de la política para solucionar conflictos, perderemos lo más valioso: la educación para mejorar

Frente a la irreductible posición que mantienen las autoridades de la SEP y los grupos de maestros que se oponen a la reforma educativa, no queda más que la política, que es diálogo, acuerdo y consenso. Si no apelan a ella, el país y la sociedad seguirán sufriendo pérdidas, inconvenientes y molestias. Y no se los puede condenar a tanto.

Desde que se modificó la Constitución y se establecieron nuevas reglas para el magisterio, con las que se busca que sea evaluado y esté bien preparado permanentemente, la conflictividad social, vista sólo en ese ámbito, ha crecido exponencialmente.

La indisposición de algunos miles de docentes de varios estados a que esa mudanza se ponga en operación ha generado cierre de carreteras, mermas a cientos de negocios, enfrentamientos con la policía y, lo más reprobable, un mayor atraso educativo en Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán. El ausentismo recurrente de los mentores de las aulas, lo que ha dejado a los niños sin instrucción, es una tragedia.

Para hacer más notoria su resistencia, han trasladado su estrategia de presión, chantaje y exigencia a la Ciudad de México, en la que estrangulan el tránsito de vehículos, paralizan el tráfico y desquician todas sus actividades con la mayor impunidad.

Una de las peores jornadas, en ese sentido, se vivió esta semana, en que bloquearon infame e inconscientemente las carreteras entre las capitales del país y del Estado de México, en el propósito de establecer un plantón fijo frente a instituciones donde esperan que sean atendidas sus demandas.

Hasta ahora, los cuerpos policiacos encargados de contener esas manifestaciones han sido prudentes. Con graves consecuencias para la ciudadanía, ese problema no se ha salido de control. Pero la idea no debe ser sólo administrarlo. Es imperativo resolverlo definitivamente.

Frente a esa necesidad, que claman innumerables personas que de una u otra forma son lastimadas por los paros, marchas y plantones de los supuestos educadores, ¿quién debe o puede ceder?

La SEP se mantiene inamovible. Su titular, Aurelio Nuño, está en una posición: la que lo obliga a observar la ley. Profesor que deje de asistir tres veces seguidas a su trabajo, será despedido. En ese punto, el funcionario ha dado muestras de que no cederá un ápice.

La contraparte tampoco se ve dispuesta a dar un paso atrás. Cada vez más desafiante, quiere volver a una relación con la SEP que legalmente es imposible. Y amplía y radicaliza su intransigencia. Los estudiantes y la ciudadanía son las víctimas más sensibles de esa absurda cerrazón.

¿Y la política? Las partes directamente involucradas en este conflicto se han olvidado de ese inestimable instrumento de solución a los problemas. Deben recordar que no existe otro, máxime cuando se ejerce desde el poder.

Para aprovecharlo, empero, requieren deponer su animadversión, el amago, las exigencias desmesuradas. Deben estar abiertos a oírse. Tienen que deliberar, lo que significa confrontar ideas, conjuntarlas y obtener de ese ejercicio la mejor alternativa. Deben olvidar la postura del todo o nada. Su arrogancia no los llevará lejos. Pueden ser los causantes de un drama.

Para que la política sirva a la resolución de la confrontación CNTE-SEP, debe haber voluntad a ceder y a conceder. A aceptar y a rechazar fundada, legítimamente. A tomar lo posible. No a tratar de obtener lo imposible a todo costo.

Si autoridades educativas y mentores en rebeldía se olvidan de la existencia de la política; si dejan de apelar a ella como herramienta de solución al conflicto, todos perderemos lo más valioso que podamos tener, que es la educación para mejorar.

Y ya que nos gusta tanto compararnos, deberíamos ver que naciones tan alejadas pero tan avanzadas como Nueva Zelanda, quizá como caso único en la historia, basan su promoción turística y económica en el altísimo nivel educativo que han consolidado después de muchos años de esfuerzo y disciplina continuos.

SOTTO VOCE… Los rumorólogos que dispersan las infundadas versiones de que habrá cambios en el equipo de Comunicación del presidente Enrique Peña Nieto están plenamente identificados. Son rumiantes del desempleo. Parásitos del presupuesto que se han ostentado toda su vida como “expertos” en medios, cuando en realidad son improvisados charlatanes. Algunos mencionan incluso que todavía se asoma por el resquicio de alguna puerta de la residencia oficial de Los Pinos un mediocre personajillo, residuo del pasado reciente, que hace las veces de enemigo en casa. Es quien alimenta las inocuas maledicencias. Él y sus secuaces deberían recordar que Eduardo Sánchez fungió como vocero de su jefe desde que fue candidato del PRI a la Presidencia. Por ende, desde hace mucho tiempo goza de toda su confianza y apoyo. Su probadísima lealtad, honestidad y eficiencia lo mantendrán más que firme en su puesto.

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@mariobeteta

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