Ricardo Anaya, esperanza de cambio

Óscar Mario Beteta

Está cuajado para ser presidente del PAN. Pero entre su decir y su probable hacer, hay muchas dudas. Si las resuelve acertadamente, pero sobre todo rápido, se consolidará. Desde esa plataforma, podría ser candidato presidencial en 2024.

Con apenas 36 años, Ricardo Anaya es un político hecho. Su formación académica pasa por una licenciatura, una maestría, un doctorado; y por la administración y la docencia.

En su inicio como panista, a los 21 años, fue diputado local y líder de su partido en Querétaro. Llegó al Congreso federal y presidió la Cámara Baja. La ambición de Gustavo Madero de ser diputado plurinominal, lo llevó a sustituirlo en la dirigencia del partido, del que fue secretario general.

En un esquema que parecía reflejar el control total de Madero sobre el partido, y colmadas sus aspiraciones diputadiles, retomó “su” liderazgo y designó a Ricardo Anaya como coordinador en San Lázaro. Ésta semana renunció para buscar sucederlo en poco más de un mes.

Se lo menciona como “Joven maravilla”. Tiene un discurso consistente. Una estructura mental muy clara. Es culto. Cordial. Amable. Características inequívocas del demagogo, consideradas politológicamente. Lo sabe muy bien. Ese tipo de actores dicen siempre lo que los demás quieren escuchar. Tienen una notable capacidad de convencimiento.

Frente a eso, Anaya se compromete. Parte de una afirmación que sólo el tiempo dirá si es correcta: “No tengo dueño”. Y habla de la necesidad de realizar una profunda regeneración de la política.

Ésta comprendería, desde su eventual liderazgo, el combate a la corrupción, que debería empezar, ¡claro!, por los propios panistas. El reencuentro entre los distintos grupos sería fundamental. La unidad es todo y nada para un partido. Volver a estar cerca de la ciudadanía es básico para reconstruir la presencia y el consenso de su partido. Sólo con hechos se puede convencer a la sociedad del cambio, dice.

En la búsqueda de su objetivo, da la bienvenida a las candidaturas independientes y ciudadanas. Sin olvidar a la militancia. Probó la segunda fórmula con Mauricio Kuri como candidato a Corregidora y con Xóchitl Gálvez a la Delegación Miguel Hidalgo. Con Francisco Domínguez, le arrebató la gubernatura al arrogante e insolente José Calzada.

Muchas veces, la madurez no es sinónimo de vejez. Ricardo Anaya es joven y maduro. Su percepción de la realidad del país y de la política es acertada. Su idea de cómo transformarla parece inobjetable. El asunto es si podría empezar por casa. Si lo consigue, podría tener legítimas aspiraciones presidenciales.

Hastiado de los políticos corruptos y nefastos de siempre, el electorado está votando por personajes populares en los que pone sus esperanzas de reconstrucción. Si Ricardo Anaya pone una base de popularidad y la conjunta con el respaldo partidista, dentro de ocho años podría ser… la “Gran Sorpresa”.

SOTTO VOCE… Los think tanks de Estados Unidos saben muy bien lo que pasa en el mundo. Sus diagnósticos, derivados de una rigurosa observación y un amplio conocimiento sobre determinadas regiones del planeta, suelen ser muy acertados. Sus análisis de los acontecimientos son altamente confiables. Sus pronósticos se cumplen en gran medida. Esas instituciones, ponderan con toda razón, el desempeño del Ejecutivo federal. Elogian la celebración de los pasados comicios y sus resultados, realizados en un ambiente de paz y civilidad. Son un precedente positivo para 2018, auguran. Esto, especialmente porque los grupúsculos de maestros irresponsables, flojos y venales, no han podido ni podrán generar el ambiente de desorden y anarquía que tanto apetecen, y porque la Suprema Corte ha sido categórica: los que no trabajen, serán despedidos. Indubitable respaldo a la firmeza del presidente Enrique Peña Nieto... El “gobernador” Miguel Alonso, hazmerreir de los zacatecanos, confirmó su estupidez y falta de tacto durante la visita de los reyes de España a la entidad que tiene destruida por su incapacidad, ignorancia y deshonestidad. Rompió el protocolo para tomarse la foto junto a ellos y sus anfitriones: Enrique Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera. Desafió al Estado Mayor Presidencial, que “se la perdonó”. En una reacción lo habría dejado hecho pinole… La renuncia que Miguel Mancera pidió a su gabinete para evaluarlo (hecho histórico en la vida política de éste país; decisión propia de los grandes estadistas), es un movimiento estratégico multifactorial y multidireccional. Sus causas y efectos se verán paulatinamente. Esa decisión lo reposicionará y revigorizará. Y el relevo, en sí, no irá más allá de dos funcionarios y de algún enroque.

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