Niños y niñas van a ir al baño juntos y quien se oponga va preso

Luis Cárdenas

Usar la mentira como argumento es igual de ruin como lo que, según ellos, pretenden combatir

Llega por Twitter, Facebook o Whatsapp, es un texto que reproduzco textualmente:

¿En qué te perjudican a ti las leyes de ideología de género?

1. Desde el kinder empezarán a enseñar a tus hijos que podrán decidir ser hombre o mujer independientemente de su sexo biológico.

2. No podrás oponerte a que le enseñen esto a tus hijos, y si lo haces te tacharán de homofóbico, discriminador y te mandarán preso.

3. Hombres y mujeres utilizarán los mismos baños en colegios, centros comerciales, instituciones públicas y privadas, poniendo en riesgo a tus hijos.

¿Permitirás esto para tus hijos?

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, una frase que se achaca al genio de la comunicación nazi, Joseph Goebbels, pareciera ser la lectura (mala, por cierto) detrás de esta estrategia de difusión que busca llevar a más padres y madres a las marchas pro familia y pro “matrimonio natural” (léase también antimatrimonio igualitario) de los próximos días.

Cualquier padre de familia tiene derecho a pensar como le venga en gana y de acuerdo a sus particulares circunstancias sobre el matrimonio igualitario, sus detractores podrán alegar que es un acto inmoral, bajo, antinatura, sucio, enfermo y una larga lista de etcéteras, basados todos en falacias que les pesan más que hechos científicos, sin embargo, usar la mentira como un arma argumentativa es igual de ruin y asqueroso como lo que, según ellos, pretenden combatir.

Las leyes de ideología de género, que aducen los tergiversados Torquemada, se refieren en concreto y de facto a la iniciativa presentada por Peña Nieto para legislar lo que en los hechos ya es una realidad gracias a un fallo de la Suprema Corte: el matrimonio entre homosexuales.

Incluso el debate de la “adopción” está rebasado, el artículo 390 del Código Civil Federal es muy claro: “El mayor de veinticinco años, libre de matrimonio, en pleno ejercicio de sus derechos, puede adoptar uno o más menores o a un incapacitado, aun cuando éste sea mayor de edad, siempre que el adoptante tenga diecisiete años más que el adoptado (...)”. Ser gay, lesbiana, transexual, transgénero o intersexual, claramente, no es una limitante a la adopción.

Sin embargo, detrás de esta campaña que ha logrado infundir terror al límite de mandar al sanitario a varios legisladores (sanitario de sexos separados, claro está), hay algo más que la moral y las buenas costumbres… ¡Y uno de inocente pensando que es un país laico!

DE COLOFÓN. Los enojados contra el matrimonio gay no solo usan sotanas, también hay muchos que firmaron jugosos cheques.

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios