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Un jefe de sicarios narra la noche de Iguala (II)

29/11/2016
02:01
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A ver, tú, cocho, ¿quién te mandó? —le preguntó, según su propia versión, el jefe de sicarios Felipe Rodríguez Salgado, El Cepillo, a uno de los 43 normalistas “levantados” por Guerreros Unidos el 26 de septiembre de 2014.

El normalista habría contestado: —El Carrete.

—¿Y ese de dónde es?

—De Cuernavaca.

El Cepillo marcó entonces al alumno con una “equis” y al llegar al basurero de Cocula pidió que lo separaran del resto de los normalistas secuestrados, “para sacarle información”.

Cuatro meses más tarde, en enero de 2015, horas después de su detención, El Cepillo relató en una entrevista videograbada por una perito en sicología que el alumno le confesó “que los había mandado El Carrete, que les había pagado dinero”.

—Le dije que dónde era él y me dijo que era de Cuernavaca, y también me dijo que El Carrete le había dado dinero al director de los “ayotzinapos”, que él les había dado un billete…

El verdadero nombre de El Carrete es Santiago Mazari Miranda. Ha sido identificado como líder de Los Rojos, el grupo criminal que en aquellos días le disputaba el control de Iguala a Guerreros Unidos.

De acuerdo con el relato que Rodríguez Salgado hizo ante la cámara, le preguntó también al normalista “quién más ahí estaba implicado en todo esto”.

—Me dice: “Pues la mayoría”, y entonces me dice que hay un mentado Cochiloco (entre los alumnos secuestrados)… Yo de ahí no le hago preguntas al Cochiloco porque me hablaron que me bajara a Iguala. Entonces, cuando me voy a subir a la camioneta, oigo que un nuevo chavo grita: “¿Ya ves, Cochiloco? Por tu culpa nos está pasando esto”.

Prosigue el relato de El Cepillo:

—Entonces yo me subo a la camioneta y me voy a Iguala. Y ya en Iguala fui con uno que le dicen El Pelón. Llegamos a una gallera que era de El Tilo (Víctor Hugo Benítez Palacios, uno de los líderes de Guerreros Unidos) y entonces yo llego y le notifico esto a Nava…

—¿Quién es Nava? —interrumpió la perito.

—Uno de los 28 (policías) de Cocula, el comandante de Cocula (se refiere a César Nava, subdirector de Seguridad Pública en aquel municipio). Le platiqué lo que había dicho el chavo, que los había mandado el mentado Carrete, y que uno de los chavos llevaba capuchas en los testículos, y me dijo: “No, sí, entonces son contras”. Y es que varios chavos no traían identificación… no llevaban nada los chavos.

El Cepillo hizo una pausa. Continuó:

—Entonces me dice Nava: “¿Sí te acuerdas de unos chavos que murieron en Carrizalillo en un enfrentamiento de Los Rojos con Guerreros Unidos?”. Le dije que sí. Y me dice: “Pues aquí anda su hermano, anda en una Urvan de las de los ‘ayotzinapos’, anda también ahí con ellos”. Yo oí eso…

César Nava se refería a un tiroteo que se registró semanas antes de la desaparición de los alumnos entre sicarios de Guerreros Unidos y gatilleros de un jefe de célula de Los Rojos llamado Margarito Álvarez Bahena.

En ese enfrentamiento Álvarez Bahena perdió a uno de sus escoltas: Narciso Vázquez Arellano. La PGR ha identificado a Vázquez Arellano como hermano del vocero de los normalistas Omar Vázquez Arellano, quien también se presenta como Omar García y ha reconocido que aquella noche llegó a Iguala en una Urvan (tiempo después fue grabado cuando le avisaban por teléfono que otro grupo criminal, Los Ardillos, intentaba secuestrar a varios normalistas señalados de pertenecer a Los Rojos). El Cepillo dijo que esa noche, después de hablar con Nava, lo mandaron a hacer guardia y no volvió al basurero.

—Al otro día yo fui a ver lo de los chavos y llegué como a las cinco. Les llevé (a los sicarios) refrescos, aguas, cervezas, lo que quisieran tomar. Y entonces, cuando llegué… ya estaba todo quemado.

—¿Por qué va al basurero? —preguntó la perito.

—Porque ahí nos dieron la orden, de que los lleváramos para allá. El Pato dijo que de aquel lado estaba mejor para hacerlo.

—Cuando deja a los demás y usted se va, ¿qué es lo que van a hacer los demás, qué ordenes deja usted?

—Pues que comenzaran a quemar a los chavos, pues. Porque casi ya la mayoría ya venían asfixiados. O sea, que ya los que venían vivos eran nomás como unos 15.

—De aproximadamente…

—Como 38 personas…

—Pero usted qué deja dicho.

—Que esperaran las órdenes que dieran.

—¿Y cuáles fueron las órdenes?

—Cuando… cuando platiqué eso que le dije con Nava… me dijeron que los mataran.

@hdemauleon [email protected]