Santón del futbol mexicano

Heriberto Murrieta

MURRIETA

Ayer por la tarde, el Senado de la República rindió un homenaje a don Nacho Trelles. Por invitación de la familia Trelles Noriega, tuve el honor de ser el orador de la ceremonia, en la que también fueron reconocidos Ignacio Matus, Fernando Von Rossum, Juan Manuel Martínez y Jaime Jarrín.

Don Ignacio Trelles Campos, quizá el máximo referente del futbol mexicano, nació en Guadalajara el lunes 31 de julio de 1916, hoy hace 100 años y 102 días.

Leyenda viviente, santón del futbol mexicano, es el máximo ganador de títulos en la Primera División, un total de 7: uno con el Marte, dos con el Zacatepec, dos con el Toluca y dos con el Cruz Azul. Además, un título de Segunda División, cuatro de Campeón de Campeones, dos de Copa, dos de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe (Concacaf) y un Campeonato Panamericano. Nada menos que 17 títulos en total. A ver quién es el guapo que mejora esa marca… en los próximos siglos.

Allá por los años 20 del siglo pasado, alguna vez viajó en ferrocarril con su familia y al detenerse la máquina en la estación Colonia de la capital, pegado a la ventana divisó un campo de futbol. Era el Parque España. El joven Nacho se quedó prendado para siempre del rectángulo verde y el balón, con sus hipnóticos rebotes.

Debutó profesionalmente con el Necaxa en 1940 para cubrir el retiro de “El Calavera” Ávila, uno de los famosos “11 Hermanos”. Jugó en el América, Monterrey y los Vikingos de Chicago, hasta que el 11 de abril de 1948, el día de su presentación con la camiseta del Atlante, “El Pulques” León, portero del Marte, le fracturó accidentalmente la tibia y el peroné en la portería sur del Parque Asturias. Su pierna derecha crujió como una vara reseca. Debut y despedida con el Atlante. Ese día terminó la carrera de Nacho Trelles como jugador. Pero eso no mermó el entusiasmo del mítico personaje.

Recibió su primera oportunidad como técnico en la División Amateur del Zacatepec. Después dirigió al Cuautla y al Marte, con los que empezó a demostrar su enorme capacidad, y ya en plena madurez, comandó al América, Toluca, Puebla, Cruz Azul, Atlante y Universidad de Guadalajara. Una larga trayectoria de 41 años como entrenador. Dejó de dirigir hace 25 años, en 1991.

Aunque pocos historiadores del futbol lo consignan, es justo mencionar que Nacho dirigió a la Selección Mexicana en el Campeonato Mundial de Suecia en 1958. Antonio López Herranz cayó gravemente enfermo y dejó la Selección en sus manos. También estuvo al frente del equipo nacional en el Mundial de Chile 62 e Inglaterra 66, y fue asesor de Raúl Cárdenas en el Mundial de México 70. Además, dirigió a la Selección de México en los Juegos Olímpicos de Tokio 64 y México 68.

La figura inconfundible de Nacho se volvió un clásico de la cultura popular: piernas cóncavas, como las de un charro que acaba de bajarse del caballo (quizá el peso de las ideas dentro de la sesera algún día le arqueó las extremidades); la inseparable cachucha, la mirada pícara, el bigote bien cortado, las cejas pobladas, la nariz chata rematada por dos grandes boquetes, un universo donde nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Zorro sabio, la mente astuta, terror de los árbitros, interruptor de juegos, enfriador de los contrarios, hielero de contiendas candentes, brujo de las malas artes y a la vez prohombre ético, disciplinado, íntegro y profesional. El andar lento, las respuestas irónicas, el colmillo largo, las expresiones que parecen no decir nada y lo dicen todo. Agudo analista del futbol y de la vida, con una absoluta paz interior.

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