Peña en Dinamarca y Ayotzinapa entre varios fuegos

Elisa Alanís

Queda claro que la “verdad histórica” no se agota en el basurero de Cocula. Las propias autoridades reconocen que probablemente algunos cuerpos fueron incinerados en el lugar, pero otros no

Ayotzinapa vive… y cada vez se pone peor. Filtraciones de llamadas por aquí, pleitos entre quienes investigan por allá.

La tragedia está lejos de resolverse.

Ayer la Comisión Nacional de Derechos Humanos abrió un nuevo frente. Pidió investigar a policías federales y del municipio de Huitzuco.

Queda claro que la “verdad histórica” no se agota en el basurero de Cocula. Las propias autoridades mexicanas me comentaron que probablemente algunos cuerpos fueron incinerados en el lugar, pero otros no.

También está claro el antagonismo entre la Procuraduría General de la República y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes.

Ya advirtieron a miembros del gabinete de seguridad sobre la presentación que hará el GIEI el 24 de abril. Será dura.

La respuesta del presidente Peña es: informas y te vas.

Seguirá dando por válido sólo lo indicado por la PGR. Desde su refugio (que diga su gira) en Dinamarca dijo esperar que el segundo informe de estos expertos “coadyuve a la investigación exhaustiva y profunda” que ha realizado la instancia que encabeza Arely Gómez.

Es real, han estado muy activos en la procuraduría. Es un caso abierto. Por cierto, los análisis de Innsbruck aún no concluyen. Falta la última prueba para saber si hay relación entre los restos en Cocula y los normalistas.

¿Por qué la pugna, entonces? ¿Cuál es el punto de quiebre? Escalar las indagatorias a nivel federal. Al Ejército, por ejemplo.

Permanece la duda, luego de lo narrado por testigos, de su nivel de participación aquella noche-madrugada de septiembre.

El general Cienfuegos continúa renuente a que los integrantes del GIEI entrevisten a militares del Batallón 27 de Iguala. Indicó que debe proteger a sus soldados. Que si existe tal encuentro él renuncia, porque menguaría su autoridad frente a ellos.

Pues si es así, ni modo.

Conocer la verdad, concluir, rendir cuentas, aplicar la ley a todos los responsables, evitar más ayotzinapas, bien vale un secretario de Estado (o varios).

¿O quién tiene la última palabra? ¿Acaso no el comandante en jefe?

RAZONES Y PASIONES: Que Mancera se preocupe por corregir el desastre ambiental en la Ciudad de México y nosotros nos ocupamos de Uber. Él debe mejorar el transporte público, eliminar la corrupción en los verificentros, garantizar seguridad y buen servicio en taxis concesionados, aplicar medidas con base en diagnósticos científicos. Que no se moleste en cuidarnos cuando existan excesos de Uber (del cual podemos prescindir si así lo deseamos). Los capitalinos estamos a un clic de aceptar un buen servicio o rechazar uno malo. Pero no podemos deshacernos tan fácil de los errores y abusos de los servidores públicos.

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