“El justiciero de La Marquesa” en la penumbra

Héctor De Mauleón

Se ha cumplido una semana desde que un pasajero desconocido de un autobús Flecha Roja asesinó a tiros a cuatro asaltantes en el kilómetro 38 de la carretera Toluca-México.

Los pocos indicios con que contaba la Procuraduría General de Justicia del Estado de México —entre ellos, una credencial del IFE abandonada en una maleta de color negro— no han llevado a ningún sitio.

Las posibilidades de identificar al hombre que ha sido bautizado como “El justiciero de La Marquesa” se desvanecen a pasos agigantados.

Entre las 5:30 y las seis de la mañana comenzó el asalto. Los cuatro delincuentes, entre los que ocupaba un papel relevante una mujer, habían realizado ya otros atracos en la ruta. Uno de ellos se quedaba al frente, amenazando al conductor. Los otros recorrían el autobús exigiendo a los pasajeros teléfonos y carteras.

El atraco duraba solo unos minutos. Un auto estacionado en sentido contrario ayudaba a huir a los asaltantes.

Choferes de Flecha Roja aseguran que la mujer solía ser la que agredía de manera más violenta a los usuarios.

El lunes 31 de octubre, un pasajero armado con una Glock 9 mm. había abordado el autobús en la terminal de San Mateo Atenco. Se dirigía a la terminal de Observatorio. En ese trayecto, la ruta de autobuses pasa por instalaciones del Estado Mayor Presidencial, así como de la Comisión Nacional de Seguridad. Es empleada con regularidad por militares y policías federales.

Lo mismo que la Glock 9 mm: un arma de cargo entre los cuerpos de seguridad.

En un video dado a conocer hace unos días, el procurador de justicia del Estado de México, Alejandro J. Gómez, expuso la teoría del caso —a la que ha llegado luego de interrogar al conductor del autobús y de recabar indicios periciales.

De acuerdo con Gómez, el hombre que asesinó a los delincuentes viajaba en la parte trasera del autobús, en cuyo maletero fueron hallados dos casquillos (otros dos aparecieron hacia la mitad del vehículo).

Dos de los delincuentes recibieron heridas del lado izquierdo del cuerpo y corrieron hacia la puerta del camión, intentando huir. El asaltante que amedrentaba al chofer, dijo el procurador, recibió un solo tiro que le rompió la arteria principal: estaba muerto cuando se abrió la puerta del autobús. Los otros tres fueron rematados en la carretera.

El procurador parece anunciar en ese video la imposibilidad de identificar al agresor: dice que todo ocurrió “en un momento de oscuridad”; sostiene que sobre el reconocimiento físico del homicida el conductor “ha dicho que no ha podido llevarlo a cabo” por dos razones: porque estaba “concentrado en manejar el autobús y no tiene que estar viendo precisamente hacia atrás para ver quién es la persona que se levantó a disparar”, y porque las luces de penumbra que llevan los autobuses en ese momento (entre las 5:30 y las seis) no son suficientes “como para poder reconocer a una persona sobre todo cuando está de pie”.

El operador, por otro lado, no comentó lo ocurrido al llegar a la terminal de Observatorio. Los cerca de 40 pasajeros del autobús —la mayor parte de ellos recuperó sus pertenencias— se dispersaron (¿Quiénes eran? ¿Ni siquiera de manera anónima han querido ofrecer su testimonio?). El autobús fue sometido a labores de limpieza. Durante el trayecto, “los casquillos se movieron”.

La Procuraduría de Justicia del Estado de México localizó en uno de los asientos una maleta con dos carteras, audífonos “y otras cosas”, entre ellas, un celular.

Según se dio a conocer más tarde, localizó también una credencial de elector que, se creyó, podría servir para identificar al agresor. Las autoridades del Estado de México aseguran, sin embargo, que la credencial pertenece a otro pasajero: uno que fue víctima del asalto y ocupaba alguno de los asientos próximos al conductor.

Criminalistas consultados por el columnista aseguran que el tiempo se le acaba a la Procuraduría del Estado México: que incluso pruebas como las del radizonato de sodio dejan de ser efectivas según el tiempo transcurrido entre el disparo de un arma y el momento en que ocurre el examen pericial.

Luego de tres días, aseguran, comienza a diluirse la posibilidad de obtener resultados fidedignos.

Cuando el lector se acerque a estas líneas, habrán pasado nueve.

“El justiciero de La Marquesa” sigue en la penumbra.

@hdemauleon

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