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El reto de Tomás Boy está en convencer de verdad a jugadores tan desconfiados, a creer en lo que tácticamente puede potenciar sus talentos.
Aquellos rencores de las bravuconadas del ‘Jefe’ dirigiendo al Morelia contra Cruz Azul, más vale que Pinto, Corona, Giménez y Torrado, puedan procesarlas y asumirlas en realidad como gajes del oficio.
Tampoco es que los Cementeros hayan dado muestras de tolerancia en aquél juego.
Aún en en el abismo, si el plantel y Boy, entran en sintonía, la calificación de Cruz Azul no es todavía una utopía.
Tomás sabe, o alguien tiene que decírselo, que debe ponerle rienda a su temperamento.
De por sí Cruz Azul es un equipo proclive a la desgracia y conductas bipolares; lo que menos necesita es entonces un técnico que no haya detectado los niveles de madurez que debe incluir su discurso en conceptos para un plantel que entra fácilmente en pánico y tristeza por todos los resultados adversos.
Gritar para corregir sin aplauso para incentivar, suele ser el desequilibrio que mata a los entrenadores.
Tomás ya tiene muchas millas recorridas y debe saber que ante jugadores consolidados y tan “bajoneados” cómo los que tiene Cruz Azul, lo que más le conviene es hacer amigos en La Noria. Tomás debe procurar pronto ser creíble en el Azul.
Y llegando los resultados, la simbiosis puede ser altamente efectiva.
Una fórmula más. El enésimo intento de Billy Álvarez por sentar las bases para un proyecto, para que esté quién esté, el mensaje sea claro e indeleble: los procesos requieren tiempo para que táctica y rendimiento se encuentren para dar resultados.
Tomás y su nuevo plantel deben ir día por día. Si anticipan paraísos, les van a caer aguaceros. A ver quién es más paciente e inteligente.
O si antes vuelve un corto circuito más. Cómo muchos. Cómo siempre. Ya veremos para qué está Tom Boy.
Twitter: @Javier_Alarcon_
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