De la falacia y el cinismo electorales

Óscar Mario Beteta

El pluralismo democrático se ha reducido a la presencia de más partidos que consumen presupuestos cada vez más elevados

Del mismo modo como el neoliberalismo marcó la separación de los gobernantes respecto de la sociedad por el dinero y empobreció a la mayoría, el pluralismo intoxicó la democracia y alejó a la ciudadanía de la vida pública. En gran medida, economía y política han dejado de existir para ella. Ya no les pertenecen. Incluso, en el mejor de los casos, sólo son un lastre.

En la esfera de lo político, la democracia que supuestamente se ha construido al cabo de tantos años, no es más que una decepción. Sus promesas no se han realizado. Las expectativas de que se concreten son inciertas. Las evidencias están a la vista.

El pluralismo, por ejemplo, ofrecía una mayor participación colectiva en la elección de gobernantes y en los asuntos públicos, que son de todos. Empero, esa supuesta innovación se ha reducido a la presencia de más partidos, de grupos hamponiles que consumen presupuestos cada vez más elevados y que se reparten casi exclusivamente entre sus integrantes. La gente no participa satisfactoriamente en ninguna de sus formas posibles. Lo más que ha sacado es confusión por no saber por quién votar a la hora de elegir casi entre una turba.

Otra de las grandes taras de la democracia mexicana es la alternancia. Con esa falacia, se hizo y se hace creer que si los candidatos de otros partidos acceden al poder, los viejos usos y costumbres habrían de desaparecer. Pero, ¿qué tenemos después del funesto experimento? Lo mismo de lo mismo. Pero recargado. No hay mudanza positiva importante, loable, digna de recrearse. Los vicios de esos nuevos “demócratas” siguen galopando imperturbables. Los ejemplos sobran.

Políticos y partidos, agrupados y alineados en el único propósito de mantenerse a toda costa, incorporaron a la legislación electoral la figura de las alianzas. Todos tienen el mismo discurso justificatorio. Pretenden ser más fuertes para enfrentar la hegemonía de tantos años. Son incapaces de enfrentarla individualmente. Se juntan únicamente para sumar fuerzas y acceder al poder y a todo lo que representa, no para ver por el bien común. Las pruebas al respecto son irrefutables.

Así, pluralismo, alternancia y coaliciones, no son más que la mascarada de la oligarquización de la vida pública, considerada como la existencia de una clase política que sólo busca su beneficio, sacrificando el interés y los derechos colectivos. Todo, en nombre de la democracia, forma de gobierno meramente discursiva, en la que cada cual se ampara y con la que cualquier cosa se justifica.

La expresión más deleznable de esa realidad son las campañas y los debates entre candidatos a puestos electivos. Lo vemos ahora mismo en los casos de los que se disputan 12 gubernaturas. Ostensiblemente, ninguno de ellos ha presentado una propaganda más o menos aceptable. Ninguno ha hecho una oferta seria, creíble. Todos han tomado distancia de los electores. Quieren llegar a ellos únicamente a través de los medios de comunicación, con base en las peores prácticas.

Los ejercicios deliberativos son inútiles, ociosos, intrascendentes y sumamente caros. No le dicen nada alentador a nadie, cuando debieran ser confrontación de ideas, propuestas, programas, ofertas plausibles.

Los ataques, denuestos y desacreditación entre aspirantes a gobernar, a lo que se reducen esos debates, tienen vasos comunicantes con la apelación a la prensa, en la que se ventilan todo tipo de canalladas y vilezas, reales o inventadas, para minar y destruir al enemigo.

Las encuestas son otra herramienta a la que recurren con bastante frecuencia. Creen que asegurando una delantera temprana tienen ganado el puesto que buscan y se olvidan, literalmente, de quienes habrán de votarlos.

Así, la ciudadanía está totalmente al margen. No es tomada en cuenta ni para guardarle un mínimo de respeto. El dinero político, ora para comprar postulaciones, voluntades y sufragios, ora para degradar e intimidar, inclusive en vínculo con grupos criminales en busca del poder económico y político, no es el mejor impulsor de la democracia. Es su perversión, freno y reversión.

Lo anterior, debiera inducir cambios profundos en la absurda ley electoral con base en la cual se consumen tiempos valiosísimos en la radio y la televisión para transmitir verdaderas estupideces, pues lo único que interesa al auditorio son las conversaciones vulgares en las que se muestra lo peor de todos, violando el principio de privacidad.

SOTTO VOCE… Rosario Robles y Miguel Ángel Osorio Chong continúan realizando exitosamente las Caminatas Nocturnas en las que, junto con la gente, sobre todo mujeres, conocen sus problemas, los viven de cerca y les inducen soluciones... Con un manejo magistral, Emilio Gamboa ajustó todo tersamente para que el periodo extraordinario de sesiones del Congreso se celebre después de los comicios. Sin problema, se aprobarán los temas que serán agendados… Deficiente e inútil; confusa y costosa, la campaña que hace el INE para invitar al voto de los integrantes de la Asamblea Constituyente. Así es todo lo que hace.

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@mariobeteta

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