AMLO y su aeropuerto "patito" (II)

Héctor De Mauleón

Cuando las aerolíneas duplican su infraestructura operacional, incrementan sus costos de operación. Ese incremento en el costo lo suelen pagar… los clientes

A fines de 2008 cerró sus puertas el aeropuerto de Berlín-Tempelhof, fundado en 1923. Dicha terminal aérea no podía ya ampliar sus pistas, no tenía dónde construir nuevas terminales; le resultaba imposible, incluso, recibir a las grandes aeronaves modernas.

A los pasajeros que llegaban a Tempelhof y debían realizar una conexión les era necesario dejar la terminal aérea y (si no querían gastar en taxi) subirse al metro cargados de maletas para dirigirse a cualquiera de los otros dos aeropuertos berlineses (Tegel y Schönefeld).

Aunque una estación del metro se llama, precisamente, Plaza del Puente Aéreo, y conecta rápidamente con el centro, los viajeros preferían soluciones cómodas y eficaces: hacer la conexión en el mismo sitio. Así que aquel aeropuerto de los tiempos de Hitler se quedó vacío y en los días anteriores a su quiebra tuvo pérdidas por unos 10 millones de euros al año.

Se tomó la decisión de reemplazarlo por un gran centro de conexión nacional e internacional que absorbiera no sólo las operaciones que ahí se efectuaban, sino también las realizadas en Schönefeld y Tegel. Ese centro será uno de los grandes aeropuertos del siglo XXI. Si las tres terminales berlinesas trasladaban 18 millones de pasajeros al año; la nueva planea mover 50 millones antes de 20 años.

En todo el mundo se construyen esos grandes centros concentradores bajo la idea de que la gente cambie de aeronave, y no de aeropuerto. Hay sitios en los que se sigue llevando a cabo esa práctica heredada de otras décadas, pero en realidad a nadie se le ocurre resolver un problema de tráfico aéreo creando un aeropuerto internacional de los tiempos de Hitler, y conectándolo con el ya existente a través de una carreterita “más o menos barata”.

Bueno, puede que estas cosas sí se le ocurran a alguien. Como se sabe, Andrés Manuel López Obrador propone emplear la base militar de Santa Lucía para concentrar ahí los vuelos internacionales, y dejar en el actual aeropuerto los nacionales. De ese modo, dice, resulta innecesaria la propuesta del gobierno federal de construir un gran y costoso centro de conexión en Texcoco. Según el tabasqueño, esto permitiría un ahorro de 100 mil millones de pesos.

El problema es que segmentar las operaciones suele salir más caro. Separar tajantemente es arcaico e inviable: obliga a las aerolíneas a duplicar su infraestructura, acarrea problemas de seguridad y logística para las aerolíneas, los pasajeros y los prestadores de servicios. Ocasiona presiones internacionales por la asignación de aerolíneas a cada aeropuerto, y sobre todo —la queja más frencuente de los pasajeros— ocasiona pérdidas de conectividad —más si se pretende solucionar todo con una carreterita.

Incluso los aeropuertos que heredaron ese tipo de segmentación (Charles de Gaulle-Orly o Dulles-Ronald Reagan) ofrecen las conexiones más frecuentes y demandadas.

Cuando las aerolíneas duplican su infraestructura operacional, incrementan sus costos de operación. Ese incremento en el costo de operación lo suelen pagar… los clientes.

Los aeropuertos se hacen de arriba hacia abajo. Antes de construir lo de abajo se estudia lo de arriba, el espacio aéreo. Un estudio serio debe señalar cómo sería la interacción de ambos aeropuertos, Santa Lucía y el AICM, a su máxima capacidad.

En un entorno como el del DF, una cuenca cerrada, rodeada de montañas y provista de altos edificios, el tráfico aéreo resulta en extremo complicado. Los aviones entran al DF por San Mateo, la radial 164, y al llegar al Hotel de México deben virar forzadamente hacia el rumbo 050º (ese horrible viraje a la izquierda). Para hacerlo, el AICM cuenta con una excepción a la norma internacional.

Las actuales maniobras de la base militar son tan reducidas que no impactan en este tráfico. Otra cosa será cuando a las operaciones de despegue y aterrizaje que se practican cada hora en el AICM se agreguen las que realizarían dos pistas adicionales.

No sé si el proyecto del gobierno federal sea el adecuado: daño ecológico, hundimiento, empresas y funcionarios sospechosos de corrupción. Sí sé que México necesita un aeropuerto que sea, con el de Panamá, la puerta de acceso a América Latina. Un aeropuerto para los próximos 50 años, y no para las próximas elecciones.

@hdemauleon

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