Amnesia y memoria

Eduardo Camarena

México jugará este domingo la final de la Copa de Oro ante Jamaica envuelto en la polémica, controversia y el escándalo por el penalti inexistente que le permitió a la escuadra tricolor, al anotarlo, seguir adelante, llegar al tiempo extra y a los 105 minutos ganar el juego con otro penalti discutible que cobró de manera impecable Andrés Guardado, como lo hizo en el primero.

Hay quienes piensan que al capitán de la Selección le faltó ética y que debió fallar el penalti intencionalmente para mostrar a todos que reconocían la falla del silbante Mark Geiger y que no debían aprovecharla para tratar de seguir en la competencia. Particularmente, creemos que Guardado cobró la pena máxima con profesionalismo sabedor de que ninguno de sus compañeros, ni él mismo, influyeron en el error arbitral; no hubo trampa, embuste o actitud ventajista de alguno de los mexicanos y eso queda claro. Habría sido diferente si un jugador mexicano se “tira un clavado” en el área, simula una falta y engaña al árbitro. Por lo tanto, Andrés Guardado cobró la pena máxima sin faltar a la honradez y buena conducta.

Los errores arbitrales son parte del futbol. Da coraje y rabia cuando una falla del silbante impide una victoria, sobre todo en un encuentro decisivo; ese amargo momento se tiene que superar, pese a la frustración y decepción. Suponemos que también quienes se ven beneficiados por un yerro del árbitro experimentan una sensación de incomodidad, pena y hasta vergüenza al saberse ganadores por esa circunstancia. Quizá esto mismo sentirán los jugadores y entrenador de México ante el flagrante y evidente error del árbitro Mark Geiger, pero nada más.

Al arribar a la final evaluamos y juzgamos lo que la Selección Mexicana hizo en el partido de semifinal —a eliminación directa— no en la etapa de grupos o en cuartos de final, y aunque es una obviedad, es muy importante subrayar que es en la semifinal donde se gana o no el derecho de disputar el título y no por lo que realizó antes.

En el encuentro ante el conjunto canalero, México jugó muy mal, estuvo errático en el pase, no generó oportunidades de gol, no aprovechó la inferioridad numérica de su rival por la expulsión de Tejada a los 27 minutos y sufrió bastante en los esporádicos, pero peligrosos contragolpes y jugadas a balón parado de su rival. Por eso las dudas e interrogantes en torno a la Selección, ya que está en la final “sin merecerlo y jugando a nada”, según propias declaraciones del técnico Miguel Herrera, en una muestra de absoluta franqueza.

Está historia ya quedó escrita y grabada. Ahora, México jugará la final en Filadelfia, un episodio aparte en el que deberá tener amnesia y memoria para conseguir el triunfo ante un rival que ha sido el mejor hasta ahora en el certamen. Amnesia para olvidar toda la polémica y lo que produjo el yerro arbitral ante Panamá; todas las reacciones de la opinión pública, los señalamientos y acusaciones que se han vertido.

Memoria para recordar los esporádicos y fugaces momentos de buen futbol practicados en este torneo, especialmente ante Costa Rica, adversario al que superó con mucha claridad, aunque el marcador sólo indicó victoria por la mínima diferencia.

El rival en turno ha demostrado que tiene calidad, ha sido regular y consistente y los números indican que es el mejor del certamen, hasta ahora, y para vencerlo, México debe crecer futbolísticamente en lo individual y colectivo.

Si la Selección es capaz de jugar como lo hizo ante los ticos, con la misma calidad, concentración, aplicación táctica y actitud, tendrá posibilidades de derrotar a Jamaica, pero si ocurre lo contrario y repite un mal partido, no sólo será derrotada sino exhibida y hasta goleada.

 

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