Está en cartelera la película Concussion (conmoción, en español), protagonizada por ese excelente actor que es Will Smith. Se ocupa de los daños cerebrales comprobados que llega a causar el jugar futbol americano.

Todo comienza con la muerte de Mike Webster, el legendario centro de los Acereros de Pittsburgh, ocurrida el 24 de septiembre de 2002 tras sufrir demencia, depresión e incontables insomnios. La autopsia reveló que Webster tenía un mal cerebral, producto de los miles de golpes que recibió en la cabeza, aún protegida por el casco, durante su carrera de 16 años en el futbol americano. Fue el primer jugador retirado a quien se le diagnosticó encefalopatía traumática crónica (ETC), un mal descubierto por el doctor nigeriano Bennet Omalu, interpretado magistralmente en el filme por Smith, quien habla en inglés con marcado acento africano a lo largo de una producción muy interesante, aunque con un tramo particularmente lento. Después del fallecimiento de Webster se registraron suicidios de varios jugadores como consecuencia de los trastornos y estragos que causaron en sus cerebros los impactos recibidos a lo largo de sus trayectorias.

Un momento revelador de la cinta es cuando Omalu hace a su esposa una demostración muy gráfica de las fuertes sacudidas cerebrales que se producen cuando se presentan choques de casco contra casco en los partidos. Coloca dentro de un frasco un objeto que simula un cerebro humano y agita el envase con brusquedad para ejemplificar cómo la masa encefálica se estrella contra las “paredes” de la cabeza. Es decir, aunque el casco “comprime” la cabeza, el zarandeo interno es inevitable. Ese impacto, repetido miles de veces, ocasiona daños probados.

Omalu fue piedra en el zapato para la NFL, temerosa de que el gran negocio que representa el ‘football’ se tambalease y perdiera adeptos. A través de los comisionados en turno, la gigantesca empresa se apresuró a tapar el sol con un dedo y desmentir y amenazar a Omalu, quien valientemente siguió adelante,
sin arredrarse, incluso poniendo de su bolsa para financiar las investigaciones científicas que hoy deben ser consideradas como extraordinarias y de una enorme utilidad.

Lo simplista sería decir que Omalu es un enemigo del futbol americano, cuando en realidad se trata de un protector de vidas humanas que juegan en los emparrillados. De hecho, el neuropatólogo no ha tenido empacho en aceptar que se trata de un deporte trepidante, por mucho que haya apagado el televisor en el preciso momento en que Julian Edelman de los Patriotas sufriera un fortísimo golpe durante el más reciente Súper Tazón.

En el reportaje presentado hace unas horas por ESPN, Omalu se explaya largamente y defiende su postura de impedir que su pequeño hijo juegue futbol americano, mientras previene a los padres al asegurar: “Debe
establecerse una edad mínima para practicarlo”. Mucho menos violentos y dañinos son los
cabezazos en el futbol, pero aún así ahora mismo se discute con fruición si los niños que juegan soccer en Estados Unidos deben cabecear.

Han pasado 13 años desde la muerte de Mike Webster y el futbol americano, aunque espectáculo sensacional, sigue siendo altamente peligroso para quien lo practica. Esta conclusión no debe ignorarse. La película representa un duro golpe para la industria del futbol americano en Estados Unidos. ¿Qué repercusiones tendrá?

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