La regla 11-0

Heriberto Murrieta

El Guadalajara derrotó categóricamente al América el sábado pasado en la cancha del Estadio Azteca. Ni las manos metió el equipo capitalino. Apenas vio pasar a unas Chivas que jugaron por nota. Un América desconcertado, sin llegadas, confundido. Los Clásicos son partidos que marcan y la derrota fue humillante. El Guadalajara le vino a toser a su acérrimo rival y lo trajo a mal traer. Lo hizo con jugadores jóvenes entendedores de la idea táctica de Matías Almeyda, que ha dejado en la banca a jugadores experimentados como el “Gullit” Peña, el “Gallito” Vázquez, el “Avión” Calderón y Oswaldo Alanís.

Con la categórica goleada, el Guadalajara decretó la ley 11-0 (11 mexicanos, ningún extranjero), cachetada con guante blanco a la malinchista ley 10-8 que, lejos de estimular el desarrollo del futbolista nacional, apapacha con singular alegría al jugador de fuera. No es nada en contra de los extranjeros; lo que sucede es que no todos ellos son de excelencia ni vienen a aportar al futbol mexicano, sino que llegan por la vía de los negocios entre promotores y directivos.

Aunque el águila quedó con el ojo morado, resulta exagerado pensar que Ignacio Ambriz debía presentar su renuncia. Tiene tiempo y plantel para revertir la situación. Es momento de mantener la calma y no engancharse, como hizo Nacho el martes con el reportero Hugo Marcelo de TVC Deportes. Vamos a ver de qué está hecho el técnico americanista, ahora que las aguas inundaron la embarcación americanista.

Secuestro. Después de ganar la medalla de plata en los 20 kilómetros de caminata en los recientes Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, la marchista Lupita González no recibió autorización de la Federación de Atletismo ni de la jefatura de la delegación mexicana ni de la oficialía del Comité Olímpico Mexicano para asistir al estudio de ESPN, ubicado dentro del Centro Internacional de Prensa.

El ridículo argumento era que formaba parte de una delegación y debía regresar a la Villa Olímpica. ¿Y qué con eso?, ¿no se puede tener tantita sensibilidad para entender la magnitud de su logro y la necesidad de difundirlo, en un país donde los medallistas son garbanzos de a libra y los triunfos a nivel internacional escasean? Si la presea fue resultado de su esfuerzo y el apoyo lo había recibido por parte de la Universidad Autónoma del Estado de México, ¿por qué tenía que meter su cuchara la Federación atlética?, ¿por qué no le permitieron asistir a un canal de televisión que buscaba realzar su hazaña y entrevistarla con un elemental sentido de oportunidad periodística?

Eso se llama secuestrar a los deportistas, coartar su libertad y colgarse la medalla de manera oportunista. Qué espectáculo tan lamentable. Entre Antonio Lozano, Juan Landa y Mario García se echaban la pelotita (y así lo demuestran tres grabaciones de audio), pero a final de cuentas, ninguno autorizó a la atemorizada marchista a presentarse en el programa nocturno de ESPN, como se lo solicitaba el reportero Odín Ciani, que tenía lista una camioneta para llevarla al estudio. La tierra es de quien la trabaja, y Odín hizo la labor que corresponde a su profesión, insistiendo en algo que hubiera podido ser una misión menos complicada, si los de pantalón largo no actuaran con inaudita cerrazón.

Lo dicho: nuestro deporte está en pañales y las federaciones son reflejo de muchos de los grandes vicios y defectos de nuestro país.

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