Mole diluido

Heriberto Murrieta

Aunque desde el punto de vista económico, la ganancia volvió a ser buena para la Federación Mexicana de Futbol (1.8 millones de dólares por llevar a un puñado de suplentes a alimentar a medias el mercado de la nostalgia), en lo deportivo creció el descontento ante este tipo de duelos amistosos en canchas habilitadas para jugar al futbol donde lo peor que puede pasar es que algún jugador se lesione, tal como sucedió con Luis Montes. El jugador del León, que ya está “tocado” de la pierna izquierda tras la fractura sufrida antes del Mundial de Brasil cuando se estrelló de forma desbocada con Segundo Castillo de la escuadra de Ecuador, fracturándose la tibia y el peroné, tuvo que abandonar el terreno de juego por un esguince de tobillo. La señal de alerta se esfumó, pero queda la reflexión sobre los riesgos y particularidades de estos partidos en los que se engaña a los ingenuos paisanos con anuncios donde aparecen las fotografías de titulares como ‘Chicharito’ y Guardado. No pocos muerden el anzuelo y compran boletos esperando todo menos un equipo alternativo, como el que presentó el colombiano Juan Carlos Osorio. Se ve venir que cada vez más clubes se pongan ‘roñosos’ en el futuro y pongan las peras a 25 antes de soltar jugadores para llenar la enorme cazuela de un mole aguado, diluido.

¿Qué se puede rescatar en el plano estrictamente futbolístico? La fidelidad a una idea táctica que acostumbra poner en práctica el estratega sudamericano (fidelidad por cierto traicionada en el partido del Tri en noviembre pasado en Honduras). A Osorio le gusta abrir la cancha y jugar por afuera, cosa que intentó poner en práctica ante el decoroso enemigo africano, integrado por jugadores menores de 23 años. Sobre la recta final del cotejo, mandó a la cancha a Cándido Ramírez, al que se había sacado de la chistera de forma sorpresiva. Cándido “justificó” su llamado con un buen centro para gol, pero más allá de ese servicio fuerte y combado, no hay elementos suficientes para hacer una valoración de su desempeño futbolístico. Pero como “ni México era México ni Senegal era Senegal”, según anotó Víctor Manuel Vucetich, el parámetro para valorar a esta Selección B no es preciso y sirve de poco de cara a los dos partidos eliminatorios en puerta en marzo ante Canadá.

Desilusión camotera. En Buenos Aires, Puebla apostó por sobrellevar las acciones de modo conservador. De ninguna manera fue un equipo arrojado que aparentase querer ganar el duelo y avanzar a la fase de grupos de la Copa Libertadores. Para no variar, el arbitraje blandengue perjudicó a un equipo mexicano, esta vez al de La Franja, luego de que Acosta fue amonestado por una barrida al balón, mientras que Sánchez se quedó en la cancha después de una grave entrada por detrás sobre Flavio Santos. De hecho, el jalisciense ya no salió para la parte complementaria. Pero si eso está calculado, tal parece que también debemos incluir en el presupuesto los clásicos errores defensivos que echan todo a perder. Fue el propio Acosta quien mandó a la guerra a Herrera con una mala entrega que desembocó en el gol de Bou. Hasta ahí llegó este Puebla, que ha sido la más grata sorpresa de los últimos meses en México.

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