Trump, Serra y Francisco

Luis Fernando De la Calle

El papa Francisco oficiará hoy la canonización de fray Junípero Serra en la Basílica en Washington D.C. Fray Junípero es considerado como el misionero fundador de California, aunque varios grupos de indígenas de ese país lo condenen, y se opongan a que sea declarado santo, por el impacto de enfermedades europeas en su población y acusaciones de maltrato.

La importancia de fray Junípero no es menor en Estados Unidos: su estatua comparte el espacio en el Capitolio, sede del poder legislativo, con los hombres considerados como fundadores. Las misiones (San Diego, San Gabriel Arcángel, San Luis Obispo, San Juan Capistrano, San Francisco y muchas más) del ahora santo son las que dan a California su identidad propia y signo distintivo.

La canonización eleva la figura de este fraile del siglo XVIII y reconoce su labor como constructor del Estados Unidos moderno. No obstante, es poco probable que en esta celebración el público estadounidense reflexione sobre el significado profundo de su procedencia y papel en la Historia.

Junípero Serra, nacido en Mallorca y franciscano, llegó a México en 1749. Su principal labor consistió en el establecimiento de misiones en la Sierra Gorda en el estado de Querétaro y en el trabajo con comunidades pames y huastecas entre las que promovió actividades productivas, educación y edificación. Las misiones de la Sierra Gorda son consideradas como una de las principales riquezas arquitectónicas de México y las fachadas de sus iglesias como la máxima expresión del arte barroco mestizo en el mundo. Son muchas las misiones de esta sierra, pero las más conocidas son las de Santiago de Jalpa, Santa María del agua de Landa y Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol.

La dimensión y belleza de estas misiones son un testimonio de la envergadura de la labor de fray Junípero en territorio queretano. Las que construiría posteriormente en California no tienen comparación con las queretanas.

A raíz de la expulsión de los jesuitas de todo territorio español por parte de Carlos III en 1767, en el virreinato de la Nueva España se tuvo la necesidad de reemplazar a los jesuitas que atendían a las californias. Es por esta razón que el visitador José Gálvez impulsa a fray Junípero a viajar primero a Loreto (hoy Baja California Sur) que se convierte en la madre de las misiones de las californias. Serra no llega a San Diego sino hasta 1769 y fallece en 1784 en Monterrey California.

Es decir, de los 35 años que vivió Junípero en la Nueva España, 20 fueron en lo que hoy es México y 15 en la Alta California.

A 231 años de su muerte vale la pena reconocer el papel de los mexicanos en la construcción del estado más importante de Estados Unidos. Ahora que el candidato republicano líder en las encuestas de opinión condena el uso del español (sería congruente entonces decir Saint James y no San Diego, Saint Francis y no San Francisco) y etiqueta a los mexicanos de violadores y ladrones, se canoniza como estadounidense a un santo que dedicó su vida a trabajar precisamente con quienes él desprecia.

Ojalá el papa (jesuita de nombre franciscano) utilice el ejemplo de fray Junípero para apelar al sentido de justicia de la gran mayoría de los ciudadanos estadounidenses y para que hagan una reflexión más objetiva y equilibrada sobre los mexicanos y sus aportaciones a su vida cotidiana y a su historia. La campaña del partido republicano ha tocado una fibra muy sensible que refleja intolerancia e ignorancia por parte de un segmento de su electorado. Esta fibra requiere ser atendida y vista como una oportunidad, o llamado de alerta, para empezar un movimiento para familiarizar lo mexicano en Estados Unidos. Si bien una canonización no tiene un objetivo político explícito, puede ser vista como un instrumento para la reconciliación, la educación y la comprensión.

En el mediano plazo, Donald Trump le habrá hecho un gran favor a los mexicanos. Esta campaña, que terminará perdiendo, será recordada como un punto de inflexión en el que empieza a tener un costo político expresarse de una manera despectiva y atacar a los mexicanos. Incluso, llevará a una mayor tasa de participación de los méxico-americanos en la política interna de su país y a convertirlos en fiel de la balanza en procesos electorales. Al mismo tiempo, forzará a México a promover en Estados Unidos no su propia imagen, sino la de los mexicanos y sus obras.

México, Querétaro, la Sierra Gorda y sus comunidades merecen un reconocimiento en la celebración de Junípero Serra en Estados Unidos. El papa Francisco tiene la palabra.

@eledece

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